sábado, 26 de septiembre de 2009

Sueño Azul

En mi delirio de Amor yo tuve un sueño y vi alegres ciudades libres de ruido y de automóviles en las que hombres y mujeres aparecían siempre sonrientes, tranquilos y amables. Escuché la risa de los niños, que jugaban en los parques y también las nostálgicas conversaciones de los ancianos, que tomaban el sol sentados entre las flores. Perdiose mi vista en un cielo perfectamente azul en el que brillaba un Sol inmaculado y se llenaron mis pulmones de aire puro, porque la contaminación era ya cosa del pasado. Tras siglos de barbarie la Humanidad había descubierto el inmenso poder del Amor Verdadero y como todas las personas se amaban había desaparecido la miseria, el hambre, la ignorancia, la soledad y el abandono. Las grandes fortunas hacia tiempo que habían desaparecido y como nadie robaba, especulaba, engañaba, despilfarraba, mentía o se dejaba llevar por la ira todos vivían mucho mejor sin tener que renunciar por eso a nada de lo que ciertamente necesitaban.
El cambio de bienes era voluntario y libre, de modo que nadie pedía por lo que entregaba más de lo que le había costado obtenerlo y no era necesaria una Ley que obligara a los ciudadanos a sostener el coste de los servicios que les eran comunes ya que espontáneamente contribuían a cubrirlos, cada uno según sus posibilidades. En aquella sociedad regida por el Verdadero Amor la Ley sobraba y en la práctica casi no existía. Cada ciudadano se sentía obligado a cuidar y atender a los ancianos, ya fueran de la familia o no y éstos jamás eran abandonados ni internados en residencias salvo casos de extrema necesidad. No había ejércitos, ni armas, ni Policía, ni tribunales, ni bancos. Si alguien disponía de más bienes que aquellos que podía necesitar los entregaba para que se repartieran entre los que no habían tenido idéntica fortuna, que no eran como ahora siempre los mismos.
No había miedo y por lo tanto tampoco había religión, pero muchos ciudadanos adoraban en silencio y sin aspavientos a un Dios Sin Normas que moraba en el interior de su propio corazón. Nadie se negaba a sí mismo renegando de su amor, sino que al ser plenamente conscientes de que formaba parte de su propia naturaleza obedecían sus consejos sin ponerlos jamás en duda. La Humanidad había descubierto que la felicidad individual no puede ser plena si ha de convivir con la desgracia de un semejante y por eso todos trabajaban por evitarla o se esforzaban en paliarla cuando llegaba. En este perfecto equilibrio entre corazón y razón el ser humano había hallado por fin la clave de la verdadera felicidad y así nadie sufría solo, ni lloraba solo, ni caminaba por el sendero de la vida solo porque todos le acompañaban.
Los adelantos de la medicina garantizaban una vida larga y estaban a disposición de todos los ciudadanos y la eutanasia había dejado de ser necesaria, porque aún en los casos más extremos aquellos que padecían enfermedades que originaban serias dependencias eran cuidados y atendidos por voluntarios, que se ofrecían a millares sabiendo que al entregar su vida al servicio de los demás garantizaban eternamente la suya. No había niños ni madres abandonadas a su suerte y como la violencia ya no existía no era necesario el aborto que, aún estando legalizado, nadie lo practicaba desde mucho tiempo atrás. La única ley que regía era la del corazón y así cada mujer podía hacer en ese sentido lo que su corazón le dictaba, pero como de sobra sabía que ningún ser humano era abandonado cruelmente a su suerte nunca renunciaba a ser madre.
La Naturaleza, esplendorosa y bella, hacía que fructificaran las cosechas, poblaba los mares y los plateados ríos de toda suerte de peces, llenaba los verdes campos de ganado y se mantenía fiel al nuevo calendario de estaciones, que había variado cuando lo había hecho el eje del planeta tierra en los terribles y jamás olvidados días de la ira. No había ya terremotos, ni ciclones, ni terribles y devastadoras lluvias que arrasaban las ciudades. Los continentes eran más pequeños y en ellos no existían ya naciones, aunque cada uno sintiera amor por la tierra en la que había nacido. También habían desaparecido practicamente las grandes ciudades: ahora había muchas más que antes y se extendían por el planeta sin por ello dañar sus selvas, bosques, montañas, ríos y lagos.
La institución del matrimonio había sido abolida, no solo porque no era en absoluto necesaria, sino porque así cada cual hacía lo que verdaderamente quería y así si realmente amaba a alguien hasta el punto de desear estar con aquella persona siempre, así lo hacía y como todos reconocían que era propio de los humanos errar si en algunos casos uno se equivocaba la unión desaparecía automáticamente, porque cuando reina en el corazón el Amor Verdadero la hipocresía, el engaño y hasta el derecho se exilian.
Por desgracia todo esto es un sueño...un sueño azul, pero sueño y como de los sueños siempre se despierta también desperté yo. Entonces una voz conocida llegó hasta mí y al volverme noté que Johnny-boy estaba a la cabecera de mi lecho y que entre risas me decía:
- ¿Soñador o Profeta, Juan?
JUAN

