sábado, 23 de mayo de 2009

De Juan a sus amigos

Mis queridas amigas y amados amigos:
Cuando la horrible Tristeza intentaba entrar en mi corazón para arruinarlo y surgían en mi mente todo tipo de dudas y de vacilaciones, me acordaba de vosotros e inmediatamente la Tristeza se esfumaba y todas mis dudas desaparecían. Quienes están persuadidos de que venimos a este mundo para gozar y que fuera de él no existe sino la oscuridad infinita están equivocados por completo. La Naturaleza puede, a veces, ser cruel; pero jamás es sarcástica y un sarcasmo sería venir a este mundo para sufrir. Luego si sufrimos ha de existir una razón.
Vosotros bien conocéis esa razón: Sufrimos porque amamos y aunque a veces los sufrimientos y dolores físicos son horribles, los peores de todos son los sufrimientos morales que nos produce la falta de amor de nuestros semejantes. El Autor de la Vida quiso darnos un cuerpo mortal, pero aún así tan perfecto que si no fuera por los males que nos hacemos los unos a los otros duraría mucho más tiempo del que actualmente dura. Cuando le hacemos responsable de muchos de los males que sufrimos cometemos una gran injusticia, porque Él dictó al ser humano el mandamiento del amor y el ser humano no lo cumplió. Os ruego que tengáis en cuenta esta observación antes de que alguno se vuelva contra Él para acusarle de los males que le aquejan .
El divino Creador hizo al hombre y éste hizo al esclavo, al humilde, al explotado, al marginado y al desheredado. Puso en su alma la semilla de la Paz, pero los hombres no quisieron cultivarla y en su lugar hicieron crecer la mala hierba de la Guerra y en lugar de dejarse llevar por el divino hálito del Amor verdadero hemos dado posada en nuestro corazón a la Envidia, al Orgullo y a la Soberbia. Con tales compañeros ¿cómo no van existir males en el mundo?
Algunos de vosotros habéis sido testigos del inmenso dolor que me ha producido toparme con el egoísmo y con la corrupción, que emponzoña y aniquila a la bondad y que se extiende por nuestro diáfano país como una peste. Con toda verdad os digo que, aunque la enfermedad de un ser querido nos suma en el dolor, aún es mucho mayor el que nos produce comprobar hasta qué punto de degradación ha llegado ese ser humano. Os aseguro que si estuviera en mi mano arrojar de mi corazón el amor que siento por él lo haría sin ninguna vacilación, pero es que no puedo hacerlo. Una y otra vez me digo: "hasta aquí hemos llegado. La próxima vez me van a oír". No obstante mi propósito se desvanece cada vez que miro a unos ojos humanos. Da igual que a través de ellos perciba un alma muerta o gravemente enferma, pues eso no me impide admirarla. ¿Que soy un privilegiado, decís? Pues os aseguro que con tales privilegios no he de llegar yo muy lejos.
Comprobad por vosotros mismos el inmenso poder del Amor Verdadero. Bastaba una sola llamada telefónica o una palabra de consuelo salida de vuestros labios para que yo comenzara a sentirme mejor, porque me sentía querido y acompañado, confortado y en definitiva amado. Admirad, pues, el inmenso poder del que disponéis y apresuraros a ejercerlo ahora que aún estamos en el tiempo del Amor. No os escudéis para no amar en los malos ejemplos que nos ofrecen los que predican el Amor y la Caridad, pero no están dispuestos a aliviar las cargas de sus semejantes ni con un sólo dedo. Bien está que el Papa actual escriba una encíclica llamada "Dios es Amor", pero si no da ejemplo con su vida y con su llamada Iglesia de aquello que escribe sus palabras son vanas ya que el Espíritu del Autor de la Vida pide obras, no palabras. No hay obra mala si esta motivada por el Amor ni obra buena que no tenga esa misma causa, porque sin Amor no somos nada. El mal que hacen los que pretenden hablar en nombre del Amor y después sus obras desmienten sus palabras es inmenso, pues como soban, manosean, moldean y desfiguran al sentimiento más sublime y noble con el que cuenta nuestra naturaleza, al cabo terminan por convertirlo en una grotesca caricatura.
El hombre o la mujer que de verdad sepan amar se maravillarán de sí mismos. No estarán libres ni de sufrir ni de sentir dolor, porque ni el amor puede ir en contra de nuestra naturaleza pero estarán a salvo de sucumbir ya que cuando estén en peligro de hacerlo el mismo Amor verdadero les dará la mano para sacarles del atolladero. Sean cuales fueren los malos ejemplos que recibáis tened en cuenta siempre lo que os estoy diciendo: Quien ama a su semejante con toda la fuerza de su mente, con toda la intensidad de su corazón y con toda la fuerza de sus sentidos puede llegar a hacer milagros, pues esta escrito: "Si amáis, dioses sois".
Os doy a todos las gracias por haberme hecho llegar vuestro calor en estos días. Os confieso que a lo largo de ellos he gimoteado más de una vez y que también he tenido momentos de extrema debilidad. No siento ninguna vergüenza por confesarlo, ya que soy tan débil como el más débil de todos vosotros. Si he de gloriarme de algo me gloriaré por el Amor que siento y en su nombre os digo, queridas y queridos míos:
Que os sea devuelto ciento por uno allí donde únicamente cuenta el Amor.
JUAN

jueves, 21 de mayo de 2009

Tened Misericordia

Juan apartó sus ojos de la Biblia y repitió mecánicamente las palabras del salmo 50:

