jueves, 3 de noviembre de 2011

Una botella en el mar

Está escrito y es verdad que quien tiene un buen amigo es como si tuviera un tesoro. Yo tengo la fortuna de tener más de uno y me consta que su afecto hacia mí es auténtico, pues si pueden evitarlo no consienten que me quede solo y mucho menos en estas fechas en las que se recuerda a todos aquellos que amamos y ya no están con nosotros. Por lo general aprendo mucho de ellos y ayer mismo me dieron una buena lección cuando hablando de Internet alguien me aseguró lo siguiente:

- No sabes venderte, Juanín. Tu blog es como una botella en la que un náufrago ha introducido una nota y después la ha arrojado al mar. ¿Quien crees tú que la encontrará? Y quien la encuentre, ¿acaso la abrirá? Y si la abre ¿leerá la nota que lleva dentro? Y suponiendo que la lea ¿de qué servirá?

Me di cuenta enseguida de que tanto la afirmación que se hacía como las preguntas que se derivaban de ella se fundamentaban en el cariño, no en la envidia y convine así en que no le faltaba razón a la persona que había hecho este comentario. Permitidme ahora, amigas y amigos míos, que comente con obligada brevedad tanto la afirmación como las preguntas.

Tras la botella y el mensaje; tras las olas del mar que lo llevan de aquí a allá y tras el frío cálculo de posibilidades en torno a que se halle, sea leído y comprendido a mí lo que más me interesa es que alguien lo escribió. Alguien que confío en una nota, en una botella y en el mar. Alguien que, en definitiva, puso su esperanza en el admirable ser humano con el absoluto convencimiento de que, cualquiera que llegara a leer aquel mensaje, no vacilaría en hacer cuanto estuviera en su mano para remediar la situación del que lo había escrito.

Algo parecido me ocurre a mí cuando escribo. Sé que mis palabras no llegarán a mucha gente. Al fin y al cabo, el mar de Internet es enorme y como en el flotan tantas botellas, botellones, balsas, barcos y hasta trasatlánticos no es demasiado probable que alguien se encuentre con "mi" botella y lea el mensaje que contiene. Sin embargo, mis palabras ahí están, al alcance de la mano de todo aquel que quiera leerlas y la verdad es que siempre, siempre, alguien las lee. Alguien que no conozco ni que es probable conozca nunca pero que tiene un corazón igual que el mío. Un corazón al que a veces conmueve la desgracia, ataca la horrible tristeza o se debate entre la amarga soledad a la que le ha conducido la vida. Por nuestra culpa, no por culpa de la vida. Por nuestra gran culpa. ¿Tanto trabajo nos cuesta decir una palabra amable y aproximar nuestro corazón al del semejante que sufre para transmitirle nuestro calor?

A mí no me importan nada los que hoy ríen y dicen : ¡Grande es nuestra suerte porque tenemos salud, riqueza y personas que siempre están dispuestas a halagarnos¡ A mí me importan los que lloran, aunque primero hayan reído, y a esos son a los que dirijo mis líneas con la esperanza de que puedan resultarles de alguna utilidad. Intento llevar palabras de paz y de esperanza a quienes por no tener nada o apenas nada se sienten desgraciados. Ellos dicen: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? y yo les respondo: Nada, pero aquellos que pudiendo auxiliarte no lo hacen deben temblar, porque no podrán entrar en el reino aunque se hayan pasado la vida entre curas y frailes.

Escribo éstas y otras cosas , las meto en una botella y luego las arrojo al mar de Internet con la única pretensión de que sean halladas por aquellos que las necesiten y de forma anónima, pues si bien el anonimato no debe emplearse nunca para hacer el mal, sí es lícito cuando se hace para hacer el bien ya que escrito está, y tú bien sabes donde, eso de : "Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda".

Así pues no veo ninguna utilidad en hacer esfuerzos para venderme. Yo no vendo nada; lo regalo y todos mis esfuerzos en este sentido se ven compensados de sobra si tan solo una persona se siente reconfortada y animada al leer lo que aquí escribo. Ella ha hallado mi botella en el mar, la ha abierto, ha leído el mensaje que contiene y después se ha sentido un poco mejor que antes. ¿Qué más puedo pedir o desear? No busco la Fama, sino la Gloria y ésta nada tiene que ver ni con el número de lectores ni con otras zarandajas.

Conque todo aclarado.

JUAN

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo encontre tu botella por casualidad (o no) , ni me acuerdo como llege a este blog , pero te leo siempre y tus palabras me reconfortan por si te sirve de algo. Yo creo que la botella la encontrara quien la tenga que encontrar.

Juan dijo...

La encontraste porque quien hizo el mar, la botella, el mensaje y a ti y a mí así lo dispuso. Ni tú ni yo conocemos sus razones pero ¿verdad que son acertadas?
¡Ya lo creo que me sirve lo que dices¡
Gracias.

Anónimo dijo...

Pues yo recogi esta botella por el articulo "El contador de nubes" y desde entonces esporadicamente voy leyendo las botellas desde mi barca con la cual los recojo.

Continua que mientras la botella no se hunda, alguien la rescatará.

Un saludo

 
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