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Amor y Paciencia

Dijo Johnny-boy a Juan:
- Anda y escribe algo que anime a aquellas personas que saben renunciar a su comodidad para ponerse al servicio de los demás, que no todo va a reducirse a que procures que el hombre malo se transforme en bueno. Cuida, pues, a quienes son bondadosos y lleva hasta sus almas el consuelo que Nos damos a todos aquellos que aman.
- Dura tarea me imponéis, Príncipe -respondió Juan sonriendo -. ¿Por qué no hace eso Vuestra Alteza? Estoy persuadido de que si lo hiciera los resultados serían magníficos.
Haciendo un gesto negativo con su cabeza, el divino adolescente replicó:
- Te equivocas. Si Nos fuéramos hasta el ser humano para decirle haz esto o haz lo otro y para cumplir lo que le decimos debiera sacrificarse, enseguida hallaría una disculpa. No hay nadie mejor que el hombre para tocar el corazón del hombre, pues los dioses dioses son y no hombres.
- Haré lo que me decís, Alteza.
Escucha, tú que crees perder tu vida cuando en realidad la estás salvando para siempre:
Cuando llega el alegre verano y te sientes triste, porque mientras los demás preparan a toda prisa sus maletas para irse a la playa o invaden los aeropuertos para trasladarse a países extranjeros, tú debes permanecer al lado de tu padre o de tu madre para cuidarlos en su vejez y atenderlos en su enfermad, recuerda que es tu carne quien se rebela, no tu alma inmortal. Ese pensamiento negro que te invade y que te motiva a actuar igual que esos hermanos, parientes o amigos que te han dejado solo ante la desgracia; que no les importa ni tu sufrimiento ni tu dolor ante ella; que no valoran en lo más mínimo tu sacrificio sino que, incluso, hasta se permiten el lujo de darte consejos y que únicamente hallan mérito en darlos sin que ni por asomo se les ocurra ponerlos en práctica ellos mimos. Ese pensamiento negro, digo, también procede de tu carne y no de tu alma inmortal.
Dime en qué queda la carne, hermano, sino en polvo. ¿Merecen, pues, la pena tus esfuerzos para mantenerla contenta mientras tu alma inmortal te chilla y te grita desde dentro pidiéndote con insistencia que no dejes solo a quien sufre, advirtiéndote de que únicamente por Amor sufre? Pues si consumes toda tu energía en lo que apenas vale nada ¿que te quedará de ella para gastarla en lo que realmente vale?
Dichoso el hombre y la mujer que saben sacrificar el bienestar de su carne por el de su alma inmortal. No han de sentirse tristes aunque su carne se rebele, porque la luz azul del Amor Verdadero transformará la oscuridad en claridad de idéntico modo a como hace el divino Sol cuando disipa las nubes o hace huir a las sombras de la noche. Así pues y aunque todo el mundo crea que porque eres bondadoso eres tonto y se aprovechen de tu bondad, yo te aseguro que eres el más listo de todos ya que cuidas lo que auténticamente tiene valor.
Si quien mis lineas lee se halla en esa situación que se alegre su espíritu aunque su carne se rebele pues por ser predilecto del Amor, este le enviará el don de la paciencia y con Amor y paciencia se cuidan no solo al anciano y al enfermo, sino también a todos aquellos que necesitan una palabra amable, un estímulo o una esperanza. Con Amor y paciencia estarás a salvo de muchas cosas y muy especialmente de esas depresiones que a veces te rondan, porque a pesar de todos tus esfuerzos no aciertas a cuidar mejor a esa madre a quien la enfermedad ha oscurecido la mente o a ese padre paralítico al que hay que atender en todo. Hasta aprenderás a disculpar el egoísmo de los demás y así en lugar de enfadarte con ellos porque colocan sobre tus hombros cargas enormes, seguramente les sonreirás cuando te brindan sus consejos valiéndose de una llamada telefónica o en el mejor de los casos una visita de médico. He aquí cómo tu Amor te ha hecho realmente rico casi sin tú saberlo y cómo tu paciencia ha terminado por disciplinar tu egoísmo y moderar tu ira.
¿De Justicia me hablas? Te escucharé, pero yo no quiero hablarte de Justicia sino de Amor y aún conviniendo contigo en que tu situación no es justa tengo que decirte lo que tú bien sabes: que a ti la Justicia te importa un pimiento estando en juego tu Amor. Tú Amor por ese padre o esa madre, que si hoy no son más que sombras de lo que un día fueron, se sacrificaron por cuidarte, educarte, aconsejarte y guiarte por los intrincados y nada fáciles senderos de la vida. Ellos nunca se preguntaron si era justo o no tener que renunciar a muchas cosas para que tú no pasaras necesidad. No te lo preguntes tú tampoco y aunque no puedas evitar la pena que te produce la huida de tus parientes y amigos ante la terrible realidad de la vejez, la enfermedad o la auténtica necesidad recuerda que mientras ellos se ponen a salvo por vivir en realidad están muertos, mientras que tú estás ganando día a día y minuto a minuto la Vida Eterna.
No escuches a los que te aseguren que dicha Vida no existe, ni tampoco a quienes intentan condicionarla a torpes normas creadas por humanos: La norma suprema, la única Ley y la llave del Reino está en tu propio corazón y allí es dónde debes buscarla. Si tú quieres yo te ayudaré a encontrarla y cuando por fin la halles entonces verás y comprobarás por ti mismo todo aquello que yo intento decirte cuando te hablo del verdadero Amor. Mira: si es verdad que la Vida eterna no existe entonces también es verdad que no existe el Amor. Díselo así a los que intentan razonar sobre algo que está por encima de su razón y recuerdales con dulzura que el ser humano, además de tener razón, tiene también corazón. Pregúntales si la Naturaleza crea algo inútil y cuando te digan que no, sigue preguntando y sin respetos humanos diles esto:
- Entonces, si como decís en todo cuanto ha sido creado existe una utilidad, ¿cual es la que se deriva de tener un corazón que ama, que siente, que sufre, que disfruta y que se conmueve? Anda, amigo mío, ve y pregúntales eso a ver que te responden.
Refunfuñas y gimoteas ¿verdad? Si tú no lo reconoces no te preocupes que ya te lo dirán los demás, olvidando que si uno se queja es por algo. Quéjate y refunfuña, gimotea y hasta llora. Pero sigue, porque voy a decirte algo que no me gustaría que olvidaras: Aunque en toda tu vida no hicieras nada más que atender a tus padres enfermos; más aún, aunque la consumieras en buscar diversiones y placeres sin cuidarte para nada de los demás una vez que tus padres hayan sido llamados al Reino las puertas de éste permanecerán abiertas de par en par para ti, porque tu Amor y tu Paciencia las abrieron.
JUAN

lunes, 21 de septiembre de 2009

No todo es Amor

En la vida de un hombre siempre hay una mujer o varias. No quisiera parecer presumido pero en la mía también las ha habido y aún las hay, más salvo una única vez nunca he recibido de ellas el don más precioso que me podían ofrecer que era su amor. Desde luego tengo que decir que aquella única vez bastó para justificar toda una vida y para darle sentido y, no obstante, la persona que me amó me dejó enseguida, porque fue llamada al reino cuando nadie lo pensaba: Un terrible accidente de automóvil la dejó en coma durante cuatro años hasta que por fin dejó este mundo. Sé, en verdad, que está en el Reino y que desde allí me infunde fuerzas cuando la vida me golpea de idéntica manera a cómo golpea a todo el mundo pero aún así la echo mucho de menos y no hay día que no tenga para ella un pensamiento.

Durante aquellos largos cuatro años aprendí una cosa que no me importa confesar aquí: Que podemos amar mucho aunque nadie nos ame; pero si dijera que no me importa no tener un corazón haciendo compañía al mío, ni escuchar el dulce estruendo que en él produce el amor, ni sentir con toda intensidad sus milagrosos efectos mentiría sin duda. Por otra parte, es rigurosamente cierto que a cambio he obtenido otras muchas otras cosas y que las he disfrutado de lo lindo aún sabiendo siempre lo poco que valen ya que al verdadero Amor lo descubrí muy pronto y de tal modo caló en mi pobre corazón, que casi sin darme cuenta me convirtió en un hombre que ama. Es por tanto él quien hace que me conmueva cuando veo sufrir a un semejante y el que me motiva a ayudarle aunque sepa que una vez superado el sufrimiento ese semejante se olvidará de mí. Al fin y al cabo, uno no hace las cosas para que se las agradezcan; uno las hace porque sí, porque así le salen del corazón. Por eso precisamente no hay ningún mérito propio que valga cuando me comporto así. En cualquier caso el mérito seria del Amor y en cuanto al motivo por el que éste fundamenta mi vida debo decir que lo desconozco por completo.
Creo que precisamente porque amo sé distinguir perfectamente entre aquellos que realmente aman y los que únicamente se aman a sí mismos, aunque en muchos casos ni ellos mismos se den cuenta. Así, por ejemplo, cuando me despido de alguien y éste asegura que va a echarme de menos siempre le pregunto la razón. Si me ofrecen alguna, salvo la de que en adelante no podrán verme ni hablarme, sé en ese mismo momento que no me aman.
- Ahora que tú te vas - me dijo en cierta ocasión una mujer- se acabaron mis salidas, mis ratos de buen humor, mis diversiones y esas noches tan deliciosas en las que paseamos a la luz de la luna. Tendré que pasar muchos días en casa y eso me deprime profundamente.
Observad que la repetitiva utilización de pronombre posesivo "mí" es muy significativa. Era evidente que lo que ella amaba, en realidad, eran sus salidas, ratos de buen humor, diversiones y paseos románticos. Ahora bien; como éste no es precisamente un caso aislado sino bastante frecuente y como de ningún modo tengo derecho a dudar de la sinceridad de quienes pronuncian éstas o parecidas palabras, tengo que deducir que muchos hombres y mujeres confunden la verdadera naturaleza de sus sentimientos llamando frecuentemente Amor a lo que no sino necesidad, deseo sexual o simplemente ganas de disfrutar a tope de la vida en buena compañía.
En cierta ocasión estando yo en Portugal con dos amigos casados llegaron unas chicas y empezaron a tontear con nosotros. El varón de la especie humana se siente la mar de halagado cuando llama la atención de la mujer y siempre cree que eso es debido a sus gracias personales cuando en la mayoría de los casos sus gracias personales son lo de menos, ya que en este sentido al menos las mujeres son mucho más inteligentes que los hombres pues ellas suelen poner el sexo a su servicio en tanto que nosotros solemos estar al servicio del sexo, que es cosa muy diferente. Pues bien; a los dos hombres casados se les veía a la legua el deseo de continuar tonteando con aquellas chicas en un lugar mucho más discreto que aquel elitista Club Náutico. Por lo tanto decidieron consultarme sobre dónde podíamos ir como si uno, por ser soltero, fuera un experto en estos temas.
- A ningún lado - les dije sin vacilar -. Vuestras mujeres han tenido la confianza de dejaros viajar conmigo solos y si vosotros queréis corresponder a esa confianza del modo que me supongo no seré yo quien os facilite tan innoble faena.
- Esto no tiene nada que ver con el amor, Juan - me dijo uno de ellos -. Se trata únicamente de pasar un rato en buena compañía sin más consecuencias.
- Ya, bueno, pero no contéis conmigo para eso. Aunque, como seguramente bien dices, eso no tiene ninguna importancia la persona a la que amas cree que estás con tus amigos y no con otra mujer.
Al final la cosa quedó en agua de borrajas -menudo soy yo para eso- pero el incidente me hizo pensar: ¿Qué clase de amor sienten estos hombres casados por sus mujeres que a la primera de cambio lo traicionan? Jamás podría yo hacer lo mismo, y eso que no tengo mujer ni perro que me ladre, porque me consta que aquel que traiciona al Amor se traiciona a sí mismo.
Ya sé que el confusionismo es de buena fe ¡faltaría más¡ Tal y como es, el más noble y sublime de todos nuestros sentimientos es paradójicamente el que más se oculta, como si amar fuera una debilidad o una flaqueza. Nada que objetar si tú deseas ocultarlo para no parecer un cursi ante tus amistades o por creer que tu hombría te impide declararte enamorado ante ellas. Estás equivocado, pero te respeto y únicamente confío en que algún día te des cuenta del error que cometes. Pero, por favor, no llames Amor a todo porque no todo es Amor.
JUAN