"Misericordia, Dios mío, por tu inmensa bondad
y por tu compasión borra mi culpa
lava del todo mi delito
limpia mi pecado"
En realidad el Dios de Juan no era semejante a ninguno de los que el ser humano había ido creando a lo largo de su dilatada historia. No era el gran Jehová, terror de los pueblos, que aniquilaba ciudades y ejércitos con la fuerza de su aliento, ni tampoco era Alá el misericordioso, ni el venerable Buda. Quien había sido capaz de idear un Reino maravilloso y esconderlo tras de un Espejo bien hubiera podido idear algún Dios a quien adorar, pero para Juan la idea de Dios era tan sencilla, tan simple y tan natural que no tenía necesidad de recurrir a su imaginación. Le bastaba con buscar dentro de su corazón para hallar al verdadero Dios, único, irrepetible y por supuesto inimitable.
Si el ser humano camina por sendas de muerte y ciego a los dictámenes de la razón inventa pretextos que justifiquen sus crímenes, no tiendas tu mano de Justicia sobre él, antes ilumina su mente para que pueda comprender que él no es dueño de la vida; que no puede regularla ni someterla el imperio de la Ley y que no puede cubrir la injusticia de un mundo que desprecia a la Caridad y escarnece y se ríe de la virtud con otra injusticia mucho mayor. Tras cada vida humana está el Amor y como Dios no es otra cosa que Amor quien atenta contra la vida humana atenta contra el mismo Dios.
"Pues yo reconozco mi culpa
tengo siempre presente mi pecado
contra ti; contra ti solo pequé
cometí la maldad que aborreces".
El terrible panorama de un mundo en el que la ancianidad es considerada como un delito y la falta de uso de razón como una maldición estremeció ligeramente al hombre que ama y la escalofriante naturalidad con la que se justificaba el crimen de segar vidas porque sencillamente estorbaban a los que habían olvidado lo que es ser niño y no querían admitir la realidad de que ellos algún día serían ancianos, abofeteó la razón y la sensibilidad de aquel hombre nacido para amar.
Si no se reconoce la falta ni el pecado ¿cómo podrá ser perdonado? Si a la maldad se la disfraza con argumentos de modo que parezca bondad o si porque no se desean corregir las injusticias que azotan a la humanidad se elimina lo más grande y lo más sublime para salvar lo miserable, lo ruin y lo perecedero entonces no puede haber perdón. Y, sin embargo, yo te pido que perdones por la inmensa piedad de tu Amor.
"En la sentencia tendrás razón
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací
pecador me concibió mi madre."
Cuando lleguen los días de la ira alguien dirá: ¿Dónde esta Dios? ¿Por qué nos abandona en tan grande aflicción? Nadie recordará entonces sus pecados ni tendrá en cuenta el crimen que ha cometido. Legisladores, políticos y jueces dirán ¿Qué hemos hecho nosotros sino defender el bien común? Clamarán los pobres y los humildes al cielo, pero no serán escuchados. Intentarán huir los ricos y los poderosos, pero la red se cerrará en torno de ellos y morirán en medio de un charco de sangre y miseria. Entonces una gran voz se alzará sobre el inmenso cataclismo y dirá: "Hombre: has sido pesado en la Balanza del Amor y has sido hallado falto de peso, has sido juzgado y condenado a pagar hasta la última de las vidas que has destruido".
¿Qué podré alegar en su defensa entonces? ¿Qué argumento utilizaré para lograr conmoverte y hacer que tu brazo se detenga? Ninguno, salvo las palabras de este Salmo, que el Rey David escribió tras su adulterio con la hermosa Betsabé a la que deseó tan pronto como la vio desnuda en su baño. Él mató por una mujer, pero nosotros matamos por mucho menos y además intentamos justificar nuestro crimen. Hacemos matar a la única oveja del hombre pobre para festejar a nuestros amigos y no permitimos que nadie toque a una sola de nuestros inmensos rebaños.
"Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame; quedaré más blanco que la nieve".
Entonces vinieron los socialistas y dijeron: Seamos todos iguales e inventaron miles de leyes cuyos preceptos era punto menos que imposible cumplir. Culparon a la Católica Iglesia romana de hipocresía, porque predicaba la caridad pero no la practicaba, pero copiaron fielmente su inteligente esquema de poder y dijeron: No es justo que los ancianos sufran sabiendo que no hay la menor posibilidad de que puedan vivir, así es que acortemos sus sufrimientos precipitando el fin de sus días en nombre de la solidaridad y también en su nombre precupémonos de las mujeres embarazadas contra su voluntad mientras dejamos abandonados a nuestros parientes más próximos tanto en su vejez como en su enfermedad. Al igual que hace la Iglesia Católica tenemos que hablar mucho sin hacer absolutamente nada por los demás y lo mejor en este sentido es predicar la solidaridad para aquellos que están lejos de nosotros y a los que debido a ese motivo nunca podremos socorrer.
Lava y purifica el corazón humano, Autor de la Vida, a fin de que comprenda que un acto bueno vale más que un millón de palabras buenas; que la auténtica caridad empieza en lo próximo y no en lo lejano y que de nada vale la Ley si no resulta factible aplicarla. La auténtica sabiduría no consiste en hallar razones que justifiquen nuestros actos malos por acción o por omisión, sino en buscar soluciones a los problemas de nuestros semejantes con un corazón puro y sincero. Si para ello has de rociarnos con fuego, hazlo cuanto antes pero te suplico que sea un fuego capaz de purificar nuestras almas sin afectar para nada a nuestros cuerpos mortales. Pues qué ¡Oh divino Señor¡ ¿no basta a tu divina Justicia saber que un día dejaremos de ver cómo te ocultas en el horizonte del cielo, tiñendo el cielo de rojo púrpura?
"Hazme oír el gozo y la alegría
que se alegren los quebrantados huesos
Aparta de mi pecado tu vista
borra toda mi culpa."
Creyeron los hombres que con decir: ¡Nada es pecado¡, el Autor de la Vida justificaría sus actos malos y admitieron con sus obras que en ningún caso un medio resulta malo si con él se persigue alcanzar un fin bueno. Cuando se consigue algo bueno utilizando medios intrínsecamente malos el posible beneficio logrado se vuelve contra quien los utiliza resultando al cabo que, si bien el fin pretendido se consigue, aparecen enseguida problemas nuevos mucho más graves que el que se acaba de resolver. En muchos casos nos ocurre lo que a aquel caballero, que viajaba en un tren acompañado de dos señoras y la primera dijo: Àbrame usted la ventana, porque si no lo hace me voy a asfixiar. El complaciente caballero se apresuró a cumplir la orden, pero aún no había acabado de abrir la ventana cuando la segunda señora dijo: "Haga usted el favor de cerrar, ya que de lo contrario voy a helarme de frío". El caballero se quedó perplejo pero entonces un joven que casualmente había presenciado toda la conversación dijo: "la solución es muy sencilla. Abra usted la ventana hasta que la segunda dama se muera de frío y una vez que haya logrado eso cierre usted la ventana hasta que la primera dama se asfixie y luego haga usted lo que mejor le parezca".
El gozo y la alegría de aquellos que siguen tus mandatos y cumplen el dulcísimo deber de ser caritativos con sus semejantes es eterno. No apartarás de ellos jamás tu divino rostro y si en alguna ocasión te faltaran los reprenderás con dulzura. Perdonarás sus errores fruto de su debilidad y confortarás su alma con la llama azul del Amor verdadero. Por tu inmenso Amor, Dador de Vida, borra toda nuestras iniquidades y perdona nuestras horribles culpas. No imputes su pecado a todos aquellos que atentan contra la Vida ni les envíes más males que los que ellos mismos se procuran, porque los que así actúan jamás tendrán un sueño tranquilo.
"¡Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme
no me arrojes lejos de tu rostro
no me quites tu santo espíritu".
Creyendo que tras la vida mortal nada había, los hombres y las mujeres dijeron: "Démonos al placer sin tasa ni medida y comamos y bebamos, puesto que mañana tenemos que morir". Más el placer corrompió su corazón y la abundante comida y bebida envenenó su sangre. Cegados sus ojos a la Verdad y cerrado su corazón al Amor Verdadero, levantaron orgullosos su mano y creyendo ser dueños del Universo dictaron leyes impías, que beneficiaban al rico y perjudicaban al pobre. Hicieron befa del humilde y sacrificaron la inocencia a la comodidad. Cuando los malos días llegaron, se oyó en el cielo una voz que decía: "Ha llegado el momento en que cada cual reciba según lo que ha dado y que recoja el fruto de aquello que ha sembrado". Y el espíritu del Creador se alejó del hombre y éste jamás pudo verlo.
Grandes son nuestros crímenes y terribles nuestras abominaciones. Hemos olvidado de ti hasta tu santo Nombre, renegado de tus preceptos y hemos pecado en contra de la propia Naturaleza, que degradada hasta el infinito ya piensa en vengarse. No obstante, por encima del horror que hemos creado y de la confusión inenarrable en la que se hallan muchas almas está tu inmenso Amor. ¿No ha de bastar ese Amor para redimir nuestras culpas? No estés eternamente enojado con nosotros, pues recuerda que estamos hechos de barro y que entre el barro ha de vivir nuestra alma inmortal. ¿A quien ha de sorprender entonces que de vez en cuando se manche?
"Devuelveme la alegría de tu salvación,
afianzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti"
Llamaron loco al prudente y estúpido al bondadoso. A los que realmente amaban los cargaron de responsabilidades diciéndoles: ¡Ea, puesto que tanto amas lleva nuestras cargas¡ pero aunque los que amaban las llevaban jamás lo hacían a satisfacción de los que nada llevaban. ¡"No es por ahí"- decían - "Las llevas muy mal" o "llévalas más aprisa". El camino del malvado es amplio y cómodo; el del justo estrecho y lleno de dificultades, más aún siendo así los que caminan por éste dicen a los otros: Hermanos, aún estáis a tiempo de elegir la senda que conduce a la Vida. Abandonad, pues, ese camino, porque cuando menos lo penséis os encontrareis con la perdición eterna. Deja, divino Señor, que mi palabra conduzca a los malvados hasta el camino que conduce a la Felicidad. Que mi brazo sea fuerte para que sirva de apoyo a todos aquellos que vacilen y otórgame la gracia de poseer un corazón valeroso, que no se arredre ante la dificultad ni ceda ante la maldad y ante la hipocresía. Mira bien dentro de él, ¡Oh inefable Creador¡, y ve si mis obras están o no de acuerdo con mis palabras y para que no digan que únicamente me dejo llevar por las emociones concédeme un entendimiento claro para que pueda aplastar la maldad y avergonzar a todo aquel que la practica.
Líbrame de la sangre, ¡Oh Dios¡
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios
y mi boca proclamará tus alabanzas.
Corrompieron la inocencia de los niños sometiendolos a vergonzosos abusos y les hicieron tomar las armas para que aprendieran a matar a su semejante. En lugar de colocar en sus almas la fecunda semilla del Amor, sembraron en ellas la estéril semilla del odio y así crecieron entre él. Estos niños, cuando llegaron a ser hombres, robaron, violaron y mataron. Si alguno les preguntaba: ¿Por qué hacéis cosas tan horribles?, ellos respondían: Hacemos lo que nos habéis enseñado y obramos como habéis obrado. La hipocresía de los poderosos se extendió por toda la tierra y aquellos que predicaban la Paz y la defendían en público participaban como accionistas en empresas que producían todo tipo de armas. Aquellos que condenaban el sexo fuera del matrimonio o que aseguraban que los hombres únicamente podían amar a las mujeres regentaban fábricas de preservativos y participaban en sociedades anónimas que fabricaban la píldora abortiva. Condenaban los católicos el aborto cuando quienes lo practicaban eran otros, pero si en su propia familia se daba un caso similar no dudaban en aprovecharse de las ventajas de una Ley que en público condenaban.
¡Líbrame de tanta sangre, Creador del Universo¡ y porque no sería justo que me libraras a mí de ella y condenaras a otros líbralos a ellos también, porque llegarán días en que aquellos que deseen tener hijos no podrán tenerlos y al ver en peligro su raza y su estirpe comprenderán que no es lícito oponerse a la Naturaleza. Caiga toda tu cólera sobre aquellos que pervierten a la inocencia y despéñense sus almas por el puente que separa el mundo de la materia del de la energía para que jamás puedan ver tu Luz. No des descanso eterno a sus envilecidas almas a no ser que sus maldades las cometan debido a la enfermedad y, en cualquier caso, divino Señor:
Miserere mei, Domine
secundum magnam misericordiam tuam.
JUAN

