Yo bien quisiera desear un feliz año 2012 a todos mis amigos y amigas, pero si así hiciera sería tan hipócrita como esos políticos que prometen hacer una cosa y luego hacen justo lo contrario. El año que mañana se inicia será fundamentalmente un año de miseria, con drástica reducción del consumo, desaparición de todos los depósitos a plazo fijo que se acumulan en los bancos y parálisis total de las administraciones públicas debido al descontento de los funcionarios, a los que entre los recortes que hizo el PSOE y los que tiene pensado hacer el PP se les convierte en pordioseros del Estado. Las sufridas clases medias españolas pagarán, pues, el pato del despilfarro, corrupción, y escandalosa especulación a través de escandalosas subidas en el IRPF, en el IBI y en el coste de la vida, que no cesa de crecer. ¡Adiós a las compras masivas en El Corte inglés, a los viajes al extranjero, a las cenas y a las copas nocturnas¡ Todo eso va a terminarse y las grandes ciudades españolas van a quedarse vacías a partir de las seis de la tarde por lo menos hasta que llegue el verano. Entonces la gente volverá a salir, pero para pasear, sentarse en un banco y leer el periódico. Mientras tanto, las numerosas embajadas de las autonomías seguirán pagando sueldos millonarios, las televisiones autonómica continuarán emitiendo programas que a casi nadie interesan y los especuladores - los únicos que han ganado dinero en la Bolsa los últimos seis años - continuarán campando por sus respetos sin que nada les pase, porque a los ricos no los toca nadie y menos que nadie el PP, cuya ventaja en las pasadas elecciones le hace practicamente inmune a cualquier crítica.
Uno se pregunta qué clase de "economistas" tiene el PP y llega a la conclusión de que en este sentido es mucho mayor el ruido que las nueces, pues a pesar del ruido mediático que ha producido el nuevo equipo, éste no se ha devanado mucho el cerebro en cuanto al modo de corregir el deficit, pues ha optado por el camino más cómodo e injusto para hacerlo. Es posible, desde luego, que con las medidas anunciadas a bombo y platillo por el señor Rajoy llegue a corregirse el déficit del Estado, pero si eso ocurre será después de un ajuste drástico de rentas que hará retroceder a España muchos años y no es que uno se oponga a dicho ajuste pero, como ya he escrito una vez, siempre y cuando empiece por los que tienen más medios y no por los que tienen menos. No obstante, y al menos a la fecha en que estas líneas se escriben, todo parece que va a seguir igual y así el tremendo castigo impuesto a las rentas de trabajo va a seguir coexistiendo con el despilfarro, la corrupción, la desvergüenza y la cara dura. ¡Cómo va el señor Rajoy a exigir a las autonomías que gasten menos¡ ¡Sólo faltaba, vamos, que el denominado "Gobierno central" quisiera gobernar en España¡ y, por supuesto, lo de exigir a quienes se han llevado el dinero fuera de España que lo devuelvan de inmediato también es, por lo visto, algo impracticable. Que sea, pues, el pueblo quien pague. Ese es el resumen que cabe hacer sobre las recientes medidas anunciadas y da igual que se quiera encubrir el hecho entre bonitas palabras y llamadas a la solidaridad.
Se ha dicho aquí varias veces que la Economía es una ciencia y que la ciencia nada tiene que ver con la política. Si como consecuencia de estas medidas cae la demanda efectiva y los bancos se niegan a conceder créditos a los denominados "empresarios" - esos que siempre quieren ganar más y que si no pueden cierran sus "empresas" - puede ser que complazcamos al voraz e inmoral capitalismo europeo pero el desempleo se incrementará, la explotación del trabajador por el capital aumentará y se operará tal disminución en el consumo que nadie cometerá el error de abrir una empresa como no cuente con sustanciosas subvenciones del Estado Central, autonómico o municipal.
Eso de que Ley es igual para todos supone una patraña más dígalo quien lo diga. La reducción del salario, por ejemplo, supone la anulación de derechos adquiridos tras muchos años de esfuerzo y de dedicación sin que quepa invocar en este sentido el "privilegio" del que gozan aquellos que tienen un empleo fijo. La continuidad en el puesto de trabajo, que hoy está a punto de desaparecer, también es un derecho del trabajador, porque si éste no sabe lo que puede ocurrir con la única renta que percibe es obvio que no podrá programar su economía familiar por modesta que resulte. Pese a todo eso, el Gobierno hace caso omiso y decreta por su cuenta y riesgo lo que es una anulación de derechos adquiridos y encima tiene la cara dura de decir que eso se debe situación "a la delicada situación económica que padecemos".
Ocurre, sin embargo, que la gran mayoría de ciudadanos no están dispuestos a seguir sacrificándose en pro de la clase política y del capitalismo europeo. A ellos les importa una higa si la Unión Europea dice esto o lo otro, porque cuando las cosas van bien no nota bonanza alguna; en cambio, cuando van mal sobreviene la tempestad. Así pues auguro un nuevo año lleno de movilizaciones sociales, de problemas con los funcionarios y de nuevas ganacias para los bancos, a los que nadie tendrá la osadía de meter en cintura. Las diversas autonomías, por su parte, seguirán haciendo lo que les venga en gana sin que nadie se atreva a contenerlas porque mientras no exista una Ley que castigue a quien se resista al imperio del Gobierno central dará igual lo que éste diga, tanto en público como en privado.
En este caso en particular uno no puede recomendar resignación y paciencia a las castigadas clases medias españolas habida cuenta que cuanta más resignación y paciencia tienen, más y más se las fustiga. En cuanto a mí mismo se refiere, cada vez que pienso en las medidas que deberían tomarse ante la caótica situación que vivimos y las comparo con las que efectivamente se toman siento una especie de impotencia y experimento unos deseos enormes de marcharme de este país, aunque sólo sea para evitar el sufrimiento que me produce una política económica que protege al rico y castiga al pobre talando lo único que aún tiene, que son las rentas de trabajo. ¿Cómo se arreglará, digo yo, el que no dispone de renta alguna? Porque habeilos, haylos.
2012 será, pues, el año de la miseria y supondrá un punto de inflexión importante en el proceso de crecimiento de la renta, bruscamente detenido primero y que se ha acelerado después hasta entrar en recesión.
Si esto es cuanto puede ofrecernos D. Mariano Rajoy y su "equipo de expertos" lo mejor que podemos hacer es no ahorrar un euro y que se apañen bancos, autonomías, ayuntamientos y el resto de las abundantes instituciones españolas con dilapidar todo aquello que puedan recaudar.
Esta es mi opinión y como tal la digo: Todo lo que sea deprimir la demanda efectiva y el consumo perjudica el nivel de empleo, la recuperación económica y el bienestar de los españoles. Puede servir, ciertamente, para pagar gastos en los que otros incurrieron con audacia y alegría en el pasado pero como no han sido las clases medias quienes han incurrido en ellos tampoco se ve justicia alguna en que ahora tenga que pagarlos.
¡Y eso que D. Mariano no iba a subir los impuestos¡
JUAN