sábado, 19 de septiembre de 2009

María de las Mercedes

El 18 de noviembre del año 2000 fueron trasladados los restos de la Reina María de las Mercedes desde la capilla del Escorial a la Catedral de la Almudena. La que fuera dulcísima esposa de Alfonso XII había fallecido cinco meses después de su matrimonio a consecuencia del tifus, una enfermedad que si en la actualidad es muy grave en el siglo XIX era necesariamente mortal. Dos días antes de que Violetboy viniera a buscarla había recibido la Santa Extrema Unción y cuentan que, admirado el señor Cardenal de la serenidad de la joven, le dijo estas palabras:
- Señora: Sois muy joven, más en estos momentos debéis tener resignación.
- La tengo -respondió ella-, pero no quiero morir. Es por Alfonso.
Amor Verdadero. La Historia está llena de ejemplos semejantes y si nuestros jóvenes en lugar de perder el tiempo en tonterías se dedicaran a leer la Historia aprenderían muchas cosas de la vida y del Amor.
Los Duques de Montpensier, padres de Mercedes, no eran en absoluto personajes populares ni en la Corte ni entre el pueblo. Antonio de Orléans, hijo del Rey Luis Felipe de Francia, no solía aparecer en público con paraguas como hacia su padre, "El rey burgués". Muy al contrario, sentía atracción por los vistosos uniformes militares cargados de condecoraciones y por las espléndidas fiestas que daba en su sevillano palacio de San Telmo. En cuanto a su esposa Luisa Fernanda baste decir que tenía muy poca personalidad ya que se había limitado a hacer toda su vida lo que otros disponían. Su castiza hermana, nuestra Reina Isabel II, no la tenía en demasiado buen concepto y como su esposo había conspirado contra ella para destronarla desaprobaba con todas sus fuerzas el matrimonio entre su joven hijo y su prima.
Sin embargo los jóvenes se enamoraron. Durante seis años Isabel II hizo cuanto pudo para evitar que se casaran. Buena conocedora de la naturaleza humana "echó" a su hijo en brazos de la cantante Elena Sáenz pero el chico era tan tozudo como su madre. Después le amenazó con dejar España y regresar a su Palacio de Castilla de París. Todo fue inútil: El 23 de enero de 1878 se celebró la boda, pero Isabel II no asistió a ella. Más tarde estuvo tentada de dirigir cartas a los soberanos europeos para que desaprobaran el casamiento, pero al final se arrepintió porque ella también amaba a su hijo.
Es la Historia quien relata estos hechos, no yo. Y la Historia dice también que el pueblo de Madrid se conmovió profundamente ante el sincero dolor del Rey por la pérdida de su esposa, que el desesperado Alfonso abandonó la corte para encerrarse en el Palacio de Riofrío y que de no ser por Cánovas allí se hubiera quedado toda la vida. Dice también la Historia que cuando iba a celebrarse la boda en los mentideros, mercadillos y puestos de la capital de España la gente se alegraba más que nada por llevar la contraria a Isabel II y sobre todo, porque como decía la coplilla:
"Se casaron por Amor
como se casan los pobres".
En el mediodía del 26 de junio de 1878 las campanas de todas las iglesias de la capital de España doblaron a muerto y la ciudad se paralizó: cerraron los cafés, los teatros y los comercios. Una inmensa cola de ciudadanos esperaba a las puertas del palacio Real para firmar en los pliegos y manifestar de esta forma su dolor. Su Majestad, de rodillas delante del lecho mortuorio, lloraba como un niño mientras el pueblo cantaba coplas que los niños repetían una y otra vez en los jardines y en las plazas:
"Dónde vas Alfonso XII
dónde vas triste de ti
Voy en busca de Mercedes
que ayer tarde no la vi..."
El rey jamás volvió a enamorarse. Aquejado de tuberculosis, pero de temperamento muy fogoso, volvió muy pronto con la cantante Elena Saenz, a la que encumbró descaradamente y de la que tuvo dos hijos. Isabel II, que en su vida había amado a hombre alguno aunque había usado a muchos, contemplaba con abierta simpatía estos ... ah..."amores". No obstante, el Rey debía de casarse de nuevo y lo casaron con la Archiduquesa austriaca María Cristina, sobrina del Emperador Francisco José I a la que el soberano no amó ni poco ni mucho y encima no le gustaba un pimiento. La reina, no obstante, era muy celosa y por lo tanto aquel matrimonio fue un verdadero infierno por mucho que los cónyuges intentaran disimular en público.
En 1885 el cólera llegó a Aranjuez y desobedeciendo todos los consejos Alfonso acudió a visitar a los enfermos. Este gesto de Amor caló profundamente en el pueblo, que le adoraba. Poco tiempo después, el 25 de noviembre, el Rey fallecía en su Palacio del Pardo a consecuencia de la tisis, enfermedad que le había acompañado desde 1872.
Sólo había vivido realmente cinco meses: los que estuvo casado con su prima, porque la amaba. El resto del tiempo, aún siendo Rey, no había sido nada.
¿Y aún alguien me pregunta por qué el Amor Verdadero es la Verdad y la Vida?
JUAN