miércoles, 20 de mayo de 2009

Especímen humano

Después de decir todas estas cosas voló Johnny-boy y con idéntica velocidad a la del rayo atravesó el Espejo. Subió luego al Palacio de la Vida en el que el divino Sol reside y solicitó una audiencia, que le fue concedida inmediatamente. Con paso ágil y flexible, el divino adolescente de ojos azules atravesó las luminosas y amplias estancias impidiendo con un gesto a los que en ellas estaban que cumplieran con el ceremonial de las reverencias y de los saludos. Llego así a la antecámara, cuyas puertas se abrieron automáticamente ante su sola presencia , y se postró humildemente ante su divino Padre, que al verle en tal actitud le dijo:
- ¡Hijo querido¡ ¿Cual es el motivo de esa terrible preocupación que se refleja en tu rostro divino? Si alguno de tus hermanos se ha atrevido a ofenderte dínoslo claramente, que le reprenderemos con severidad aunque se tratara de nuestro propio primogénito. Quien ofende al Amor Verdadero a Nos mismo nos ofende.
- Poderoso Señor y querido Padre mío- respondió el Príncipe -. Ninguno de vuestros hijos me ha ofendido, pues si bien es verdad que Ignisboy casi siempre me provoca, lo cierto es que como en el fondo me ama sus provocaciones nunca llegan a ofensas. Son los humanos quienes me han ofendido, porque han atentado contra la Vida arrogándose el derecho de regularla e ignorando la evidente verdad de que como tras cada vida humana estoy yo, si deliberadamente se suprime ésta a mí mismo se me suprime.
- ¿Y como te has enterado tú de esas cosas? - preguntó cariñosamente el Sol.
- Porque he visto revolotear a la Tristeza en torno al corazón de Juan, mi querido amigo, el cual en estos días sufre intensamente tanto por lo propio como por lo ajeno. Siento infinita piedad por él, ya que fui yo mismo quien le mostró el milagro de la vida humana y ahora por propia experiencia sabe cuan poco importa la vida de los demás a muchos seres humanos a los cuales y a pesar de todo no puede evitar amar con todo su corazón. En verdad que está a punto de perder a la divina Esperanza, pues no puede comprender el motivo por el que sus iguales desprecian la vida de los ancianos y de los niños hasta el punto de evitar cuidar a los primeros y procurar que los segundos no vean tu luz inmortal.
Ah, hijo querido¡ -exclamó el Autor de la Vida haciendo un gesto de impotencia con su mano derecha-. Bien sabes que, a pesar de todo nuestro poder, no podemos ni debemos interferir en las decisiones humanas, porque le fue dado al hombre la facultad de poseer libre albedrío. Sabemos cuanto está sufriendo tu amigo, el hombre que ama, porque él mismo nos hizo llegar su dolor y fueron tan tiernas sus palabras, tan inocentes sus argumentos, tan sincera su confianza y tan conmovedor su amor que aún el Reino entero sigue maravillado. ¿Ves, hijo querido, como no todos los hombres son iguales? Ya sabes lo que está escrito, ¿no? "Un grano de trigo no hace granero, pero ayuda al compañero". Nos ha pedido que el amor de los menos compense la falta de amor de los más y te participo que nos sentimos inclinados a complacerle.
- Él pide por los demás, pero yo deseo pedirte por él - replicó Johnny-boy.
- ¿Pues qué es lo que deseas, hijo querido? Dínoslo, a fin de que lo sepamos porque nos sentimos inclinados a concedértelo.
- Pon en sus labios, divino Señor, palabras de sabiduría a fin de que cuando sus semejantes las escuchen digan: Hay razón en lo que Juan dice y si no obramos tal y como sería justo es porque somos miserables y egoístas ya que no pensamos en otra cosa que en nuestro propio bienestar. Cuanto nos estorba para conseguirlo lo eliminamos, aunque sea la misma vida y luego nos apresuramos a tranquilizar nuestras conciencias con miles de argumentos.
- ¿Y eso de qué serviría? - preguntó el Padre de toda Luz, como si no comprendiera el motivo de tan extraña petición - ¿Acaso las palabras pueden compararse con las obras? Si le dieran la razón y siguieran obrando mal, llamando especimen humano a la chispa de la vida y destruyéndola sin compasión alguna o condenando a los ancianos a sufrir sin ayuda sus enfermedades, ¿crees tú que podria justificarlos?
- No te pido que sean justificados por la palabra de Juan. Te pido únicamente que sirva para demostrarles que están equivocados y así tal vez algunos de ellos se arrepientan y rectifiquen sus nefandas conductas, ya que si no lo hacen será inevitable la llegada del día de la ira y cuando tal acontecimiento ocurra ¿quien podrá escapar de él?
- Tienes una inagotable confianza en el género humano, hijo mío - respondió el Sol haciendo un gesto de aquiescencia-. Para todo cuanto hace, ya sea bueno o malo, sabes hallar una disculpa pero te participo que si el humano aniquila la vida del humano no es porque ignore que eso sea malo sino porque le tiene sin cuidado lo que sea. Así pues, aunque tu amigo Juan hablara a sus semajntes con la misma lengua de los ángeles no le escucharían ni le darían la razón por más brillantes que fueran sus argumentos. Un hombre que ama no tiene que ser necesariamente un hombre que convence. Para convencer no basta únicamente con hablar, sino que es necesario que los actos del que habla sean coherentes con lo que dice.
- Entonces, Padre mío, ¿dejarás a Juan sin ningún tipo de protección cuando se enfrente a todos aquellos que defienden el crimen y el genocidio? ¿No has de hacer nada cuando se empeñe en convencer a sus semejantes de que la eutanasia y el aborto son malos por naturaleza?
- ¿Acaso hemos dicho que no vamos a hacer nada por él, Niño Azul? -objetó el Sol poniendose muy serio -. Lo único que te estamos diciendo, hijo mío, es que aunque concediéramos a Juan el inapreciable don de la Sabiduría de nada serviría, porque los soberbios nunca pueden ser sabios y si no se es sabio ¿de qué sirven las palabras de la Sabiduría? No, hijo mío. No convertiremos a tu amigo en un hombre sabio, pero le ayudaremos durante todos los días de su vida para que no flaquee, porque en verdad te decimos que el mejor modo que tiene Juan de influir en las conductas de sus semejantes es a través de su propio ejemplo. Si aún así estos persistieran en sus errores y ciegos al Amor, a la Justicia y a la Naturaleza se empeñaran en seguir la senda de destrucción por la que se precipitan te aseguramos que cuando Juan ya no esté entre ellos lamentarán su comportamiento y pagarán hasta el último céntimo la inmensa deuda que han contraido con Nos y con la vida.
Así habló el divino Sol, fuente de calor y de vida, a su hijo Johnny-boy y viendo éste que sus palabras eran justas no insistió en su petición.
Juan

