miércoles, 31 de diciembre de 2008

Adios a 2008

Hoy nuestro planeta azul completará un circulo más alrededor del divino Sol, por el que circula a la increíble velocidad de 106.000 kilómetros por hora, es decir, 29,5 kilómetros por segundo a lo largo de una órbita elíptica que tiene 930 millones de kilómetros y desde una distancia media al Sol de 150 millones de kilómetros. Así pues, la noche del 31 de diciembre se celebra en todo el mundo este hecho y puesto que a las 0:00 horas se inicia un nuevo recorrido por la citada órbita, la gente se intercambia regalos, se desea mutuamente lo mejor para ese nuevo período y organiza banquetes, bailes y otros jolgorios para señalar debidamente el evento.
No obstante, si se aplica el más estricto racionalismo a las celebraciones del Año Nuevo, se deducirá enseguida que son absurdas. Para que no lo fueran debería cambiar el corazón humano y éste, por desgracia, no suele cambiar mucho. Así pues en el nuevo año Ignisboy seguirá encendiendo la pasión en los corazones de los humanos, que se sentirán tan deseosos de placeres sexuales como siempre y promoverá terribles guerras, matanzas, injusticias y envidias demoledoras hundiendo a muchas personas y ensalzando a otras. Goldenboy continuará fomentando la ambición de poder y de riquezas, la codicia, la falta de solidaridad, la hipocresía y la desigualdad efectiva entre los que son ricos y los que son pobres. Greenboy renovara, una vez más, el ciclo natural de la vida haciendo que florezcan los campos y vistiendo de verde los árboles. Brotarán así las cosechas y el ser humano tendrá alimento. Orangeboy seguirá mitigando el dolor de vivir haciendo que cicatricen las terribles heridas que producen las separaciones de los seres queridos, la destrucción de las familias, la enfermedad, la vejez y la injusticia. Johnny-boy hará que despierten los corazones bajo la llamada suave y al mismo tiempo imperiosa del Amor Verdadero haciendo que muchas personas sientan la íntima satisfacción de saber que son útiles a los demás a través de su entrega y de su sacrificio. Favorecerá, asimismo, todo tipo de unión entre personas que se realice bajos sus impulsos y hará que florezcan las más bellas flores en medio del infame lodazal en que se ha convertido este planeta. Darkblueboy, por su parte, seguirá favoreciendo a la Ciencia y al Arte produciéndose nuevos descubrimientos, que transformarán sustancialmente el modo de vivir del ser humano, al que alargará la vida y hará más libre a través del saber. Por último, Violetboy seguirá acompañado al ser humano cuando le llegue la hora de alcanzar la Gran Puerta, en la que la materia y la energía se separan hasta la llegada del fin del Tiempo y a través del largo túnel del Olvido borrará cualquier recuerdo de la vida humana, salvo la Esperanza y el Amor Verdadero. Por tanto, y bajo el prisma de esa razón a la que tanto se invoca antes de admitir o negar algo, el año 2009 tiene que ser bastante parecido a 2008, porque el ser humano no cambia porque cambie el tiempo y a éste sólo lo vence el Amor Verdadero, que es inmutable.
¿Qué haces aquí, ¡Oh Soledad¡ y por qué vienes a importunarme con tu voz de vieja bruja? ¿No sabes que yo soy un hombre que ama y que en consecuencia jamás estaré solo? Mañana, envuelto en la divina música de valses, polkas, mazurcas y czardas veré una vez más a todos aquellos a los que mi corazón ama y me sentiré acompañado por todos ellos, ya se encuentran aún en este mundo, ya hayan salido de él. No importa que algunos no me hayan amado si los he amado yo, porque soy más feliz dando que recibiendo y no amo para que me devuelvan nada por ello. He descubierto la auténtica felicidad, así que tú no puedes nada contra mí. Ve, pues, a importunar a los que rodeados de personas esta noche se divierten en los bailes, entre sexo y champán, pues con ellos te auguro mucho más éxito que conmigo. Yo no necesito aturdirme para crear a mi alrededor un mundo de felicidad ficticia, de amor ficticio, de alegría ficticia y de risa vacía, porque cuando el corazón está lleno de la inefable Luz Azul del Amor Verdadero brilla en la más negra de las noches y en la peor de todas las situaciones. Tu falsa compasión no es más que una añagaza para perderme. Guárdatela, pues, porque no la necesito. Hoy, como siempre, mi corazón está al lado de los que amo y bien sabes tú que éstos son muchos. ¿Cómo te atreves, pues, a amenazarme con tu amargura y pretendes hundirme entre recuerdos de ingratitudes, olvidos, decepciones y amores nunca correspondidos? Jamás he amado a nadie esperando que me amaran y como hay cielo y como hay tierra te aseguro que he de continuar el próximo año y todos los que me queden hasta que para mí el Tiempo termine. Por lo tanto, molesta dama que guardas las puertas de la Desesperación, vete con tu triste salmodia a otra parte donde seas mejor recibida, porque mi corazón está ocupado desde mi juventud por el más dulce de todos los príncipes del reino y no hay en él sitio para ti.
FELIZ AÑO CON AMOR
JUAN

