jueves, 7 de julio de 2011

Luz de Vida ( y IV)

La Noche colocó cuidadosamente el frasco parlante sobre una roca plana, justo en la entrada de la cueva, y procuró recordar las palabras que le había dicho la Luna. En tal tarea estaba cuando hasta ella llego la sombra del Dolor, que vaga libremente por la tierra oscura atormentando a las almas que jamás han amado.

- Vete a decir a los seres de Luz que te han enviado que en esta ocasión han perdido, porque a ese hombre que está en el interior de la cueva el Emperador de la Oscuridad Eterna le está privando del libre albedrío. Juan cedió a la curiosidad y ahora paga las consecuencias.

La Noche no era, ciertamente, un ser demasiado inteligente pero no estaba falta de sentido común, así que respondió:

- No regresaré al lado claro hasta que ese frasco parlante se ponga en movimiento y tú ¡Oh Dolor¡ bien podrías ayudar al hombre que ama, puesto que si ama ha de ser sensible al dolor y al sufrimiento. Anda pues, yo te lo ruego, y desciende hasta el interior de la cueva. Aprisiona con tus garras el corazón de Juan para que sufra por Amor y de este modo neutralizarás lo que está ocurriendo en su aturdido cerebro. Házme ese favor y siempre me tendrás como aliada, de modo que aquel que sufra de día, sufrirá mucho más cuando sea de noche.

El Dolor no sentía hacia Juan excesiva simpatía, pero el ofrecimiento que la Noche le hacía le interesaba sobre manera, así que hizo un gesto de aquiescencia y enseguida desapareció en la negra oquedad. Entonces la Noche recordó las palabras y dijo al frasco:

- Frasco que habla: busca los ojos de Juan y que nadie te detenga.

El frasco respondió enseguida:

- Háblame y te responderé; mándame y te obedeceré.

Valiéndose de pequeños saltos, el humilde portador de la divina luz solar comenzó a adentrarse en la cueva, pero como lo hacía con tanta lentitud la Noche creyó que no llegaría a tiempo.

Su presentimiento se hubiera sin duda cumplido de no ser porque, como bien sabéis por propia experiencia, el Dolor se mueve a gran velocidad y por eso llegó enseguida hasta la enorme sala en la que estaba reunida toda la brujesca asamblea, localizando enseguida a un Juan en cuyos ojos apenas brillaba ya la chispa de la vida. La terrible mirada del Emperador del Mal, en todo similar a la de Gorgona, absorbía la luz azul del Amor Verdadero, como absorbe una esponja el agua de un recipiente.

Entonces, con gran diligencia y sin ser notado el Dolor atravesó la materia del hombre que ama y agarró con terrible manode hierro su corazón. Inmediatamente llegaron hasta el adormecido cerebro del hombre las más tristes recuerdos de su azarosa existencia y al recordarlos se inclinó hacia delante vencido por su peso: Sufría, pero su sufrimiento retrasaba todo el proceso porque como está escrito: aquel que siente dolor y que sufre ciertamente vive.

La entrada del frasco parlante en la gruta originó un tremendo desconcierto entre todos los asistentes, que a toda costa intentaron atraparlo. Satán, muy ocupado en su trabajo, no podía ayudarlos con sus terribles rayos y el frasco parecía inmune a todos los encantamientos y sortilegios, puesto que los esquivaba con una envidiable agilidad. Tampoco la cabra mascota podía hacer nada, a pesar de haber recuperado su aspecto habitual como consecuencia de la impresión recibida, puesto que como es sabido los frascos no poseen el sentido del olfato.

Colocado ante los ojos de Juan y antes de que Satán pudiera percatarse de lo que estaba ocurriendo, el frasco se abrió y un rayo de luz blanca penetró en los ojos del amigo de todo el género humano. Su alma inmortal lo absorbió con avidez y, lo que es más importante, lo reflejó de modo que la figura humana comenzó a brillar...y a brillar y a brillar, no porque fuera una estrella, sino porque en su alma existía una chispa de eternidad a la que la blanca luz de la Vida había encendido. Pronto un creciente resplandor azul se extendió por toda la cueva y el brillo hipnótico así provocado comenzó a destruir toda materia, razón por la que brujos, brujas, aprendices, novicios y hasta el mismo Satán se apresuraron a escapar. No todos lo consiguieron, aunque eso es lo de menos puesto que por pequeño que sea el Mal éste se reproduce con mayor rapidez y se nota más que el Bien.

Nuestro amigo no era inmune, como bien sabéis, al brillo hipnótico. En otras ocasiones alguien había ordenado al rayo de luz solar volver al frasco tras cumplir su objeto, pero no habiendo allí nadie que pudiera hacerlo Juan hubiera sin duda muerto de no llegar, justo en el último momento, la divina Princesa Aurora, que a su padre el Sol siempre precede. Habiendo vencido a las fuerzas del Mal en la mañana del día de Juan brillaría lel Sol sobre el Darkland, tal y como estaba escrito, y una lluvia suave de agua vivificadora comenzó a caer sobre las desoladas tierras del lado oscuro.

Sonriente, encantadora y magnífica, Aurora se inclinó sobre el envejecido hombre que ama. Acarició sus blancos cabellos y le dio a beber el Agua de la Vida para que desaparecieran enseguida los efectos del brillo hipnótico, cosa que ocurrió casi en el acto. Sus palabras, pronunciadas con un tono de voz extremadamente cariñoso, fueron como un bálsamo que curó el lastimado corazón de Juan:

- Dichosos sean por toda la eternidad aquellos corazones que saben amar. Ante ellos se inclinará la creación entera y las fuerzas del Mal, aunque a veces les acorralen, jamás los vencerán. En ti, querido amigo nuestro, vemos a todos los hombres y todas las mujeres de tu declinante mundo que aman con toda la fuerza de su corazón a sus semejantes. En verdad que al amarlos, aman también a Aquel que los creó dotándoles de un alma racional e inmortal. Ten ánimo valeroso, ¡Oh amigo de todo el género humano¡ puesto que ya se aproxima el tiempo en que vuestra raza ha de sufrir grandes males. Entra en el Puente de Iris para salir del Darkland, porque la blanca luz solar se ha descompuesto en los siete colores puros gracias al rocío de esta mañana. Queden bendecidas las aguas puras de todos los manantiales y de todas las fuentes y que quien beba de ellas la mañana del día de Juan quede libre del Mal, aunque sea por poco tiempo.

FIN

JUAN