lunes, 18 de mayo de 2009

La respuesta de Johnny-boy

El Niño Azul halló a Juan cerca de la fuente pero éste no le vio absorto como estaba en sus pensamientos. En sus ojos brillaban aún dos únicas lágrimas, que al resistirse a abandonarlos los hacían brillar intensamente.
-Estoy aquí, hombre que ama - dijo sencillamente el Príncipe.
- Bueno, si venís a decirme que aún me quedan más cosas por las que sufrir podéis ahorraros el comentario - gruñó el otro olvidando por completo todas sus dotes diplomáticas -. Decidme, ¿os parece que he apurado el presente cáliz de dolor hasta las heces , como vos deseabais, o no?
- Verás, Juan. Te conocemos desde niño y bien sabemos que llevas mejor las contrariedades y sufrimientos propios que los ajenos. Sabemos que una vez más has sufrido una terrible decepción ante el torpe comportamiento de tus semejantes, que no ven otra cosa que apariencias y únicamente reaccionan ante el temor pero te decimos que deberías estar alegre, porque si has sufrido por ellos más que por ti mismo eso es debido a que los amas. Únicamente el sufrimiento prueba el verdadero amor.
- Os aseguro, Alteza, que he estado tentado de decirles que era sobrino de la Duquesa de Alba -declaró entonces el amigo de todo el género humano, sonriendo muy a su pesar -. Les hubiera mentido, naturalmente, pero en tanto tuvieran dudas el problema se hubiera resuelto muy satisfactoriamente.
-Oh, bueno, eso no podías decirlo porque no es verdad, pero hubieras podido asegurar que eras amigo del Amor Verdadero y que en su nombre solicitabas únicamente lo que era justo - replicó el Niño Azul.
- Se hubieran reído de mí, Alteza, o habrían creído que estaba loco de atar. Siento decíroslo pero el Amor no es precisamente un sentimiento que se pasee por los hospitales públicos de este país. Eso, naturalmente, no contribuye a mitigar mi dolor, sino que lo aumenta.
- Lo sabemos. No obstante tú contabas cuentos a las ancianas que hacían compañía a tu madre, les cantabas canciones y las llevabas cosas para entretenerlas. ¿Cómo podías hacerlo si tu corazón estaba encogido por el dolor?
- Bueno, Alteza, ellas no tenían la culpa ¿no creéis?- Juan parecía defenderse en lugar de mostrarse orgulloso de lo que había hecho -. De todos modos la cosa no sirvió de nada por culpa de aquella monja.
- ¿La que te dijo que algunos hacían el bien para recibir alabanzas de los demás?- preguntó el Príncipe- Te oyó criticar al Señor Cardenal de Madrid y claro...
- Alteza, no creo que hayáis venido a verme para comentar las cosas que he hecho estos días -terció Juan, de muy mal humor al sospechar que el taimado Niño Azul estaba intentando congraciarse para que olvidara la aparente dureza conque le había tratado-. Sois un Príncipe muy listo, ya lo sé, pero aún así no debéis olvidar que yo también os conozco desde hace mucho tiempo.
Tras escuchar estas palabras, el más dulce de todos los príncipes del Reino respondió:
- Hemos venido a decirte que Nos, Johnny-boy, reflejo azul del Espejo en el que la vida de todo mortal se refleja tal cual es y no tal y cual desea que sea nos hemos sentido muy conmovidos por tu llamada al Amor, pues fue hecha desde el fondo de un corazón que sufría y aún así llegó a nuestro divino Padre acompañada de una inquebrantable Fe, de una invencible Esperanza y sobre todo de una inefable Caridad. Así pues, por nuestro nombre te aseguramos que si tus semejantes se preocuparan de hacer llamadas semejantes a esa, aunque únicamente fuera de vez en cuando, los males que te predijo nuestro divino hermano Darkblueboy jamás se abatirían sobre vuestro pequeño planeta. ¡Dichoso aquel hombre o aquella mujer que al elevar su corazón hacia el autor de la vida le solicita beneficios para los demás, aunque él esté muy necesitado de ellos¡. En verdad te decimos que aquellos que así obraran, no sólo obtendrán lo que solicitan para los demás, sino que conseguirán también lo que ellos necesitan ya que, aunque no lo pidan, bien sabe nuestro divino Padre lo que hay en el corazón de los mortales. Tú no pediste al Autor de la Vida nada para ti, aunque bien lo necesitabas, mas héte aquí que alguien se cruzó en tu camino e hizo por ti lo que tú jamás te hubieras atrevido a hacer. Dinos, Juan, si como aseguras no crees en la casualidad, ¿cual ha sido la causa? Todo ha sucedido para que jamás vuelvas a tener dudas sobre los que moran allende el Espejo y para cuando los demás te digan: ¡Eh, Juan tontorrón, que eres un tontorrón, ¿como es posible que sigas creyendo en la existencia de un principio Creador, que nos escucha cuando le hablamos? tú puedas responderles: "En verdad que yo le hablé y me escuchó, así que sería un ingrato si lo negara"· Con estas palabras callarás la boca de los incrédulos
Ahora escúchanos a Nos muy atentamente: Por haber aceptado con resignación lo que creías inevitable y haberte rebelado contra la corrupción, la injusticia, el egoísmo y la falta de caridad de aquellos que más deberían tenerla Nos ponemos en tu boca palabras de Paz: Quien con el corazón humilde se acerque a Juan en busca de consuelo lo hallará; quien esté en guerra obtendrá la paz y quien al igual que un niño asustado venga a cobijarse en tu corazón hallará en él su morada y te acompañará hasta el final, haga lo que haga. Quienes sufran por causa de Nos y digan: ¡Oh Amor verdadero, evítame este sufrimiento, pues que no puedo evitar amar aunque bien lo desearía¡ Nos le conduciremos hasta Juan y él hará las cosas mucho mejor que Nos mismo, porque su corazón es de carne y de carne es el corazón de sus semejantes. Así pues, has llamado al Amor y el Amor te responde y te dice: Consuela con tu Amor el sufrimiento y el dolor de los que aman, porque tan cierto que como existe cielo y tierra únicamente el Amor puede consolar al Amor.
JUAN