jueves, 17 de septiembre de 2009

Impuestos y brotes verdes

Creo recordar que nuestro Presidente de Gobierno nos anunció en su día que comenzaban a aparecer "brotes verdes" en el desolador panorama de le economía española. Dejando aparte el mérito que supone para un político la utilización de metáforas poéticas, lo cierto es que su optimismo me dejó completamente frío puesto que, entre otras cosas, quien estas líneas escribe estudió Economía y esta Ciencia no tiene absolutamente nada de poética.
A finales del verano se propagó por toda la geografía de nuestro país el rumor de que el Gobierno de la nación estudiaba la posibilidad de subir los impuestos y de congelar los salarios de sus funcionarios, así que aún estando de vacaciones tuve que insertar en este blog un texto técnico que en nada pegaba con el resto de lo que había escrito durante el verano. No obstante era necesario, habida cuenta que las anunciadas medidas significaban un notable varapalo para las clases medias trabajadoras de esta nación, a las cuales un servidor pertenece.
Lo de la congelación del sueldo a los funcionarios no está a la fecha nada claro, pero sí lo está que la anunciada subida de impuestos afectará fundamentalmente al Impuesto sobre el Valor añadido, que como todo el mundo sabe es la figura principal de nuestra imposición indirecta. Pues bien; es sencillamente escandaloso que un Gobierno que se califica a sí mismo de progresista eleve la imposición indirecta, cuando todo el mundo sabe que en los países verdaderamente desarrollados el grueso de los ingresos del Estado se obtiene mediante la imposición directa y a través de la aplicación del principio jurídico de la capacidad de pago.
Para que aquellos que lo deseen puedan comprobar el talante progresista del actual Gobierno voy a poner un ejemplo que ilustrará de modo definitivo las consecuencias que se derivan de la subida del IVA.
José Pérez tiene una renta mensual neta - es decir, descontados los impuestos directos, Seguridad Social, etc- de 1.500 euros. Si las matemáticas no fallan, esto quiere decir que su renta neta diaria es de 50 euros. Si suponemos que dedica a alimentación el 50 por 100 de dicha cantidad en este momento es evidente que le quedan otros 25 euros para el resto de gastos. Ahora bien; como además de la alimentación es necesario que José Pérez incurra en otros gastos lo más probable es que no pueda ahorrar ni un sólo euro.
La elevación del IVA, por ejémplo en 2 puntos, eleva automáticamente el gasto que debe realizar en alimentación y reduce paralelamente el gasto que puede realizar en otro tipo de bienes o servicios, los cuales y dada la modestia de su renta, cabe suponer que le son enteramente necesarios. Pues bien; si paralelamente no se eleva su renta parece evidente que José Pérez tendrá que renunciar a una parte de su gasto y esto significa, ni más ni menos, que debe soportar una reducción en su calidad de vida, ya de por sí bastante menguada.
Contemplemos ahora el caso de D. Salustiano Rebolledo, que disfruta de una renta mensual de 6.000 euros netos, lo que supone una renta diaria de 200 euros. Suponiendo que también dedique el 50 por 100 de ella a alimentación y el otro 50 por 100 a otros gastos parece evidente que la subida del IVA en dos puntos en nada va alterar su ritmo normal de vida. Como mucho, ahorrará un poco menos pero desde luego es evidente que no va a reducir ninguno de los gastos necesarios que ahora tiene.
Don José, en cambio, sí tiene que hacerlo.
Así pues, la elevación del IVA en dos puntos hace mucho menos daño a D. Salustiano que a D. José, porque el primero posee una capacidad de pago mucho más elevada que el segundo. Por lo tanto la elevación del IVA es tanto más dañina conforme menor sea el nivel de renta del ciudadano.
¿Cómo podrá justificar el Señor Zapatero su anunciada subida de impuestos? Palabras no han de faltarle, desde luego, pero frente a la falacia de la palabra de un político está la realidad de los hechos. Y los hechos demuestran claramente que la anunciada subida de los impuestos perjudica en mucho mayor medida a las clases trabajadoras que a los ricos.
Por otra parte, los que se crean que mediante una subida de impuestos de esta naturaleza se puede salir de la crisis económica se equivocan por completo. Ciertamente, los ingresos obtenidos por el Estado crecerán, pero como en muy buena medida deben entregarse a 17 voraces autonomías quedará muy poco para reanimar el sistema económico, habida cuenta del uso que suelen hacer las autonomías del dinero recibido. Aseguran ellas, y tienen razón, que la política económica española es competencia exclusiva del Gobierno de Madrid pero si no le dejan medios para poder emprender una política económica de recuperación, y a no ser que intervenga en el asunto la Vírgen de los Desamparados, dicha recuperación no se producirá. Cuanto más, porque la elevación de la imposición indirecta moderará aún mas el consumo, deprimirá por lo tanto la demanda de bienes y servicios presionando sobre su oferta y causará en definitiva el cierre de más empresas y la aparición de más desempleo.
Dejaré para un comentario posterior la elevación de los impuestos para las rentas de capital indicando únicamente que afectará fundamentalmente a viudas que poseen unas cuantas acciones y modestos ahorradores que tienen cuatro perras en depósitos a plazo en la poderosa Banca española. El gran capital, como siempre, escapará prácticamente inmune a la medida ya que tiene numerosas escapatorias, tanto legales como no legales.
Un último comentario dedicado a todos aquellos que creen que un hombre que ama es una especie de tontorrón ambulante, que vive fuera del mundo y no se interesa por otra cosa que por cuestiones espirituales: Es hora de que despertéis, queridos amigos míos. Un hombre o una mujer que aman no pueden permanecer impasibles ante todo aquello que perjudique a sus semejantes, ya sea a su alma o a su cuerpo. Recuerden si no, aquel pasaje de La Regenta en el que los curas del lugar pretenden darle el Viático a Don Santos Barinaga, el cerero arruinado por el negocio montado por Doña Paula, la enérgica madre del Magistral:
- Don Santos debe recibir usted el pan del alma antes de realizar el último viaje - le decía un sacerdote con la mejor intención del mundo.
- ¡El pan del cuerpo es lo que yo necesito¡ -exclamaba el agonizante una y otra vez.
Y decía bien porque Don Santos Barinaga se moría...de hambre y de frío.
JUAN