lunes, 29 de diciembre de 2008

A vueltas con la Familia

Debo felicitar, ante todo, a los organizadores de la Magna Eucaristía celebrada ayer en la Plaza de Colón y presidida por Su Eminencia Reverendísima el Cardenal Rouco Varela. La asistencia al acto ha sido masiva y demuestra que, al menos teóricamente, España sigue siendo una nación católica mal que le pese a nuestro Presidente de Gobierno. Nótese que he dicho católica, no cristiana y nótese también que hay sensibles diferencias entre la Doctrina de Cristo y la de la Iglesia Católica.
La condena del aborto tiene su fundamento en el derecho natural y enlaza perfectamente con el reconocimiento expreso de que todos los derechos que posen los seres humanos nacidos corresponden asimismo a los no nacidos, aunque ya concebidos. La mujer no tiene más derechos que el hombre en este sentido y en consecuencia la reclamación planteada por algunos grupos feministas acerca del derecho de la mujer a usar su propio cuerpo, aparte de ser una horterada de marca mayor, constituye una prueba de soberbia intolerable. La Naturaleza quiso que la mujer fuera el santuario de la vida y no es lícito profanar lo que la Naturaleza ha decretado. Admito que los problemas de las mujeres embarazadas en contra de su voluntad son muchos y admito también que quizás los hombres no seamos los más autorizados para hablar de estas cosas: No obstante, digo esto: la culpa de la existencia de situaciones desesperadas, duras, delicadas y hasta terribles nunca la tiene el ser que está por venir, así es que si se legitima el aborto eso equivale a condenar a quien no tiene culpa alguna, es decir: al inocente. Naturalmente puede negarse todo esto, pero no por negarlo deja de ser menos cierto y los centenares de miles de abortos que tienen lugar en nuestro país cada año constituye una cifra escandalosa mírese por donde se mire. Atenuantes,todos los que se quiera; eximentes, ninguno y lamento mucho decirlo.
La eutanasia significa en griego "muerte placentera" y su aplicación por motivos humanitarios constituye una muestra más de la refinada hipocresía que gangrena a una sociedad muy poco dispuesta a sacrificarse por los demás. Cuando los remedios de la medicina fallan y el paciente camina irremediablemente hacia la Gran Puerta hay que paliar su dolor , hacerle compañía y atenderle con todo el cariño del mundo pero en modo alguno se puede acortar una vida que no nos pertenece. Es cierto que hay enfermedades muy dolorosas, paraplejías terriblemente penosas tanto para quienes las sufren como para su familiares y amigos, desequilibrios mentales degenerativos que vuelven literalmente locos a enfermeras y cuidadores. Sí; todo eso es cierto porque desde el mismo momento en que nacemos estamos condenados a la enfermedad y ésta llega cuando menos lo pensamos, ya seamos jóvenes o ancianos. Salvo excepciones muy contadas nadie desea morir, así que si alguien nos manifiesta ese deseo debemos pensar que lo hace porque no puede sanar y no porque quiera morir . Adviértase que son cosas diferentes, aunque no siempre se expresen con estas palabras y óbrese siempre pensando en el enfermo y no en uno mismo. Me atrevo a asegurar que si se hace esto así nuestra perspectiva cambia por completo, aunque es mucho peor para nosotros que para aquellos que atraviesan una enfermedad terminal. No tengas, pues, prisa, porque el enfermo será llamado justo en el momento que más le convenga a él y no en el que te convenga a ti.
Lo de la familia es ya harina de otro costal. Como he expresado en mi anterior comentario, la Sagrada Familia estaba casada pero al no haber consumado el acto matrimonial su matrimonio era nulo, lo que en nada prejuzga que hubiera un gran Amor entre María y José. Si tal Amor existía ya comprenderán ustedes que daba igual que estuvieran casados o no y tampoco importaba mucho que consumaran su matrimonio o no: lo auténticamente importante es que se amaban y eso confirma lo que hemos escrito en varias ocasiones: "El Amor, si es Verdadero, todo lo justifica". Ahora bien ¿por qué no puede haber Amor verdadero entre dos hombres o dos mujeres? ¿Por qué ha de suponerse que tienen que acostarse y refocilarse de lo lindo, si nos consta que la Sagrada Familia no lo hacía y no pasaba nada? Y, sin embargo, se nos pone como ejemplo de lo que debe ser una familia, ¿no es así? Bueno, Eminencia pues a ver si nos aclaramos, por favor, y dejamos de repetir lo que dicen los Papas en este sentido. Si yo le dijera lo que León X comentaba de Lutero ¿me confirmaría que es verdad, aunque lo haya dicho el Vicario de Cristo? Dígame, por favor, si la asistencia del Espíritu Santo al sucesor de Pedro varía según las circunstancias del momento y explique la terrible condena que el Papa Urbano II hizo del islam cuando promovió la I Cruzada al grito de ¡Dios lo quiere¡
Así pues, Eminencia, no pretenda encerrar al Amor Verdadero tras las rejas del Matrimonio canónico y no se preocupe si los homosexuales se casan o dejan de casarse. Preocúpese Su Eminencia de si se aman o no y, ya puestos, de ejemplo Su Eminencia de aquello que dijo San Pablo: "El Amor es comprensivo, no es celoso y nunca se enfada..." Los seres humanos no se unen para procrear, como Su Eminencia cree; se unen porque se aman y los hijos son una consecuencia de ese amor y no un fin en sí mismos. Por otro lado, el hecho de que dos personas se casen no significa que se amen o si no repase Su Eminencia la historia de las monarquías europeas y vea lo que ocurrió con los matrimonios de Ricardo Corazón de León y Eduardo II, por ejemplo. Estaban casados con mujeres virtuosas, pero amaban a hombres más o menos canallas. Eduardo II, incluso, fue ajusticiado por ello y no voy a decirle la horrible forma en que murió , aunque la aseguro que fue terrible.
JUAN