jueves, 14 de mayo de 2009

Polémica en el Reino

La divina Aurora, que a su Padre el Sol siempre precede, sostenía una conversación con las flores que crecen en el Jardín de las Brisas Cálidas a la sazón bastante alborotadas porque la divina Eco había extendido por todo el Reino la llamada al Amor que Juan había hecho desde el otro lado del Espejo.
- Se dice que el Padre Sol ha ordenado a las briznas que atraviesen el Espejo y difundan por toda la tierra lo que Juan ha dicho - comentó una margarita, moviendo significativamente su corola -. ¿Por qué lo ha recibido con tanta complacencia el gran Rey de la Vida?
- Pues verás, margarita -respondió Aurora sonriendo-. La llamada de Juan llegó a mi Padre acompañada de la brillante Fe, de la alegre Esperanza y de la sublime Caridad. Siempre que los humanos se dirigen a él y traen tan buena compañía sus mensajes son muy bien recibidos.
- Pero Alteza, si Juan sufre tanto como parece deducirse de su mensaje, ¿por qué no le ayuda vuestro divino hermano Johnny-boy? Nosotras, las flores, teníamos entendido que el Niño Azul es muy amigo suyo.
- Quizás no se haya enterado de lo que ocurre- aventuró una rosa, aunque en un tono de voz que demostraba muy poco convencimiento.
- ¡Oh querida¡ ¿Cómo no iba a enterarse?- exclamó la orgullosa Begonia mientras apartaba con desden una mata de hierbas, que casi impedían verla -. El Divino Adolescente siempre se entera de las cosas que afectan a los hombres que aman. Y Juan es un hombre que ama ¿no?
- No tengo yo tal seguridad -declaró una azucena, poniendo perdidas con su polen a todas las flores que crecían a su alrededor-. En conjunto, los humanos tienen tendencia a decir a los demás que aman mucho, cuando en realidad no aman absolutamente a nadie.
- ¡Oh, callaos¡ - protestó un tulipán, de muy mal humor porque le había despertado la algarabía formada-. Únicamente sabéis hablar y hablar. Quizás Su Alteza sepa lo que ha pasado y quizás desee contárnoslo. Sin embargo, no la dejáis hablar.
- Bueno, yo no sé nada -declaró Aurora-. Personalmente opino que mi divino hermano ha sido excesivamente cruel con Juan, pero claro no puedo asegurarlo hasta averiguar lo que realmente ha pasado. Prometo hablar de ello con él en cuanto le vea y entonces volveré para comentároslo.
- Creo que no tendréis necesidad de volver, Alteza, porque acabo de ver a Johnny-boy dirigiéndose hacia este jardín - declaró una gran rosa blanca, muy hermosa.
Así era en efecto. El Niño Azul no tardó en llegar hasta donde estaba la Princesa Aurora y al verlo tan cerca las flores se apresuraron a inclinar sus corolas en señal de respeto, ya que como es sabido el más joven de todos los príncipes del Reino es Señor de las flores.
- ¿Al fin apareces, Niño cruel? - inquirió la hermosa Princesa con el rostro ligeramente alterado-. Te he buscado por todas partes pero ha sido inútil, pues tú bien sabes esconderte cuando quieres.
- He estado en mi jardín de los Afectos perdidos, querida hermana, y ya sabes que cuando estoy allí nadie puede verme a excepción de nuestro Padre y de aquellos a los que expresamente invite - respondío sonriendo -. Así que no me he escondido, para que te enteres.
- Pues no sé que decirte. Oye, Johnny-boy, ¿te parece bien lo que haces con nuestro amigo Juan? Apenas se acomoda a una situación difícil cuando tú le envías otra más difícil aún y cuando el pobre logra adaptarse a ella tú duplicas las dificultades y empinas el camino de su vida sin tener piedad, ni de su debilidad ni de su sufrimiento. Me temo que con tales amigos el pobre Juan va listo. Pues qué, ¿acaso no le has probado ya bastante? ¿Por qué aumentaste su sufrimiento exigiéndole que apurara el cáliz del dolor hasta las heces? ¿No te das cuenta de que él confía en ti y que ahora podría creer que le has fallado? Su llamada al Amor ha conmovido a todo el Reino salvo a ti y hasta nuestro Padre, de ordinario tan sereno, se ha sentido emocionado por sus palabras. No me dirás que no las has escuchado, porque aunque estuvieras en lo más profundo de tu jardín la graciosa Eco llega a todas partes.
- Divina y querida hermana ¿a qué vienen tus reproches y tus agrias palabras? - respondió el más dulce de todos los príncipes-. Si tú amas a Juan, yo también lo amo pero te digo de verdad que cuanto ha ocurrido ha sido necesario que ocurriera. Claro que he escuchado su llamada al Amor. ¿Cómo no podría escucharla si el Amor soy yo?
- Bueno. Si la has escuchado no comprendo que te hayas quedado en tu jardín sin hacer absolutamente nada por ese amigo al que tanto amas - gruñó la hermosa princesa, a quien las palabras de Johnny-boy no parecieron tranquilizarla ni poco ni mucho -. No sé lo que vas a hacer tú, desde luego, pero por lo que a mí respecta esta misma noche pienso aproximarme a su lecho para depositar un beso en su frente.
Johnny-boy la miró. Ni siquiera la Princesa Aurora podía resistir la mirada azul del divino adolescente cuando en ella brillaba la llama del Amor. Os digo en verdad que, aunque en el Reino hay muchos tonos de azul, ninguno de ellos es comparable en pureza y en belleza al azul de los ojos del Príncipe.
- Sientate a mi lado, ¡Oh divina Princesa, cuyos rosados dedos acarician el cielo cada mañana¡, porque una cosa tengo que decirte.
- Conque me digas la razón que te mueve a tratar tan duramente a Juan me conformo- declaró ella acomodándose en el pequeño banco que está justo al borde del prado -. Te advierto que hasta la divina Luna está molesta contigo. Me lo ha dicho esta misma noche.
- "Había una vez dos matrimonios que suspiraban por tener descendencia y al cabo lo consiguieron. El primero de dichos matrimonios gozaba de una posición económica muy desahogada y educó a su hijo en la abundancia, concediéndole todos los caprichos, resolviendo todos sus problemas ya fueran grandes o pequeños y dándole la razón. Siempre que cometía una falta sus padres buscaban la culpa en los demás y así, si otros niños no querían jugar con él sus padres le decían que era porque le tenían envidia; si los maestros le suspendían corrían a verlos y les echaban una bronca y hasta se enfadaban con sus hermanos y parientes si éstos les decían la menor cosa mala de su hijo. Así transcurrió la infancia de este niño y así transcurrió también la alegre juventud, pero un buen día aquellos padres que tanto le habían protegido y mimado fueron llamados y no tuvieron más remedio que dejarle solo. En ese mismo momento la vida, que hasta entonces le había sonreído, se le antojó insufrible al comprobar que no sabía resolver por sí mismo ninguna dificultad y que tampoco podía hallar a nadie que se las resolviera, así que agobiado por la propia vida tuvo una ancianidad solitaria, triste y abundante en lágrimas que nadie enjugaba.
El segundo de los matrimonios educó a su hijo de un modo muy diferente. Le acostumbró desde niño a ser responsable de sus actos. Cuando éstos eran buenos así se lo decían y compartían la alegria que la bondad produce, pero cuando eran malos únicamente él pagaba las consecuencias de ellos. Sus padres, no sólo aceptaban de buen grado las opiniones de amigos, maestros y parientes aunque no fueran buenas, sino que de vez en cuando se las solicitaban y si éstas no eran muy favorables pedían explicaciones al hijo advirtiéndole de que no mintiera, ya que si lo hacía no se libraría de un duro castigo. Además le acostumbraron a ganarse el pan con el sudor de su frente, sin concederle caprichos ni don alguno que previamente no hubiera merecido y si en algún momento tenía dificultades y problemas, aunque fueran muy pequeños, jamás su padres se las resolvían limitándose a darle los consejos oportunos para que fuera él mismo quien lo hiciera. Si los frutos de sus obras eran amargos no le endulzaban la amargura y aunque cuando sufría sus padres se conmovían hasta las entrañas en ningún momento le engañaron diciéndole que no merecía sufrir, ya que bien sabían que la vida del hombre sobre la tierra está llena de sufrimiento y además conocían bien su causa: Ese sufrimiento y ese dolor los producía siempre el ser humano, así que como su hijo no tenía más remedio que relacionarse con sus semejantes le prepararon para enfrentarse a cuanto es capaz de hacer el ser humano, tanto bueno como malo. Pasó también la infancia y la juventud y también los padres de este hijo fueron llamados a la Puerta, quedándose tan solo como el anterior. No obstante, como sabía que en la vida nada se consigue sin lucha y que en ella el dolor, la decepción, la amargura y la impotencia eran algo habituales no se sorprendió ni mucho ni poco cuando hasta él llegaron y como estaba acostumbrado a la lucha emprendió contra ellos una feroz batalla y terminó ganándola, disfrutando de una ancianidad feliz, tranquila y plena.
Ahora dime, querida hermana mía, cual de las dos familias amaba más a su hijo"
- A mí me parece que la segunda.
- Cierto -convino Johnny-boy dando una palmada- . Has juzgado muy certeramente, puesto que el Amor Verdadero no es complaciente, sino muy exigente. Y bien, dime, Aurora ¿lo que hace una familia humana formada por mortales no he de hacerlo yo, que soy el Amor Verdadero? Nada tienes que temer, porque aunque muy duras te parezcan las cargas que colocamos sobre los hombros de Juan él puede muy bien soportarlas, ya que es un hombre que ama. Así pues no estés preocupada por él, pero si flaquea en la batalla ayúdale a ganarla, si llora enjuga sus lágrimas y si se queja no te sorprendas mucho, pues con ello demuestra que únicamente es un hombre tan débil y miserable como los demás. En cuanto a su llamada al Amor, te digo que si mucho ha conmovido a nuestro Padre más me ha conmovido a mí y como el Amor jamás deja de responder al Amor te aseguro que le responderé. No obstante, déjame hacerle fuerte en la adversidad y comprensivo en la necesidad para que sea adalid de la Caridad, virtud divina. De este modo, de sus labios saldrán siempre palabras que extenderán la dulce Paz en todos los corazones mitigando las heridas que los seres humanos se hacen los unos a los otros.
Así habló el Niño Azul a la hermosa Princesa Aurora, que a su padre el Sol precede, y viendo ésta que sus palabras eran acertadas y justas sintió cómo se le alegraba el corazón y se dio cuenta de que había juzgado muy ligeramente a su divino hermano. Pues, en efecto, si el Amor fuera complaciente en lugar de exigente el mundo estaría lleno de él en lugar de estar lleno de corrupción, vicio, ansias de poder y deseos desordenados.
JUAN