martes, 15 de septiembre de 2009

La higuera estéril

Johnny-boy dejó cuidadosamente un manojo de rosas rojas muy frescas encima de la mesa y miró con cariño al hombre que se sentaba frente a ella.
- ¿Por qué te sientes tan desanimado? -inquirió con dulzura -. ¿Acaso desconoces tu propia naturaleza? Tú quisieras que todos te escucharan, que todos te comprendieran, que todos pusieran en práctica la doctrina del Amor y como no es así te quejas amargamente. ¡Oh, Juan, qué quejica eres¡ Recuerda que no todos los granos de trigo germinan y que no todos los árboles dan fruto.
- Ya lo recuerdo, Alteza, pero no puedo soportarlo - replicó el amigo de todo el género humano -Hay veces, incluso, que siento deseos de ser como son ellos: despreocupados, atentos exclusivamente a sus propios intereses y ávidos de placer, poder y riquezas.
- Nunca serás así y tú bien lo sabes. No obstante, participas plenamente de la absurda estupidez humana que consiste en dar por sentado que el día de mañana está garantizado haciendo planes para el futuro, cuando lo único que cuenta es el presente. Tú eres un hombre hoy, más mañana ¿sabes quizás lo que serás?
- Si un labrador riega sus campos todos los días, los cuida con esmero, siembra en ellos buena semilla pero después jamás recoge fruto termina por cansarse y abandona el campo pues siendo muy trabajoso cuidarlo si de él no se obtiene nada acaba pensando que hasta su trabajo es inútil - objetó Juan.
Johnny-boy acercó una silla a la que ocupaba el hombre y tras sentarse en ella le dijo estas palabras. Escúchalastambién y medita el mensaje que encierran:
- Había una vez un labrador que cuidaba con mucho esmero sus higueras para que dieran fruto. Las podaba y las abonaba con todo celo; quitaba la maleza que crecía alrededor de los árboles para que ésta no se nutriera de su savia y mediante muy curiosos ingenios procuraba mantener alejadas a las aves del cielo para que no construyeran en ellos sus nidos. No obstante, y pese a su esfuerzo, las higueras se obstinaban en no dar fruto y lo único que conseguía de ellas año tras año era que sus hojas fueran cada vez más abundantes y verdes. Consultó a sus amigos, también labradores, y les preguntó que cual podía ser la razón por la que sus higueras no daban fruto cuando eso no parecía ocurrir en las de ellos y atesoró todos los consejos que le dieron en este sentido para ponerlos en práctica el año siguiente. Así lo hizo, pero fue inútil: sus higueras, aunque cubiertas de hermosas y verdes hojas, se resistían al parecer a ofrecerle sus frutos por lo que el cansado labrador comenzó a pensar en cortarlas:
- Plantaré otros frutales y así al menos mi trabajo servirá para algo - dijo.
El día en que decidido salió de su casa con ánimo de talar sus ingratos árboles el viento del Este sopló con fuerza trayendo sobre la campiña una ola de calor insoportable. El divino Sol, resplandeciente en medio del cielo, derramaba con extraordinaria prodigalidad sus rayos y pronto se combinaron con el abrasador viento haciendo que hombres y bestias sufrieran sus consecuencias. Los habitantes del lugar intentaron librarse del asfixiante calor poniendo en marcha los ingenios de la electrónica, pero muy poco alivio conseguían con ellos.
El labrador, situado en el centro geométrico de su finca, se dio cuenta enseguida de que la tupida mata de hojas verdes de la que rebosaban sus higueras, al impedir el paso de la luz solar, evitaba también buena parte de su calor. Notó con alivio, además, que gracias al trabajo que les había dedicado durante años bajo ellos existía un ambiente húmedo y muy reconfortante.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que cuando se trabaja por una buena causa y no se obtiene el resultado esperado se obtienen otros resultados, que no por no haber sido previstos son por eso menos importantes ni valiosos.
Así pues, Juan, tu sigue trabajando por nuestra causa y no te desanimes nunca si compruebas que tus iguales no dan los frutos que esperabas, porque pueden dar otros que ni tú mismo imaginas.
JUAN

domingo, 13 de septiembre de 2009

No soy hombre de Paz

Quien trae la Paz a veces padece una continua y terrible guerra interior plagada de batallas y pródiga en sobresaltos. Quizás debido a este motivo, las personas que estamos acostumbradas a la lucha podemos llevar a nuestros semejantes el consuelo que producen las palabras cuando salen del corazón, la tranquilidad que se sigue a las terribles tormentas que sacuden nuestros corazones y el optimismo que se deriva de una Fe viva, sin cuya ayuda no me cabe duda de que sucumbiríamos todos ante los problemas que diariamente tenemos que resolver y ante las incertidumbres que nos plantea un futuro no siempre prometedor.
Yo no soy un hombre de Paz, porque cada día se libran en mi interior luchas y batallas indescriptibles. Lucho, en primer lugar, contra mí mismo pues estoy plagado de grandes defectos y en más de una ocasión he sentido la tentación de cuidar únicamente de mis cosas olvidando todo lo que me es ajeno, puesto que al fin y al cabo no soy más que un hombre como los demás. No obstante, cada vez que me tropiezo con la injusticia, con la falta de amor, con el egoísmo y con la absoluta falta de sentido común de muchos de mis semejantes comienza en mi interior una incruenta batalla, pues aún horrorizándome de todo lo malo que somos capaces de hacer los hombres y las mujeres, no puedo evitar amarlos. Padezco así las angustias de un padre que observa desde su ventana al hijo haciendo equilibrios para no caer en el río y que, sin embargo, nada puede hacer para evitar que se aleje del peligro y vaya a jugar a otro lado.
La torpeza y el egoísmo de mis semejantes me golpea el alma con fuerza, pero no puedo hacer nada para evitarlos. Mis palabras no sirven, mis razonamientos se contemplan con la misma indiferencia que se contemplan los de un niño y en esta lucha sin cuartel, sin victoria ni derrota, empeño mi vida porque como he dicho no puedo impedir amar a quien es torpe y egoísta.
Amar a aquellos que son buenos y que poseen un corazón bondadoso no resulta difícil. Tampoco lo es amar a los que nos aman, pero amar al que nos combate, calumnia, nos hace la vida imposible o simplemente se burla constantemente de nosotros parece un imposible. No obstante, deberíamos amar más a estas personas que a las otras, porque ellas necesitan mucho más de nuestro amor y si por amarlas tenemos que librar terribles luchas interiores para acallar a nuestra naturaleza, que se rebela constantemente y nos impulsa a devolver mal por mal entonces no podemos ser hombres y mujeres de paz, aunque poseamos el inefable don de transmitir paz a los corazones de los demás.
Ahora bien; si nadie puede dar lo que no tiene ¿cómo es posible que existiendo en nuestro interior una terrible guerra logremos transmitir paz a los corazones de nuestros semejantes? La respuesta es muy sencilla ¿no la averiguas?: Aunque libremos batallas en nuestro interior en él también está la inefable y divina Luz del Amor Verdadero. Es él quien hace que nuestras palabras transmitan la paz a los corazones atribulados de nuestros semejantes; él quien nos hace sonreír aunque lloremos por dentro; él es también quien nos hace aparecer fuertes ante los demás cuando en realidad somos muy débiles. Compréndelo: aquellos que amamos no podremos tener paz interior mientras el hombre sea lobo para el hombre y como, aunque eternamente enamorados, no tenemos un pelo de tontos nos damos perfecta cuenta de la cloaca infecta en la que hemos convertido a nuestro mundo y sufrimos mucho por ello.
Llegarán días en que este mundo dejará de existir para dar paso a otro en el que reinará el Amor Verdadero y en el que los seres humanos, conscientes del enorme poder del más sublime y noble de todos nuestros sentimientos se dejarán guiar por él. Un mundo en el que la divina y radiante luz solar brillará en todo su esplendor y en el que hombres y mujeres vivirán felices una larga vida, que será como un adelanto de la Vida Eterna. No lamento, sin embargo, no poder estar presente cuando esos días dorados acaricien a la Humanidad, porque sé que antes de que lleguen el mundo sufrirá terribles males y como en verdad no podría resistirlos prefiero irme antes de que lleguen. Más sabiendo que todas estas cosas ocurrirán ¿cómo puedo ser yo un hombre de paz?¿Cómo no luchar con todas mis fuerzas para procurar que llegue a nuestras vidas el dulcísimo reino del Amor Verdadero? ¿Cómo no sufrir intensamente cuando me doy cuenta de que, a pesar de mi empeño, todo mi esfuerzo es inútil y cómo puedo no padecer si me llaman pobre loco porque amo?
Así pues, a quien me escribió una cariñosa carta llamándome hombre de paz debo responderle diciendo que se equivoca. Ya me gustaría a mí serlo, pero no es así.
JUAN