sábado, 27 de diciembre de 2008

La "Sagrada Familia"

Mañana domingo, por iniciativa de Su Eminencia Reverendísima el Cardenal Rouco Varela tendrá lugar en Madrid una concentración a la que están invitadas todas las familias que lo deseen, ya sean sagradas o no, porque lo auténticamente importante es que haya mucha gente. La libertad de expresión también alcanza a la Iglesia Católica, así que por nuestra parte nada hay que objetar a que en la Plaza de Colón se reuna la ciudadanía en torno al Príncipe de la Iglesia para celebrar lo que desee y pronunciarse en contra del aborto, la eutanasia, o el llamado "divorcio expreso". Quien estas líneas escribe detesta el aborto y la eutanasia, pero no así el divorcio porque como no cree en absoluto en el matrimonio lo del divorcio le parece una donosa manera de arreglar los destrozos que la ruinosa institución matrimonial causa en los corazones de hombres y de mujeres.

No obstante lo anterior, a mí me parece sencillamente obsceno que se use la misa como reclamo y pretexto para manifestarse. Teóricamente, las gentes que acudan a la plaza de Colon lo harán para rezar y para recibir el Cuerpo de Cristo es una atropellada comunión que se distribuirá masivamente entre los asistentes. En la práctica, lo que ahora llaman "Eucaristía" se reduce a dos únicos actos que son: la denominada "homilía" y el "reparto" del Cuerpo de Cristo.

