La huelga general convocada por los sindicatos para protestar contra lo que ya está aprobado no ha sido un fracaso, pero ha distado mucho de ser un éxito. Es decir: se ha desarrollado tal y como deseaba nuestro Gobierno, del cual los llamados "sindicatos mayoritarios" no son sino una prolongación. Desde mi punto de vista esta huelga no ha sido sino un acto de la gran comedia que en la actualidad se desarrolla en ese destartalado teatro llamado España y en cuanto al comportamiento de los llamados "piquetes informativos" tendría mucho que decir, pero en verdad que no merece la pena hacerlo: La Libertad, cuya antorcha de fuego brilla esplendorosa igual que lo hace el lucero de la mañana, únicamente existe en el Reino del Espejo, que en el nuestro sólo es un pálido y desmañado reflejo.
La "verticalidad" de los sindicatos mayoritarios no escapa al sentido común de los ciudadanos y así, aunque éstos se hallen bastante enfadados con el Gobierno debido a sus injustos recortes, seguramente tienen el íntimo convencimiento de que esta huelga general ha sido convenientemente pactada, resultando así y en definitiva una pura comedia en la que se utilizan como simples comparsas a los trabajadores. Con 4.600.000 parados quien hoy dispone aún de empleo es afortunado y habida cuenta que la denominada reforma laboral permite en la práctica un despido libre y barato ningún trabajador consciente se arriesgará a perder su empleo por complacer a los sindicatos.
En la atormentada capital de España, cuyos ciudadanos soportan una presión impositiva creciente y desproporcionada, el funcionamiento del ferrocarril metropolitano ha anulado casi por completo el efecto inducido de la huelga. En esta gran ciudad en la que nadie conoce a su vecino y apenas se trata con él se necesita tomar el metro para casi todo, así que si éste funciona con relativa normalidad la espectacularidad de la comedia puesta en escena disminuye de modo relampagueante. Con los autobuses, en cambio, ha habido más suerte y gracias a los "piquetes" no se puede decir que ocurra lo que en el metro. Queda, únicamente, la "guerra de cifras": los sindicatos aseguran que el seguimiento es el 70 por 100 mientras que la CEOE únicamente admite un 20 por 100 y eso gracias a ciertos actos violentos. Esto de los "piquetes" me tiene francamente desorientado. Según parece son "informativos", pero por lo leído y visto en ciertas comunidades parece ser que dicha informacion se da entre banderitas de la respectiva comunidad, amenazas, huevos que se tiran a los que entran a trabajar y otras cosas a las que prefiero no referirme, pues quien estas líneas escribe detesta todo tipo de violencia.
En mi querida Asturias la huelga ha tenido gran éxito, pero es que la situación allí es desesperada: los jóvenes no tienen empleo, los que lo tienen están a punto de perderlo y hay una masa ingente de jubilados, cuyas pensiones han sido congeladas. También en Sevilla la han secundado muchos trabajadores, pero en el resto de España la situación es muy diferente de modo que es casi seguro que esta huelga general no pasará a la historia como han pasado otras. No obstante, y como oficialmente se convoca para protestar contra las medidas del Gobierno, la aparente conclusión es que éste ha quedado reforzado por el poco apoyo que los sindicatos han tenido. No se lo crean ustedes: es todo una comedia, que pretende impresionar con efectos retroactivos pero que no lo logra.
Mientras tanto, nuestro Presidente de Gobierno ha ido al Parlamento acompañado de la ministra Salgado, que vestía pantalones y llevaba una gran carpeta en sus manos. También allí iba a representarse una comedia, pero en lo que se refiere a ésta es bastante seguro que no tendrá muchos espectadores. La gente está francamente harta de nuestra clase política, harta de que cada periódico cuente las cosas como conviene a una clase social o a otra; harta de escándalos financieros y latrocinios; harta de que unos ciudadanos tengan más derechos que otros; harta de impuestos, congelaciones, sacrificios y paro. Temen, además, que se les impongan aún más sacrificios y no están, por tanto, a favor de huelgas controladas y pactadas entre sindicatos y Gobierno. ¡Qué desastre, por Dios¡
Bueno; y después de la huelga ¿qué pasará? Si ha sido un éxito, como aseguran los sindicatos, el voto a favor de la denominada izquierda quedará perjudicado y si no ha sido un éxito pues también, ya que los sindicatos teóricamente defienden los intereses de la clase trabajadora.
¿He oído un "de veras"? Yo también creo que este razonamiento es falaz, pero que quiere usted que le diga. Dentro de lo falaz un razonamiento de idéntica naturaleza puede hasta llegar a ser acertado y en eso el Presidente Zapatero es un consumado experto: para él las espinas son flores, las tormentas chaparrones y eso del paro algo aéreo, como la palomita que representa al Espíritu Santo.
JUAN