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Cara y Cruz de la Libertad

Si el Amor Verdadero es la cumbre máxima que puede alcanzar nuestra natural afectividad, la Libertad plena es el ideal de nuestra racionalidad y quizás debido a eso ningún filósofo niega que tanto el Amor como la Libertad están íntimamente ligados con nuestra naturaleza. No obstante, y al igual que ocurre con el Amor, muchas personas tienen una idea completamente equivocada de lo que son en realidad estos dos importantes atributos. Date cuenta de que si existe el Amor y no amas, el Amor no sirve para nada y que si existe la Libertad pero tú no te sientes libre, tampoco sirve de nada.
¿En que consiste, realmente, sentirse libre? Observa, en primer lugar, que en lugar del verbo "ser" prefiero utilizar el verbo "sentir" y date cuenta de que si eso hago es porque me consta que para ser absolutamente libres deberíamos ser absolutamente sabios, lo que no es posible. Sin embargo, sí lo es sentirse libre y por si tú estás en ese caso voy a permitirme recordarte algunas de las responsabilidades que implica eso de "sentirse libre".
La primera de todas ellas es que tienes la absoluta obligación de respetar la libertad de los demás. Esto parece sencillo, pero no lo es y además se complica extraordinariamente cuando por las circunstancias de la vida posees un cierto poder sobre los demás. Ese poder en modo alguno justifica que puedas imponer a nadie tus ideas políticas, religiosas o sociales; que lo uses para cerrar la boca de la que proceden palabras que no te agradan, que taches deliberadamente lo que otros escriben porque te molesta a ti o que lo esgrimas a modo de chantaje ante cualquiera de tus semejantes. Si así haces, te digo en verdad que te comportas de idéntica manera a como actúan ciertas sectas y grupos más o menos religiosos: En ellos no existe ni siquiera libertad de pensamiento y por eso sin duda te son instintivamente antipáticos. Te aconsejo que si tú actúas igual que ellos te abstengas entonces de emitir juicios condenatorios contra los que presiden o dirigen estos grupos, ya que en verdad te digo que no eres mejor que ellos.
Guárdate de negar la existencia de eso que algunos llaman Dios - y que yo llamo de otra manera, porque me da la gana - argumentado que Él no impide la injusticia, el hambre, la miseria, la enfermedad y la ignorancia de muchos. El Autor de la Vida puso al ser humano sobre una tierra fértil, le dio una razón para que pudiera resolver de modo satisfactorio sus problemas de subsistencia, le prohibió matar, robar y explotar al semejante y puso en el corazón de cada ser humano la inefable Luz azul del Amor Verdadero. No obstante, no le obligó a ser consecuente con todas esas cosas porque de haberlo hecho así nos hubiera privado de libertad y entonces cuando llegara el momento de entrar en el Reino a ninguno de nosotros se nos podrían exigir responsabilidades por nuestra manifiesta falta de Amor hacia nuestros semejantes. Es esa falta de Amor la que tiene la culpa de la mayoría de los males que afligen a la Humanidad, así que si niegas a Dios porque no los resuelve, porque permite que el poderoso disfrute de la vida mientras el humilde sufre o porque no siente compasión por el que está solo, marginado o enfermo cuelgas hipócritamente de Dios responsabilidades que a ti únicamente te competen. O si no dime: ¿Te impide a ti alguien repartir parte de lo que posees con los que nada tienen? ¿Te prohibe alguna Ley visitar al enfermo, atender al menesteroso, enseñar al que no sabe, dar cobijo al que lo necesita o acompañar y cuidar a nuestros ancianos? ¿Tienes que pagar algún tipo de impuesto por ayudar a los demás? Entonces, si jamás haces nada de eso la culpa de muchas de las cosas que ocurren en el mundo es tuya, no de Dios. Él te dio la libertad para que pudieras elegir, pero si no eliges sabiamente únicamente tuya es la responsabilidad, tuya la culpa y tuyas las previsibles consecuencias de tan egoísta y cómoda actitud.
Parece obvio que si nadie ayuda a los demás cada uno debe arreglarse como pueda y solo bajo ese supuesto tienen sentido raciocinios aparentemente impecables como por ejemplo ese que dice que por haber nacido en un país de la Europa Occidental uno tiene mucha "suerte". Si alguna vez te has expresado así para defender tu ateísmo déjame que te diga una cosa: Tú consideras que preocuparte únicamente de tu bienestar y del de los tuyos es la cosa más natural del mundo, ¿verdad? Bueno, pues no lo es. Y como no lo es ahí tienes las consecuencias. Entonces dime ¿quien es el verdadero responsable de ellas?
Estoy seguro que no te faltarán miles de excusas para justificar tu actitud y comportamiento. A mí tampoco me faltan para justificar mi egoísmo, mi soberbia, mi vanidad, mi absoluto desprecio hacia los problemas de los demás y mi envidia hacia aquellos que son mejores que yo o que desempeñan un brillante papel en la vida. Tú y yo somos semejantes ¿recuerdas? Pues si lo somos los mismos vicios que empañan la gloria de tu admirable alma inmortal son los míos. Si hay alguna diferencia entre tú y yo seguramente está en el modo conque nos enfrentamos a ellos. En lo que a mí respecta puedo asegurarte que lucho cada día para no dejarme dominar por ellos y que no lo hago simplemente porque estoy convencido de que son intrínsecamente malos. Lo hago, sobre todo, porque soy libre y quien lo es realmente no puede ser esclavo al mismo tiempo de nadie. Ni de uno mismo.
JUAN

lunes, 7 de septiembre de 2009

La Iglesia Imperial

Si estás interesado en conocer los motivos por los cuales la Iglesia Católica es la institución más antigua de todo el mundo y te gusta leer, te aconsejo que analices con cierto detenimiento el libro de Hans Kung titulado: "La Iglesia Católica e Imperial", que está traducido al castellano. No puedo, naturalmente, resumirte aquí su contenido pero lo que sí debo y puedo es hacerte llegar las conclusiones que he deducido de su lectura.

Tras vencer a Majencio en la batalla de Puente Milvio, el gran Constantino entró victoriosamente en la ciudad eterna y aproximándose a los sacerdotes de Júpiter, que esperaban para la realización del sacrificio ritual, les dijo: "Este ritual no sirve para nada; vuestra religión ha muerto" . Entró a continuación en el Palacio Imperial y revestido de púrpura y oro salió a la amplia terraza para proclamar ante el pueblo, que entusiásticamente le aclamaba: "De hoy en adelante, Roma tendrá un único Dios, un único emperador, un solo imperio, una Iglesia y una Fe". Sin embargo, todo ello tomado en conjunto no le impidió ordenar la muerte de su cuñado Licinio y de su sobrino Liciniano, así que ya desde sus orígenes el catolicismo llevó aparejada la extraña y antinatural conciliación entre la doctrina del Amor y la doctrina de la sangre. En eso terminaban trescientos años de cristianismo.

