sábado 28 de febrero de 2009

Un tiempo para pensar

Está escrito en la Biblia que hay un tiempo para todo de modo que a lo largo de nuestra vida debe haber en ella tiempo para pensar. La llamada Cuaresma podría ser, después de todo, ese tiempo aunque a mi modo de ver cuarenta días pensando es demasiado tiempo. Ya me conformaría conque pensáramos un poco al menos un día de esos cuarenta pero me temo que, como digo, para muchos un día de su vida dedicado a pensar es demasiado tiempo.
No obstante, los que el Miércoles de Ceniza acuden a la Iglesia para que se la impongan no pueden evitar que durante algunos minutos aparezca la terrible realidad de que tanto tú como yo, que nos creemos tan inteligentes, tan guapos, tan importantes y tan imprescindibles, pasado un tiempo no seremos absolutamente nada. "Memento hominem; pulvis eris et in pulvis reverteris" repite el sacerdote cada vez que coloca ceniza en la frente o en el pelo del fiel y éste se retira luego pensativo y cuando llega a su asiento medita estas palabras. La realidad se impone cruel, aunque únicamente sea por unos minutos y con ella llega la resistencia a desaparecer. Dichoso tú que tienes la seguridad de que existe otra vida después de ésta, porque ya exista o no, es evidente que tu Fe y tu Esperanza harán el milagro de que vivas como si realmente existiera.
Ocurre, sin embargo, que acabada la ceremonia uno tiene que reincorporarse a su modo de vida habitual en la cual la razón es mucho más importante que la Fe y que la Esperanza. Así pues, y en una gran mayoría de casos, uno vive igual que aquellos que afirman que después de esta vida no hay otra aceptando tácitamente sus argumentos. En verdad que son poderosos, aunque si piensas un poco enseguida te darás cuenta de que son inútiles. Hoy voy a permitirme hablarte de ellos, no con la intención de que te conviertas como sin duda desea la Madre Iglesia, sino con la intención de que uses tu razón y seas consecuente con lo que ella te diga. Ya sabes, querido amigo y querida amiga, que madres no hay más que una así que está muy lejos de mí pretender ser tu madre o tu padre. Únicamente soy tu semejante y solo por eso te amo. Es una razón como otra cualquiera ¿no?
Usando únicamente las luces de la razón no se ve por parte alguna la necesidad de que exista otra vida. Centenares de generaciones de hombres y de mujeres han pasado por este mundo y de ellas únicamente se recuerda a aquellas que han alcanzado la gloria -observa que digo gloria y no fama - y aquellas otras que por un motivo o por otro han pasado a la Historia. En líneas generales son muy pocas; la gran mayoría se han hundido en el pasado, incluso las que pertenecen a nuestra propia familia. Es cierto que el recuerdo de nuestros padres o de nuestros hijos permanece en nosotros aunque ya no estén; es cierto que también recordamos a nuestros hermanos y abuelos, pero a partir de ahí para de contar. La idea que tenemos de nuestros bisabuelos es, en el mejor de los casos, nebulosa y cuando llega hasta nosotros la noticia de que alguien que en su día fue nuestro amigo, pero que ya no lo es porque la vida nos separó de él, ha dejado este mundo en el mejor de los casos la pena que nos produce se fundamenta en la nostalgia y no en el amor. Estos son hechos, no palabras ¿verdad? Ahora dime: ¿Esperas volver a verlos a todos en la otra Vida o más bien crees que no los verás nunca más? Recuerda que tu respuesta ha de estar fundamentada en la razón exclusivamente, porque si mezclas la Fe y la Esperanza en tus conclusiones no podré llevarte a dónde yo deseo.
Por otro lado te darás cuenta de que mucho antes de que tú nacieras el mundo estaba lleno de hombres y mujeres semejantes a ti mismo y que en él ocurrieron muchos acontecimientos de los que si tienes alguna idea es porque alguien los escribió conservando el pasado en unos rollos de papel, pero tú ciertamente no los has vivido sin que te incomode ni preocupe su recuerdo. Antes de que tú y yo naciéramos nada existía para nosotros. Y, no obstante, existía. Así pues esa frase que quizás hayas leído en este blog de que "Aunque nosotros no tengamos noticia ni constancia de la existencia de algo, puede existir realmente" se fundamenta en nuestra propia experiencia y por lo tanto es válida. Lo que quiero decir, y perdonad si no me expreso con la claridad conque desearía hacerlo, es que así como antes de que nacieras existía una vida de la que no eras consciente, después de que te vayas puede también existir otra de la que tampoco eres consciente, porque tu razón no llega a tanto. Es decir; que el hecho de que tanto tú como yo no tengamos consciencia de la existencia de una Vida después de esta no significa que dicha Vida no exista. Cuestión muy diferente es saber si tanto tú como yo "naceremos" a esa nueva Vida o no. No obstante, adelantaríamos mucho en el razonamiento si pudiéramos hallar el motivo por el cual hemos nacido para esta vida y seguiríamos avanzando si, además, conociéramos la razón por la que nunca jamás volveremos a nacer. No obstante, a estos dos interrogantes no hallamos respuesta y, sin embargo, tiene que existir un motivo por el que hemos nacido y tiene que existir otro para que nuestra vida sea irrepetible. Pues bien; si con las luces de la razón no podemos hallar ambos motivos ¿como vamos a hallarlos en lo referente a esa nueva Vida de la que no tenemos la menor experiencia?
Resulta mucho más cómodo negarla, deducir entonces que esta vida es la única y vivirla del modo que a uno le de la gana: huyendo de todo aquello que nos produce dolor y sufrimiento y buscando desesperadamente el placer, el poder, la riqueza y la fama. Así es que si tú estás convencido de que no existe más vida que ésta o de que si existe otra es imposible que lleguemos a nacer a ella repite conmigo, pero pensando, esta frase. "Comamos y bebamos, que mañana moriremos" y lígala, si puedes hacerlo sin que salte algo dentro de ti, con esta otra: "Considera, hermano, el hecho cierto: hoy estás vivo, mañana muerto". No sé tu respuesta ni me interesa; lo importante es lo que sientas tú, porque lo que siento yo bien lo conozco. No obstante, sea lo que sea, ahora tienes que ser consecuente con eso que sientes. Recuerda que estamos considerando la cuestión desde la razón exclusivamente, que aquí por tanto no tienen ningún valor ni la Fe, ni la Esperanza. Y mucho menos aún lo que diga la Iglesia Católica al respecto.
Ahora bien; que no tengas Fe ni Esperanza en la existencia de otra Vida puede ser una consecuencia lógica de tu negativa racional a admitir que existe. Eso es a mi juicio ser consecuente, si señor, porque no se puede creer ni esperar en algo que no existe.
Bien; pues sé consecuente también con el Amor y no ames. No ames a nadie: ni a tus padres, ni a tu mujer, ni a tu marido, ni a tus hijos, ni a tus amigos. A nadie. Tú bien sabes que amar significa sufrir y que cuando amas el dolor de tu mujer, de tus padres o de tus hijos es tu propio dolor. Huye, pues del sufrimiento y del dolor, que estorban en tu vida y que son como pesadas cargas que te impiden vivirla.
Anda, pues: No ames a nadie y de este modo serás absolutamente consecuente con lo que tu razón te dicta.
JUAN
 
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