viernes, 13 de enero de 2012

Dinero barato, especulación y empresa

Acuciado por la falta de solvencia de las instituciones bancarias, el Banco Central Europeo ha decidido prestar dinero a muy bajo tipo de interés y así se ofrece una nueva oportunidad a los especuladores, porque éstos pueden tomar prestado dinero al 1 por 100 de interés y comprar con él Deuda soberana, que les ofrece en muchos casos un rendimiento tres veces superior al ser su tipo de interés más elevado. Con el ficticio beneficio así obtenido, los que eufemísticamente son denominados "inversores" pueden pagar sobradamente los intereses del crédito concedido y embolsarse un 2 o un 3 por 100 de ganancia sin el menor riesgo y mientras tanto las duras medidas de ajuste tomadas por los gobiernos deprimen la renta disponible de asalariados y clases medias mientras que apenas tocan las grandes fortunas ante el temor de que se produzca una fuga de capitales. Es lo que tiene el capital: que puede fugarse. El trabajo, en cambio, no y así es sobre este factor de producción donde se concentran todos los recortes. ¿Cómo puede creerse que se operará una recuperación económica en estas condiciones? ¿Qué clase de política de rentas es la que merma los rendimientos del trabajo personal, sin ocuparse para nada de los beneficios que produce la especulación más descarada e impune que ha conocido la Humanidad?

Tras asistir con escándalo a la sesión parlamentaria que recientemente ha tenido lugar y escuchar la sarta de tonterías que en ella se han dicho no puedo tener mucha esperanza en el porvenir y como así lo creo, así lo digo. La señora Salgado dijo, ciertamente, que nuestro déficit rondaba el 6 por 100 pero nadie la creyó y menos que nadie el PP, que gobierna muchas autonomías y que sabe a la perfección hasta qué punto el despilfarro de recursos públicos en esos reinos de Taifas ha contribuido a incrementar la Deuda del Estado. Así pues, el señor Rajoy mintió cuando nos aseguró a bombo y platillo que no subiría los impuestos e hizo lo que más fácil resulta hacer a un Gobierno: elevar el tipo de gravamen sobre el Impuesto de las rentas del trabajo para aumentar así la recaudación de un modo cierto, seguro y cómodo. Aparte de esto, y al menos hasta la fecha, no ha hecho nada más ya que ustedes no se creerán eso de que el Gobierno central va a controlar el gasto de las autonomías al menos hasta que se elabore una Ley al respecto y aún así tengo para mí que en algunos lugares de nuestra Patria harán caso omiso de ella sin que nadie se atreva a decir nada. Tampoco controlará, ya lo verán, el mercado de trabajo porque para eso sería necesario cambiar toda la mentalidad empresarial española y a lo más que se llegará será a una situación bastante peor para el trabajador que la ahora existente, porque si ahora es explotado a pesar de la Ley, después lo será pero con la Ley en la mano.

Hablando en líneas generales la denominada clase empresarial española tiene de empresaria lo que yo tengo de esquimal, porque vamos a ver ¿qué es un empresario? El gran economista Schumpeter nos lo presenta como un hombre innovador, arriesgado, audaz y aventurero. Al fin y al cabo toda empresa es como una aventura en la que puede pasar de todo y en la que no siempre soplan vientos favorables para la obtención de beneficios rápidos y abundantes. Es lógico, y así lo asegura la Teoría Económica convencional, que si un empresario obtiene pérdidas continuadas sin que queden compensadas por beneficios obtenidos en otras épocas, antes de arruinarse él y su familia cierra la empresa y pone a todos sus trabajadores en la calle. Es cierto también que para favorecer la inversión, pero no el coste de producción, puede solicitar créditos a las instituciones bancarias puesto que cuando dicha inversión se materialice mejorará la competitividad de sus productos y los venderá mucho mejor que antes. Y, por último, es cierto también que debe fijar la cuantía del salario pagado a cada trabajador en función del valor efectivo de la fuerza de trabajo que aporta al proceso de producción, poniendo en la calle a aquel cuya fuerza de trabajo aportada sea tan pequeña que no alcance ni siquiera la cuantía del salario mínimo.

Lo anterior es, como digo, rigurosamente científico y por lo tanto cierto y tambíen - he de reconocerlo aquí - algo cansino.

En cambio lo que se parece a esto pero no es esto no es cierto ni científico y así, si durante varios ejercicios económicos se han acumulado importantes beneficios y se da la circunstancia que debido a la especulación o a lo que sea éstos comienzan a disminuir ningún economista puede defender que se mantengan a costa de empezar a despedir operarios, porque el empresario tiene que asumir el hecho de que el beneficio es una renta variable; que puede subir o bajar y que cuando baja lo que tiene que hacer es lo mismo que hacen los trabajadores cuando les rebajan su sueldo : apretarse el cinturón. A diferencia de los salarios, que son rentas pactadas, los beneficios no lo son y en consecuencia hay que estar preparado lo mismo para cuando suben que para cuando bajan. Y si cuando suben los denominados empresarios se apresuran a ingresarlos en sus cuentas corrientes, cuando bajan lo único que ocurrirá es que ingresarán menos en las citadas cuentas. Ahora bien; si para ingresar lo mismo reducen costes despidiendo trabajadores el Gobierno algo debería hacer al respecto. Bueno. Pues ya han visto ustedes lo que al menos de momento ha hecho el nuestro.

La clase empresarial, y siempre hablando en líneas generales, se queja asimismo de que debido a la penuria de créditos no puede financiarse. Naturalmente, está muy lejos de manifestar si es su capital fijo, su capital circulante o ambos quienes necesitan el auxilio de la Banca y en esto tiene mucha suerte, porque nadie osa preguntar estas cosas ni a la CEOE ni a nadie y así la cosa queda entre las nieblas de la ignorancia. "Es que no tengo financiación ¿sabe? ¡Como voy a crear empleo así¡ Hombre, vamos a ver, si necesita usted que se lo financien todo para crear empleo ¿dónde está el riesgo que usted libremente acepta cuando decide crear una empresa? Además, si cuando se produjeron sustanciosos beneficios usted los compartió con la Banca al pagarle intereses por los créditos concedidos, ahora que han disminuido comparta usted menos con la Banca y deje usted de eliminar puestos de trabajo. Ahora bien; si en lugar de beneficios se producen pérdidas pero no son continuadas en el tiempo un verdadero empresario las enjugará con las ganancias obtenidas en los periodos buenos y estudiará la causa por la que se producen: sólo si tras dicho estudio resultara que su empresa es irrentable la cerrará; si no, corregirá las causas - las que sean - y seguirá adelante.

Por último, la clase empresarial - y sigo hablando en líneas generales - insiste en que ligar la cuantía de los salarios al índice del coste de la vida es una especie de aberración; que hay que ligarla a la productividad, se entiende que del trabajo. Olvidan, al parecer, que también esta unidad de medida de rendimiento puede aplicarse al resto de factores de producción y que en muchos tipos de trabajos la denominada productividad, que es el cociente entre una unidad de producto y el tiempo de trabajo empleado en producirlo, es en la práctica imposible de determinar. ¿Cómo fijarán los salarios en estos casos?¿Quizás por estimación?

Bien; estoy esperando una explicación razonable de todo, aunque me temo que no me la van a dar y no es que me importe mucho, porque a quien realmente deberían de dársela es a los trabajadores; pero como no preguntan, pues no se les dice nada y se acabó.

JUAN



 
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