Más tarde, el emperador Teodosio lo impondría como religión oficial y aunque ningún historiador católico lo reconozca lo cierto es que entonces se inició una persecución implacable, tanto de los paganos como de los herejes. En Alejandría el populacho católico entró a saco en el Serapeion, enorme templo pagano en el que se conservaban innumerables obras de arte, y lo destruyó por completo. En Roma y otras ciudades los templos paganos que no pudieron ser transformados en iglesias fueron demolidos y en todos los casos las estatuas de los antiguos dioses y los ornamentos paganos fueron destruidos. En Atenas el propio Teodosio entró en el templo de Júpiter provisto de una pesada maza y destrozó la estatua del padre de los dioses que allí se alzaba, pero por otra parte ordenó la horrible matanza de Tesalónica: las tropas imperiales entraron por sorpresa en la ciudad masacrando a todos los ciudadanos sin distinción de sexo ni de edad. Una vez más el poder político conciliaba la sublime doctrina del verdadero Amor con el crimen abyecto. No obstante, la Católica Iglesia tenía algo que decir y lo dijo: cuando Teodosio quiso entrar en la iglesia de Milán se encontró con un airado San Ambrosio que le impidió la entrada y le dijo: "Ya que has imitado a David en el crimen, imítalo también en la penitencia". El emperador así lo hizo, pero su penitencia ni logró revivir a los inocentes muertos, ni trajo la paz a sus familias.
Quien a espada mata, a espada morirá.
En el libro al que me refiero pueden leerse otros ejemplos notables que ilustran mi teoría de la antinatural conciliación del Amor con la sangre, todos ellos protagonizados por papas, obispos y prelados y como no se puede aceptar que los ciudadanos de otras épocas eran menos inteligentes que los actuales hay que deducir que si semejantes cosas pudieron tener lugar fue debido a la falta de cultura y sobre todo al excesivo poder político de la Iglesia Católica.
"Dad a Cesar lo que es de César y a Dios lo que es de Dios"
El único punto en común que existe entre el catolicismo y el cristianismo es que ambos reconocen que Cristo es Hijo de Dios y que el Gran Carpintero nos amó hasta dar su vida por todos y cada uno de nosotros. Así pues, y redimidos por el mismo Dios, todos deberíamos estar muy tranquilos y de hecho quien estas líneas escribe lo está, a pesar de estar lleno de debilidades y flaquezas. Al fin y al cabo, Cristo mismo nos enseñó cual es el principal mandamiento de Dios y ese yo creo que lo cumplo, porque ciertamente amo a mis semejantes. No me llames presumido porque declare esto, hombre, que tú también puedes amarlos si así lo deseas. No obstante, el sentido común y la experiencia propia me dice que si Dios pone condiciones para amar entonces no ama lo mismo que yo, que no pongo ninguna y ésto no se debe a que yo sea diferente de los demás sino que a mi juicio se debe a la propia naturaleza del Amor: Lo entrega todo sin condiciones y no pide nada a cambio, aunque si a uno se lo dan lo agradece de todo corazón. Pero no ama porque espere un premio, sino que ama porque sí.: "Te quiero, porque te quiero" .
A lo largo de mil setecientos años la Iglesia Católica nos ha pedido de modo insistente que amáramos a Dios y al prójimo, lo que está muy bien. Ha añadido, no obstante, que si no los amamos como ella nos dice y si no reconocemos su autoridad en materia espiritual entonces seremos condenados a los infiernos, a no ser que debidamente arrepentidos solicitemos de ella - de la Iglesia Católica - el perdón de nuestros pecados. Ahora bien; ¿desde cuando el Amor condena? ¿Condenó Cristo a alguien, a excepción de los hipócritas? Si un padre condenara a su hijo porque está lleno de defectos sabiendo que éstos son propios de la condición humana ¿le amaría? Entonces, si Dios es Amor ¿cómo puede condenar a un ser lleno de imperfecciones, defectos y debilidades sabiendo muy bien que todas ellas son consustanciales a su naturaleza? Pues bien; si la Iglesia Católica es, como se dice, la esposa del mismo Cristo y todos sus miembros lo son del Cuerpo místico de Cristo ¿con qué derecho condena a quien no acepta sus mandatos a la condenación eterna? Por otra parte, y dejando de momento de lado el problema moral que entrañan sus condenas, parece evidente que no servirían de gran cosa de no venir acompañadas de un inmenso poder y este hecho se tradujo durante siglos en una terrible alternativa: O se admitía todo cuanto la Iglesia Católica decía tanto en la vida pública como en la privada, o en caso contrario debía responderse ante su Santa Inquisición, que por si acaso las llamas del infierno eran simbolicas procuraba adelantarlas quemando a los condenados por herejía brujería y cosas por el estilo. El hábil,subterfugio de decir que la Iglesia no quemaba a nadie, sino que era el poder secular quien lo hacia suponía en sí mismo un acto de refinada malicia y de notable hipocresía Religión y sangre; sangre y religión unidas desde los tiempos del Constatino, apoyadas por monarcas, emperadores y reyes...religión imperial, al fin y al cabo.
Todos tenemos miedo a morir porque no sabemos lo que ocurre cuando dejamos este mundo y como es bien sabido el miedo es un sentimiento absolutamente irracional, que sabiamente manejado ofrece excelentes resultados. La Iglesia Católica ha jugado con ese miedo hasta la fecha, pero tú amigo y amiga que has gastado algo de tu tiempo en leerme, no tienes que tener miedo. Si a lo largo de tu vida has sabido realmente amar cuando terminen tus días la gran balanza que pesa los actos buenos y malos que todos hemos cometido se inclinará definitivamente a la derecha y la Gran Puerta del Reino se abrirá para ti, que tu alma no fue creada de la nada para volver a la nada, sino para ser eternamente feliz. Date cuenta de una cosa importante: si realmente amas, no lo haces porque esperes un premio. Eso es así ¿verdad? Pues bien, así es y también es verdad que el Amor devuelve siempre ciento por uno. Ese sufrimiento y ese dolor que te producen todas y cada una de aquellas personas a las que amas es fuego purificador en el que se queman todas tus miserias de ser humano. No necesitas, pues, a ninguna Iglesia Imperial que certifique tu salvación o condenación: Necesitas amar. Lo dijo alguien a la que esa misma Iglesia convirtió en santo, ¿recuerdas?: Ama y haz lo que quieras.
JUAN

