Meter en cintura a las autonomías a través del estricto control de todos sus gastos es, en verdad, una buena cosa pero o mucho me equivoco o ya verán como algunas hallan subterfugios más o menos legales para escapar al control que arbitre el denominado Gobierno central. Eso, naturalmente, no puede hacerlo el ciudadano medio ahogado por una imposición absolutamente injusta, unos precios "europeos" sin salarios europeos y un nivel de desempleo absolutamente intolerable al que los adelantos informáticos y tecnológicos están asfixiando de modo irremediable.
"Sea usted buen ciudadano y deposite su bandeja en el lugar señalado para ello, tras haberla vaciado", rezaba un cartel en cierto establecimiento de la Gran Vía. Sea usted buen ciudadano y además estúpido, ya que si hace lo que le pide el cartelito se ahorrará mano de obra y será usted quien haga el trabajo gratis. Si lo piensa usted bien, la tendencia actual es hacia el denominado trabajo gratuito, mal pagado, peor considerado y pese a todo considerado como un lujo habida cuenta que hay mucha gente a la que de momento no se la desea explotar.
Son días de triunfo para el gran capital, que sigue obteniendo cuantiosos beneficios a pesar de la denominada "crisis" y al que ningún político osará jamás contrariar. Cual plaga siniestra y mortífera, ese gran capital domina la tierra, pone y quita a los gobiernos, maneja los medios de comunicación y establece sus propias pautas de conducta al margen de leyes o de reglamentos. También son días de gloria para los imperios financieros que se extienden desde China hasta la Tierra del Fuego y desde el Polo Norte hasta la Antártica. En estas condiciones, ¿cree el señor Rajoy que va a meter en cintura a las autonomías por muchas leyes que elabore? A mí me parece que en su fuero interno no se lo cree, pero que está obligado a decirlo tras haber aplicado un casi mortal tijeretazo a las nóminas a través del incremento del IRPF. Al fin y al cabo, todos sabemos por intuición que no por información, que el abultado déficit de los presupuestos del estado se debe en muy buena medida al despilfarro autonómico, así que el nuevo Gobierno algo tiene que hacer para guardar las apariencias. Por lo tanto, hará leyes.
Ahora bien; tengo para mí que eso de las leyes solo funciona con cierta efectividad cuando es el ciudadano de a pie quien las vulnera, pero no cuando las vulneran las instituciones porque si bien la fiscalía puede denunciarlas, entre lo que se tarda en resolver la causa y lo que se tarda en las sucesivas apelaciones las personas posiblemente responsables del desaguisado han dejado sus cargos sin que nadie pueda ya hacerles nada por hechos acaecidos hace años y posiblemente ya olvidados por el gran público. Me lo decía hace muchos años un sabio monje tibetano, cuando por ser joven aún creía en la Ley: "Muchacho, la única Ley que es justa para todos es la natural. Todas las demás han sido inventadas para someter al pobre en provecho del rico".
¡Ay, pues, del que es pobre¡ Perro flaco al que todo se le vuelven pulgas tiene que contemplar con absoluta impotencia cómo se le despoja en favor del poderoso y puesto que no puede costear el enorme peso de la ley ha de renunciar a defenderse cuando es despojado de alguno de esos derechos "inalienables" que proclaman la totalidad de constituciones de los llamados estados democráticos. Viene así a resultar que las cárceles están llenas de pobres mientras los ricos apenas las pisan y viene así a resultar también que debido a la abundancia de leyes, reglamentos ordenanzas y cosas similares si se es pobre casi con toda seguridad que se es también delincuente.
En este contexto quiere el señor Rajoy meter en cintura a las autonomías. ¡Ojalá lo consiga, desde luego¡ Pero sería un verdadero milagro que algunas de ellas no pusieran el grito en el cielo ante lo que sin duda considerarán es un atentado a sus derechos de autogobierno. Una vez puesto dicho grito allí, el señor Rajoy olvidará su mayoría absoluta y negociará arreglos que esterilizarán en muy buena medida textos legales apresuradamente redactados, que presentarán por ello numerosas fisuras a través de las cuales volverá a entrar la desvergüenza, la frescura, la cara dura y el no disimulado deseo de medrar. Mientras tanto el pueblo llano verá reducido su poder adquisitivo y liquidará todo vestigio de ahorro privado, pues debe pagar la deuda en la que otros incurrieron sin que se pueda ir en Justicia contra los responsables. Si en estas circunstancias España es un Estado de Derecho, yo digo que la Francia de Luis XV también lo era y no me obliguen a exponer argumentos, porque podría elaborarse un libro muy gordo con ellos.
¿Y la poderosa Banca española? ¿Seguirá imponiendo hipotecas de techo-suelo, cobrando sustanciosas comisiones e imponiendo intereses usurarios a los desgraciados ciudadanos que caen en sus manos? Poseedora del mayor stock de pisos como consecuencia de desahucios de ancianos que cometieron el error de avalar los créditos de hijos y de nietos, ¿seguirá resintiéndose a venderlos porque ahora los precios de mercado se han derrumbado? A mí me parece que sí, pero bueno ¿Por qué no hace el señor Rajoy una Ley que obligue a venderlos ahora? Y, ya puestos, no estaría de más que en dicha Ley se impusiera la obligación de pagar intereses a los que mantienen cuentas corrientes y libretas de ahorro, se prohibiera el cobro de comisiones y se estableciera la denominada "dación" como única deuda hipotecaria posible reclamable ante los tribunales.
Pues bien; si hablar de una Ley que someta a la Banca a la disciplina que impone el mercado es algo utópico, ¿cómo no va a ser utópica la que intente controlar el gasto autonómico, hecha nada menos que desde el denominado "Gobierno central". Observen, se lo ruego, la meridiana estupidez de la expresión anterior: El denominado "Gobierno central", ¿gobierna únicamente en el centro de España o no? A ver, que me lo expliquen y que me digan el motivo por el que no se habla casi nunca del Gobierno español.
17 gobiernos con 17 parlamentos, 17 televisiones, un número indeterminado de universidades, decenas de embajadas que no sirven para nada, miles de funcionarios nombrados a dedo, 17 "salas de prensa" con banderitas, etc. cuestan a los españoles un ojo de la cara. Esa es la única verdad y un motivo que agranda la denominada crisis económica.
Pague usted y calle, Juan español, y considérese privilegiado si conserva su puesto de trabajo porque tengo para mí que en lo sucesivo se adjudicarán los que puedan existir mediante sorteo de la Lotería nacional.
JUAN
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