miércoles, 13 de mayo de 2009

La llamada al Amor

Admirado por las palabras del más sabio de todos los príncipes del Reino, levantó Juan los ojos al cielo. El Sol, esplendoroso y divino, brillaba en el firmamento con absoluta y serena majestad esparciendo el calor y la luz sin las cuales no es posible la vida. Entonces, con sus ojos arrasados en cálidas lágrimas que sin quemarlos los abrasaban, aquel pobre hombre a quien el dolor abrumaba acertó a decir estas palabras:
¡Divino Señor del que proceden todas las cosas y ante el que se inclinan todas las criaturas¡ Escucha mi voz aunque proceda de alguien tan insignificante y mezquino como yo, que habiendo recibido tantos favores y dones me quejo ante el sufrimiento aún sabiendo que éste purifica el alma inmortal y hace fuerte y sabio al ser humano. Bien sabéis, Autor de la Vida, los motivos por los que lloran mis ojos y la razón última de mis dudas y vacilaciones, que aunque el dolor por lo propio es intenso, el dolor por lo ajeno es infinito. Al mezclarse ambos me producen angustia mortal y no hay consuelo que pueda mitigarlos. ¿Por qué has puesto en mi corazón la tremenda carga de amar a mis semejantes sin evitar que mi mente razonara sobre sus actos? La madre ama al hijo y no ve en él defecto alguno aunque lo tenga, más yo amo y veo al mismo tiempo los terribles vicios y espantosos actos de muchos hombres. Estoy rodeado de almas muertas, así que dime ¿como es posible que aún así las ame? La hedionda vaharada de putrefacción que percibo se extiende por toda la tierra y va en aumento sin que pueda hacer nada, porque cada ser humano es individual y posee libre albedrío. ¿De que me serviría a mí entrar en tu Reino dejando fuera de él a tantos?¿Crees que podría ser feliz así?
Así pues compadécete de mí y aparta tus airados ojos de nosotros. No destruyas tu principal obra ni quiebres el Espejo, aunque a él únicamente se asomen muy pocas personas y perdona a los más por el inmenso amor de los menos. Porque si yo, que únicamente soy un hombre, siento enorme compasión por mis semejantes, que extraviados y corruptos caminan en pos de la riqueza, de la fama o del poder ¿qué no has de sentir tú siendo su Creador?
Estoy tan asustado como lo está un niño ante su primera pesadilla. Son incontables y enormes los crímenes de la Humanidad; el hombre lucha contra el hombre como luchan las hienas por un pedazo de carne podrida y la Caridad se pasea harapienta y enferma por nuestras grandes ciudades sin que nadie quiera acogerla. El orgulloso insecto humano alza sus manos al límpido cielo y dice: "Fuera de esta vida nada hay, por consiguiente quien es compasivo o está loco o es un ignorante" y así aquel al que puede quitar la vida el más insignificante de los animales se cree un dios cuando únicamente es barro miserable.
¿Ves como en el fondo somos los más estúpidos e ignorantes de todos los seres? Mientras los animales irracionales respetan escrupulosamente su naturaleza, nosotros nos empeñamos en destruirla acometiéndonos unos a otros, envidiando al rico y al poderoso y despreciando al humilde, apartando de nosotros cuanto estorba a nuestro placer y creyéndonos tanto más inteligentes cuanto más mal hacemos. Es cierto que hemos colocado arriba lo que debía estar abajo, pero en muchos casos no es por maldad sino por ignorancia. No castigues, pues, a la ignorancia sin iluminarla primero con el Amor, porque muchos seres humanos creen sinceramente amar aunque no amen y como son ignorantes no puedes culparles de su ignorancia ni castigarles por ello.
Ten un poco de paciencia, divino Señor, y ya verás como muchos corazones no tardarán en abrirse ante la inefable Luz azul del amor verdadero, que abrasa sin quemar y nos purifica y ennoblece hasta hacernos inmortales. Más si no quiseras tenerla, no hagas pagar a los justos las culpas de los pecadores no sea que se diga: ¿Qué clase de Principio Creador es este, que no separa la paja del trigo y quema a ambos en el mismo horno cuando está irritado? No somos dignos de nada, ya sabes, pero aún así también sabes que somos amados. Dime ¿ha de perderse ese Amor? ¿No comprendes que si tal cosa ocurriera serías un fracasado? Así pues, ¡Oh Creador¡, miranos con misericordia y no con ira. No extiendas tu fuerte mano sobre nosotros como no sea para bendecirnos y detén tu justa cólera, que aunque la corrupción más execrable se extienda por el planeta como la más terrible de las gangrenas, tú nos amas y cuando hay Amor para nada sirve la Justicia. Además, si como se asegura en el reino el Amor salva, no tiene ninguna lógica que condene al mismo tiempo.
JUAN

lunes, 11 de mayo de 2009

Compensaciones del que ama

Darkblueboy miró con cariño al hombre que ama, que estaba asustado como un niño. Ese "no saber disimular emociones" le agradaba mucho, porque era indicio seguro de que a pesar de su edad Juan continuaba poseyendo un corazón de niño. No obstante, y al revés que Peter Pan que se resistía a dejar de ser niño en lo físico, el amigo de todo el género humano se había empeñado más bien y durante toda su vida en conservar un corazón tan puro como lo puede ser el de un niño. Así pues, y aunque había cometido graves errores ninguno de ellos eran los que puede cometer un hombre adulto, sino un niño, y los errores de un niño siempre son contemplados con indulgencia allende al cristal y al azogue del Espejo.
Pues bien; el más sabio de todos los príncipes tenía más cosas que decir a Juan, ya que era del todo punto necesario levantar su ánimo y disipar las dudas que habían enturbiado su mente en los últimos días. Tenía que seguir confiando en el género humano para evitar el riesgo evidente de que debido a sus muchas ingratitudes, egoísmos y graves fallos pudiera dejar de amarlo, hecho que precipitaría la llegada del día de la ira.
No te asustes tanto -dijo-. Estas cosas llegarán únicamente cuando el tiempo de amar se termine, pero la Humanidad aún está en ese tiempo. Muchos de tus semejantes no se dan cuenta de que, aunque el Amor hace ciertamente sufrir y sufrir mucho, mientras dura vuestro paso sobre la tierra se sufre en cualquier caso y que la falta de Amor no garantiza por lo tanto la falta de sufrimiento. Date cuenta de que, si forzoso es que sufráis, mejor es sufrir por Amor que por cualquier otro motivo porque como el Amor nunca muere sufriréis por algo que es eterno. Estáis hechos de barro sumamente quebradizo y toda vuestra vida es una lucha constante. Sometidos a la enfermedad y a la vejez ninguna compensación material puede libraros de ellas, de modo que esos que hoy ríen y creen que el mundo es suyo, mañana llorarán y se sentirán abandonados por el mundo. Los jóvenes se harán viejos; los padres, abuelos; los que hoy son poderosos mañana estarán desvalidos y nadie puede detener esa inmensa noria a la que llamáis vida. Ese que asegura estar a cubierto de toda eventualidad futura porque acumula inmensas cantidades de dinero y aún se afana por tener más es el más necio de los mortales, pues olvida que Violetboy puede venir a buscarle aunque sea joven y entonces ¿de que han de servirle las riquezas que ha conseguido? ¿Quien valorará el sufrimiento que le ha producido lograrlas? ¿De qué le valdrán sus largas noches de insomnio, discurriendo cómo podría invertir mejor su dinero a los efectos de multiplicarlo? En verdad te digo que su sufrimiento serán tan baldío como su dinero cuando se presente ante la Balanza que pesa el Amor.
Hijo mío: Un hombre o una mujer que aman poseen compensaciones que ni pueden ser expresadas con palabras, ni pueden ser puestas por escrito aún por parte del ser humano dotado del mayor grado de imaginación posible. Toda palabra se queda corta; toda metáfora es inadecuada; toda comparación inútil. La más sublime de las poesías, la más perfecta de las partituras musicales o el cuento más maravilloso que pudiera concebir la imaginación humana son incapaces de expresar, ni siquiera por aproximación, las compensaciones íntimas que reciben aquellas personas que aman. Recuerda tu respuesta cuando te preguntaron que describieras lo que sentía un hombre que ama: "Tú ama y verás" -dijiste. Respondiste con sabiduría pero quien te escuchó te juzgó un ingenuo. No obstante, cuando volviste a coincidir con él en el hospital porque su mujer había sufrido un accidente de automóvil ¿qué te dijo? Voy a repetírtelo por si se te ha olvidado. Te dijo: "daría mi vida porque ella viviera". Las lágrimas que entonces asomaron a tus ojos eran por tu amigo; las que hoy asoman son por tu madre y por todos aquellos que como ella atraviesan situaciones difíciles. Así pues ambos amáis, pero tu amigo ama lo que es suyo en tanto que tú amas lo tuyo y lo ajeno. Dínos, ¡oh creador de mundos nuevos¡, si deseas realmente alejar de tu alma inmortal las compensaciones que recibes por amar tanto. Si las dulces palabras que levantan el corazón del afligido no fueran acompañadas por la experiencia ¿de qué servirían? ¿Quien puede transmitir paz a las almas si no conoce la guerra? ¿Podrás comprender la debilidad y flaqueza de tus semejantes sin sentirte uno de ellos? Si únicamente hablaras del Amor Verdadero y tus palabras no fueran acompañadas con el ejemplo muchos podrían pensar que eres un iluso, un charlatán o un farsante; pero si con hechos demuestras a tus semejantes que efectivamente amas ellos formarán en torno de ti un corro y a gritos te dirán: "Tenemos sed, Juan. Dinos dónde está la fuente de la cual bebes a fin de que jamás volvamos a sentir mas necesidad de beber". Entonces y solo entonces tus palabras serán efectivas y llegarán tan directamente al corazón de tus semejantes que sentirán, incluso, hasta dolor físico. Así pues, soñador que sueñas con estrellas y luceros, no hagas caso de aquellos que te dicen que amar no sirve para nada ni de aquellos otros que temen al Amor como si se tratara de su peor enemigo, que es muy fácil asegurar que se ama cuando las cosas van bien y por eso precisamente el divino adolescente permite que, a veces, la vida de los que lo dicen se complique. Únicamente así, ese Amor que aseguran tener será verdadero ya que se manifiesta en la adversidad, en la miseria o en la enfermedad. Se manifeista con obras, porque todo aquel que asegura amar pero que encarga a los demás las obras del Amor es un hipócrita y será juzgado muy duramente.
Por la transcripción:
JUAN