sábado, 5 de septiembre de 2009

Enséñanos a amar

La calurosa tarde había dejado paso a una noche en la que las temperaturas bajaron brúscamente. El viento decididamente fresco que soplaba con fuerza sorprendió a las personas que transitaban por la Gran Vía con sus atuendos más veraniegos, pero como en Madrid estos bruscos cambios de tiempo están a la orden del día nadie perdió el buen humor. Muy al contrario, el cambio parecía complacer más que contrariar.
La cena en el Círculo había terminado y como suele ocurrir en esta clase de ceremonias en los postres la mayoría de los asistentes se tornó súbitamente confidencial. Juan había contribuido mucho a ello, porque no se había cortado un pelo cuando se decidió a explicar los sentimientos que habían sacudido su alma durante su estancia en Gijón. Sabía muy bien llegar al corazón de las personas si se proponía a hacerlo y eso fue exactamente lo que ocurrió.
- Juanito, enséñanos a amar - dijo una mujer de mediana edad madre de tres hijos y esposa amantísima de su marido, allí presente, que la miró sorprendido.
- ¿Por qué? - preguntó el aludido poniendo deliberadamente cara de tonto.
- Porque sería maravilloso que todos sintiéramos lo que tú sientes - respondió ella -. Vivir la vida con tanta intensidad, tanto en lo bueno como en lo malo. Transmitir ternura, tranquilidad y sosiego como quien no quiere la cosa.
- ¡Oh, vaya¡ Seguramente sería yo quien tendría que preguntarte eso, porque estoy seguro que en el Amor tienes mucha más experiencia que yo.
- En el sentir no hay experiencia - observó juiciosamente ella.
- Marta, yo no soy más que un hombre que no se avergüenza de sus sentimientos, que no los oculta ni los disfraza por temor al ridículo ni al respeto humano. Cuando río y estoy alegre, lo digo; cuando lloro y me encuentro deprimido, también lo digo. Pido ayuda si la necesito y no me dejo dominar por el orgullo, que es buen sirviente pero muy mal amo. Mi vulnerabilidad es mucho más grande de los que muchos creen, pero tampoco me avergüenzo de ella y estoy contento aunque no sea más que un pobre hombre, porque ser hombre es una gran cosa. Si quieres sentir lo que yo siento nada más sencillo: cuando hables con un hombre o con una mujer, ya te sean conocidos o desconocidos, amigos o enemigos, bondadosos o perversos mira directamente a sus ojos, que tan pronto como hagas eso ya empezarás a amarlos. Revive en ellos lo bueno y lo malo que a ti la vida te ha dado y comenzarás a sentir una creciente ternura que te subirá del corazón a los ojos. No te sujetes y sigue mirando esos ojos hasta que descubras en ellos todo lo que tú eres, porque todo lo bueno y lo malo que hay en ti también está en esos ojos. Ahora, al igual que tú desearías que los demás disculparan lo malo que hay en ti, comienza por comprender lo malo que ves en esos ojos y admira lo bueno, que también es mucho. Ten cuidado, porque cuando llegues a este punto pueden asaltar tu alma estos dos terribles enemigos: El primero se llama Soberbia y te impulsará a decir que tú estás libre de los vicios que empañan los ojos del otro; el segundo se llama Envidia y te impedirá admirar en todo su esplendor las virtudes que también se reflejan en esos ojos. Pues bien; manda a ambos enemigos a paseo y sigue mirando, porque te digo en verdad que si así haces tu Amor reconocerá al Amor y cuando eso ocurra - no antes - tu alma inmortal que ha sido creada para amar saltará de gozo y sentirás una extraña paz aunque estés agobiada de problemas. Es terrible saber que muchos de nosotros jamás tenemos tiempo para mirar los ojos de nuestro semejante aunque vivamos cien años. Renunciamos con ello a ver el alma, así que cuando luego alegamos que no existe mentimos. No hay ser humano en este mundo que pueda enseñar a otro ser humano a amar, pero puede enseñarle a mirar y eso es lo único que yo puedo ofrecerte puesto que eso sí que lo he hecho desde mi adolescencia. Descubre, pues, el corazón de tu semejante a través de la mirada y cuando lo hayas descubierto te digo sin ninguna duda que ya lo estarás amando.
JUAN

jueves, 3 de septiembre de 2009

Lecciones que da la vida

Existe en el Reino un enorme patio porticado y pavimentado con grandes losas de mármol. En cada una de ellas figura en letras de oro una inscripción, que como todo lo que escrito está en el reino rebosa sabiduría y sentido común. Pues bien; una de dichas inscripciones dice lo siguiente: "El enemigo enseña bien, pero cobra muy caro".
He dejado Gijón con idéntica pena a la de alguien que va a tardar en volver como si la alegre ciudad distara de Madrid tanto como de Moscú, porque la vida me ha enseñado que no es la distancia la que nos impide volver a hallar a los amigos, disfrutar de nuevo de las cosas queridas o huir de aquellos lugares en los que vivimos agobiados por las preocupaciones y problemas del quehacer diario. Nos aleja de todo eso la vida, no la distancia, y aunque ella nos golpee con mano de hierro no podemos abdicar de la vida. Cada uno debe vivirla de acuerdo con lo que le dicte su conciencia y como la mía me dice que debe ser el Amor el eje sobre el que gire todo mi tiempo, el sufrimiento y el dolor que el Amor produce en el alma son mis más fieles compañeros. Sé que abdicar del Amor equivale a abdicar de la vida y que si ésta se ha convertido en nuestra enemiga no es por culpa del Amor sino por culpa de la falta de Amor, ya que en lineas generales nos amamos muy poco. Olvidamos que al revés de lo que ocurre con el dinero, aquel que ama es como si tuviera un tesoro que crece sin parar, aunque también es cierto que cuanto más amas más sufres.
Procuraba un sacerdote confortar a un joven que padecía una cruel enfermedad con la fuerza de la palabra cuando de repente escuchó de su boca estas palabras: ¡No diga tonterías, Padre¡ Nadie quiere morir y nadie quiere sufrir". Aquel joven tenía razón, pero olvidaba una cosa importante: no estamos en esta vida para disfrutar de ella sino para hacernos dignos de la felicidad eterna, pero como por nosotros mismos jamás conseguiríamos serlo el Autor de la Vida puso en cada corazón humano una chispa de su propio Amor a fin de que seamos redimidos por Él, a pesar de nuestros defectos, flaquezas y debilidades.
Ocurre, sin embargo, que los hombres y mujeres del siglo XXI huyen del sufrimiento que el amor produce como si fuera la peste. Ellos querrían amar sin sufrir y como eso es sencillamente imposible, para no sufrir no aman y así se condenan no al Infierno, que ya sería algo, sino a volver a la nada. Entiéndelo de una vez: sin amor todo cuanto procede de la nada volverá a la nada, que es el conjunto 0 del Amor. Él está, ciertamente, en todas partes y llena el Universo entero, pero en la nada obviamente no puede estar.
No hay ser humano en este mundo que no se haya planteado el problema de su destino final. Quienes afirman que después de esta vida todo se acaba no lo hacen porque tengan pruebas irrefutables, sino porque en muchos casos no les interesa en absoluto que haya algo. Tú te los habrás encontrado en más de una ocasión. Son esos que afirman algo así como esto: "Si tuviera oportunidad de demostrar mi amor hacia mis semejantes, puedes creer que la aprovecharía. Tal vez me llegue algún día".
¡Oh hipócrita¡ Te vi cuando huías de la casa del amigo en la que vivía una persona gravemente enferma, olvidando los días felices en los que te pasabas la vida allí, entre fiestas y diversiones. Te volví a ver cuando negaste consuelo a quien te lo pidió y no te preocupaste del huérfano ni de la viuda. ¿Cómo puedes asegurar que no has tenido oportunidad de amar? Es inútil que pretendas tranquilizar tu conciencia con tan débiles argumentos. No es culpa de la vida que tú no ames; es culpa tuya. No digas, pues, que la vida es tu enemiga para no tener que pagar un precio excesivo por sus lecciones. En verdad te digo que el peor enemigo eres tú mismo. Aprende, pues, de tu propia experiencia aunque tengas que pagar por ello un precio enorme y entonces comprenderás hasta qué punto has estado perdiendo tu tiempo.
Sí, querida amiga. Sí, querido amigo: el principal enemigo de tu felicidad eres tú mismo y no la vida. Tú eres quien eliges entre amar y vivir o entre no amar y morir. No me digas que no te importa no amar porque no voy a creerte. Tú lo que deseas es no sufrir, no sentir preocupaciones por nadie que no seas tú mismo y permanecer indiferente ante el dolor ajeno. Aceptas a duras penas la enfermedad cuando te golpea, pero dejas que sean los demás los que se ocupen de los que hoy están enfermos o sufren los azotes de la horrible vejez. No; así no se gana el Reino, aunque vayas a misa todos los días, reces rosarios interminables o asistas a meditaciones religiosas y actos píos de muy variada índole. En el mejor de los casos todo eso lo haces porque te sobra tiempo, ¿por qué diablos no lo inviertes en amar?¿Crees que tu Dios creerá que lo amas porque vas todos los días a misa? Si es así debo decirte una cosa: Tú no conoces a Dios ni por el forro, porque Él está en el necesitado, en el pobre, en el marginado y en el anciano. Ve, pues, y búscalo ahí porque con toda verdad te digo que en la Iglesia no está. Él te espera y si acudes te recibirá con gozo, derramará con largueza sus dones sobre tu alma inmortal y entonces se abrirán tus ojos y verás, porque ahora aunque tienes ojos no ves.
JUAN