jueves, 7 de mayo de 2009

Envenenadores de almas

Después de decir estas cosas, el más sabio y estudioso de todos los príncipes tomó del brazo a Juan y le obligó a salir al jardín. La radiante y alegre Primavera estallaba en él y se manifestaba con esplendor tanto en el verde de los árboles como en la belleza de las flores, de las que estaba lleno a rebosar. Una pequeña fuente de agua muy fresca susurraba entre los árboles y los alegres pájaros llenaban el ligero aire de mayo con sus trinos mientras revoloteaban por todas partes.
Entonces Darkblueboy habló de nuevo. Bien oiréis lo que dijo:
No temas a aquellos que a través del veneno pueden terminar con vuestra vida mortal, porque por muy larga que os pueda parecer en verdad no lo es más que la vida de una de estas flores, que apenas florecidas se marchitan y no sirven para otra cosa que para echarlas al fuego. Teme más bien a aquellos que a través de palabras engañosas, frases aparentemente ingeniosas u observaciones que parecen ciertas pero que no lo son consiguen envenenar lentamente a las almas transformando así su amor en odio; sustituyendo esquemas afectivos dictados por la sabia Naturaleza por otros que únicamente dicta el interés o la conveniencia. Estos envenenadores son sagaces como las serpientes. Su veneno primero paraliza el alma y después hace que se convierta en esclava de quien la envenena. hasta que, al cabo, termina volviéndose contra todo lo que hasta entonces le era sagrado: familia, amigos, convicciones religiosas y hasta ideas políticas. Cuando un alma está completamente envenenada la mente no advierte la maldad del hermano que va contra el hermano, del hijo que primero lucha frente a sus padres y cuando a éstos les rinde la amarga vejez los abandona. La inteligencia queda presto cegada por el veneno y no acierta a ver otra cosa que lo que el envenenador pretenda que vea; su razón oscurecida; su voluntad y libertad viciadas de tal forma que no se hace nada que el envenenador no quiera que se haga.
Si te topas con un corazón envenenado no intentes sanarle, porque contra cierto tipo de venenos el único antídoto efectivo es mantenerse alejado y no existe nadie que pueda ser inmune. Incluso tu Amor, aún siendo inmenso, resultaría inútil y cualquier interferencia que procuraras no estaría justificada, ya que quien se dejó envenenar pudo evitarlo y no lo hizo. Pues bien; lo que él no hizo tú tampoco debes hacerlo.
Escucha bien, hombre que ama, nuestras palabras y no te asustes de ellas, porque para erradicar de vuestra sociedad la hipocresía que la impregna únicamente existe un remedio y ciertamente se trata de un remedio terrible. Así pues, cuando el divino adolescente de ojos azules sea colocado entre los dos espejos entre los que se halla el Universo grandes y terribles males se abatirán sobre vuestro planeta. Los edificios que orgullosos construís se precipitarán sobre vosotros y habrá terremotos, hambre y miseria. Lo que ahora aparece unido y creéis que es eterno enseguida quedará roto y desunido, pues únicamente de este modo el ser humano puede darse cuenta de que no es sino polvo. La divina Luna y el viento Aquilón se pondrán de acuerdo y el mar se precipitará sobre vuestras ciudades costeras arrasándolas hasta que de ellas no quede ni el recuerdo. Surgirán nuevas enfermedades a las que no será posible hallar atajo y la mortandad será tan grande, tan terribles los males y tan espantosos los cataclismos que muchos creerán que ha llegado el fin de vuestro mundo. No obstante, no será así y cuando Johnny-boy abandone su lugar entre los dos espejos la raza humana seguirá existiendo, pero será una raza muy diferente de la que hoy es porque habrá aprendido la gran lección que hace mucho tiempo aprendieron los habitantes de otros planetas semejantes al vuestro: Que la única Ley por la que debe regirse todo ser racional es la Ley del Amor; que sin ella ninguna Ley vale y que donde se halla el Amor y la Caridad allí también se halla el Principio Creador, que todo lo hizo por amor.
Te decimos todas estas cosas sin ánimo de asustarte y si alguno las leyere y creyera que son ficción quede sobre su conciencia su risa y su burla. Tú, amigo de todo el género humano, nada tienes que temer, porque si bien es cierto que deberás presenciar todo cuanto aquí está escrito te prometemos que no lo has de sufrir.
Así habló Darkblueboy a Juan una mañana de primavera y lo que él le dijo así queda escrito.
JUAN

miércoles, 6 de mayo de 2009

Al final, sólo el Amor cuenta

Y sucedió que en aquellos días Darkblueboy, Señor de las ciencias y de las artes e hijo muy querido del Sol, que con su luz y calor da la vida, habló a Juan y le dijo lo siguiente:

Desconfía de todos aquellos que te ponen condiciones para ofrecerte ayuda cuando la necesites. En verdad te decimos que cobran por anticipado favores que después te negarán escudándose en miles de pretextos, porque únicamente aquellos que realmente te amen te acompañarán en la ancianidad sin tener en cuenta si has hecho en tu vida lo que ellos deseaban que hicieras o si no lo has hecho. El Amor auténtico y Verdadero, amigo de Johnny-boy, no pone condiciones así que si alguien pretende vender una ayuda poniéndolas aléjate de él como si se tratara de la peste. ¿No comprendes que bastaría conque una sola vez te negaras a hacer lo que se te pide para hallar la disculpa que tu pretendido y futuro benefactor busca para no sentir remordimientos de conciencia ante una decisión previamente tomada? ¿De qué te servirían entonces las otras veces en que te has comportado como exige quien te ofrece una eventual ayuda, si por un vez que no hicieras lo que se te ordena la enajenaras? Así pues, hijo mío, tú haz siempre lo que tu conciencia te dicte y si por hacerlo alguien te asegura que perderás su amor es que amor por ti no siente ni lo ha sentido nunca. No importa si esa persona pertenece a tu propia familia o se trata simplemente de un conocido, porque siendo el Amor un sentimiento libre nadie está obligado a amar ni a ti ni a nadie.
¡Oh dulce mendigo de Amor¡ ¿De qué sirve mendigar ante un corazón que en lugar de albergar la inefable luz azul alberga la miserable envidia y está lleno de rencor y de resentimiento? ¿Cómo van a darte algo de lo que carecen? Busca, pues, corazones nobles, que no estén corrompidos por la horrible Envidia ni poseídos por el pálido Rencor y cuando los halles llama a su puerta. Verás como esa puerta se abre y entonces te darás cuenta de lo equivocado que estabas pretendiendo entrar en un corazón envenenado.
No digas ¿Cómo es posible que mi hermano, o mi amigo o mis parientes más cercanos no me amen? ¿Acaso no los amo yo a ellos?. Date cuenta de que aunque tú los ames, ellos no tienen por qué amarte a ti y abandona tu insistencia aceptando la realidad, por muy cruel y terrible que te parezca. Si sufres porque no te aman procura alejarte de ellos, pero cuando sean inevitables los encuentros mantente distante, cortés y en guardia. No te fíes de nada de cuanto te digan y mide cada palabra que pronuncies en su presencia, porque anotarán cualquier desliz y tendrán en cuenta tus fallos en mucha mayor medida que tus aciertos. Magnificarán tus defectos mientras minimizan los suyos; si les haces un favor enseguida lo olvidarán y negarán si les conviene lo que primero te han afirmado. Cuando en un corazón humano no hay Amor enseguida se convierte en una roca de hielo y esa glacial frialdad cala hasta el alma convirtiéndola en un erial en el que únicamente crecen las malas hierbas de la desconfianza, la mala fe, el rencor, y a veces hasta el odio. Es curioso ¡Oh Juan¡ que percibiendo tan bien esos síntomas aún te empeñes en que te amen. No pueden amarte y te aseguramos que no te amarían ni aunque volvieran a nacer nuevamente.
Sabemos que esto que te decimos te hace sufrir y que por eso mismo tiendes a rechazarlo, más líbrate de hacerlo. No olvides quien somos ni tampoco que si hablamos contigo sobre estos temas es porque así nos lo ha pedido nuestro querido hermano Johnny-boy: "Ea hermano -dijo-. Hora es ya que en la mente de Juan se fije de una vez por todas lo que le dice su corazón. Así pues, habla con él y explícale razonablemente las cosas a fin de que no se empeñe en buscar Amor donde no lo hay". Y es que, en efecto, aunque todos los hombres poseen una inagotable capacidad para el Amor algunos creen que si aman a otros que no sean de su propia familia tienen menos amor que si únicamente la aman a ella. El colmo de la tacañería es ser tacaño en el Amor y aunque tal comportamiento carece de ningún sentido y no tiene una explicación lógica ten por seguro que hay muchos tacaños y que, en consecuencia, nada de particular tiene que te topes de vez en cuando con alguno.
Que no te asusten diciéndote: ¡Qué va a ser de ti cuando enfermes¡ o ¿Quien te acompañará cuando seas anciano, si estás solo? Ningún mortal puede conocer a ciencia cierta su futuro y hacer planes sobre él se asemeja mucho a ese popular cuento de la lechera en el que por haberse roto el cántaro y caído la leche que contenía, nada de cuanto imaginaba su portadora podía ocurrir. Un hombre como tú, que ama a sus semejantes hasta el punto de derramar lágrimas por sus errores, jamás estará solo y si ocurriera que nadie quisiera acompañarte en tus últimas horas Nos te aseguramos que los mismos ángeles del cielo harían guardia en torno de tu lecho.
Así dijo Darkblueboy y tal como él lo dijo así se escribe.
JUAN

lunes, 4 de mayo de 2009

Alguien ayudó a Juan

Nos somos Johnny-boy, Príncipe e hijo del divino Sol fuente de Vida. Somos un reflejo azul que se muestra en el Espejo de tu vida y detrás de él ciertamente vivimos, puesto que aunque vosotros aún no podéis vernos nos sentís sin embargo con fuerza en vuestro corazón.

Este es nuestro mensaje para alguien que ayudó a Juan:

Querida: Nos todo lo vemos y nada de cuanto se hace por Amor nos pasa desapercibido, de modo que estábamos allí cuando encontraste a tu amigo absorto ante los rosales intentando a duras penas contener las lágrimas. Tú creíste que lloraba por su madre y pensaste que había pasado lo peor, pero después supiste que su dolor no era únicamente por ella y entonces algo saltó en tu corazón. Ciertamente, hace falta amar mucho para llorar por aquellos que han hecho de la corrupción el modo habitual de vivir, pero tu amigo es así: Posee una inquebrantable fe en el ser humano y cada vez que los hechos le demuestran hasta qué punto ha perdido su dignidad y ha enlodado su incomparable alma inmortal sufre una decepción. Así es que el hombre va de decepción en decepción sin querer admitir la terrible realidad y creyendo siempre que los demás son como él mismo. Le conocimos cuando era un niño y aunque el tiempo ha transcurrido para él al igual que para cualquier mortal sigue poseyendo un corazón de niño.

No pidió nada ni dijo nada. Quería ser tratado como el más humilde de todos los ciudadanos, pero entonces se topó con el terrible espectro de la corrupción y se asustó. Ya sabes, Juan es asustadizo pero no cobarde. Sabe muy bien lo que espera al ser humano si no rectifica y como le hemos dicho que el tiempo de amar se termina y que se aproximan los días de la ira cada vez que comprueba lo poco en que se ha convertido el ser humano se pone a temblar. No te asustes, pero tan cierto como existe el divino Sol te decimos que esos días serán terribles y que cuando lleguen muchos creerán que el Autor de la Vida está arrepentido de haber creado a la raza humana.

Tú reaccionaste con una frase admirable: "Tu madre es la mía. Déjame a mí manejar los cacharros de la cocina y decir lo que tú callas, que a mí no me importa nada meterme entre el barro ni me voy a sorprender porque manche". Y tal como lo dijiste así lo hiciste. Revolviste en la infecta charca en que naufraga la Caridad, virtud divina, e hiciste que todo el veneno que yace en el fondo saliera a la superficie. Quienes permanecen sordos ante la llamada de su conciencia no pudieron permanecer impasibles ante el riesgo de una posible revolución mediática, porque a menudo aquellos que más descuidan sus almas se muestran sumamente celosos con todo cuanto atañe a su imagen.

Nos pedimos a Juan ese silencio que tu rompiste pero estamos muy contentos de que lo hayas roto, porque si hablaste fue por Amor y Nos únicamente somos Amor. Díselo así cuando hables con él y entonces comprenderá que ante el Amor Verdadero hasta un mandato de un Príncipe hijo del Sol puede no ser respetado.

En cuanto a ti te decimos que por haber hecho eso jamás se apartará de tu corazón nuestra inefable e inextinguible luz azul, que llenará tu vida. La tristeza y la soledad nada podrán contra ti y permanecerás en seguridad cuando todo sea inseguro. Ese dardo de dolor que atravesó el corazón de tu amigo también atravesó el tuyo y os unirá con tanta fuerza, que allí donde esté el corazón de Juan allí estará el tuyo. Si en el camino de la vida algún día te sientes perdida los luceros que brillan en el cielo te mostrarán el camino y nada podrán contra ti ni el desánimo, ni la angustia, ni la terrible noche que se apodera del corazón del malvado. No podemos librarte del sufrimiento ni del dolor, pero te haremos fuerte para que puedas soportarlos. Así pues, la luz azul que iluminó tu corazón cuando vistes sangrando el de tu semejante nunca saldrá ya de él , iluminará tus días grises, te pondrá a salvo cuando tus pies vacilen y te conducirá a un lugar seguro cuando lleguen los días de la ira. Huirá ante ti la Soledad como huyen las tinieblas en presencia del Sol. Mira, pues, que el Amor mismo va a poner sobre tu frente su inconfundible sello y no te sorprendas cuando adviertas sus efectos, porque ente él se doblega la Creación entera.

Johnny-boy

Príncipe.