No hace falta ser muy inteligente como para saber de qué hablara el Cardenal en la homilía. Se referirá sin duda alguna a las virtudes de la denominada "sagrada Familia" y proclamará a los cuatro vientos que esta institución es santa, que está llena de gracias de estado y que la Iglesia la contempla con ilusión, alegría y serena esperanza. Siendo la familia tan importante, no se explica cómo no se deciden a formarla los sacerdotes, las monjas, los monjes, los religiosos y el propio Papa, que permanecen gloriosamente solteros a lo largo de sus vidas evitando así que la divina Gracia les ilumine y decretando que existe incompatibilidad entre la Gracia concedida por el Sacramento del orden sacerdotal y la concedida por el Sacramento del Matrimonio. Esta "Ley de incompatibilidades" aplicada a la Gracia de Dios me parece a mi de un descaro inconcebible y no me sirve el argumento de que la Iglesia Católica es la "administradora" de las gracias divinas, del mismo modo que no le sirvió a Lutero el mismo argumento aunque, eso sí, aplicado a algo que se llamaba "indulgencias" por las que había que pagar para conseguirlas. ¿Recuerdan sus 91 tesis que aparecieron en la puerta de la Catedral? Algún día hablaremos de ellas, del Papa León X y de nuestro emperador Carlos I

Vamos a ver Eminencia si la unión formada por María y José era familia o no. Si lo era, nada tendría que objetar a lo de "sagrada" pero si resultara que no fuera familia tendría que deducir que lo de "sagrada" se lo ha colgado la Iglesia Católica sin más. La cosa desde mi punto de vista es muy sencilla: José y María estaban casados según el ritual de la época, pero a menos que se declare que las gracias concedidas por el posterior Sacramento del matrimonio se les aplicaran con antelación a su institución podemos aventurar que no las tenían. Si, bueno, tendrían otras muchas gracias, eso no lo dudo, pero esas precisamente, no. Además, si como así ha declarado la Iglesia, el matrimonio entre José y María nunca se efectuó permaneciendo ésta virgen durante toda su vida dicho matrimonio es rato, es decir, no consumado y por tanto nulo tanto a los ojos de Dios como a los ojos de los hombres.

He aquí, pues, que la "sagrada" familia convivía sin que estuvieran casados. José podía ser todo los casto que se quiera y María todo lo virgen que se desee, pero lo cierto es que no estaban casados porque sin que se consume el acto sexual entre hombre y mujer el matrimonio es nulo es decir: Es como si jamás se hubiera celebrado. "Sensu" contrario, si estaban realmente casados debieron realizar el acto matrimonial, en cuyo caso María no podría seguir siendo virgen, ¿no?

Bueno, Eminencia, pues antes de empezar la Eucaristía sería conveniente que nos explicara este galimatías, ya que si no lo hace legitima tácitamente todo tipo de uniones, a saber: hombre y mujer; hombre y hombre; mujer con mujer. Quien estas líneas escribe está convencido de que lo único que legitima la unión entre dos personas es el Amor Verdadero que surge entre ellas sin que el sexo tenga mayor importancia de la que tuvo en el caso de la unión entre María y José. Porque, Eminencia, una cosa es el Amor y otra el sexo, ¿sabe? Si Su Eminencia cree que es necesario pasar por el matrimonio para tener derecho al sexo se equivoca de medio a medio, porque siendo éste una exigencia de la especie es bueno por naturaleza, ya haya matrimonio o no lo haya. o ya sea la familia "sagrada" o no. En cambio el Amor es exigencia del alma inmortal y siendo libre por naturaleza uno puede amar sin tener para nada en cuenta el sexo de aquel a quien ama.

Quizás Su Eminencia no se oponga a este tipo de amor puesto que en esencia es "puro". Quizás lo que más preocupe a Su Eminencia es que si dos personas se aman terminen invariablemente en la cama y esto ya no. Lo de la cama, no, vamos. Dos hombres pueden amarse tiernamente, pero nada de ir a la cama, por favor. La cama es sucia, la cama es fuente de pecado, la cama únicamente queda santificada cuando se acuestan en ella un hombre y una mujer casados y por la Iglesia. El matrimonio civil no vale, aunque bueno si quien lo ha contraído es una persona importante la Católica Iglesia puede perdonarle y permitirle que se case de nuevo, aunque esta vez sin trampas.

Cuanto va en contra de su naturaleza es ilícito. Si el matrimonio entre hombre y mujer es natural los curas, frailes, monjas y religiosos que permanecen solteros actúan en contra de la naturaleza y como no puede haber incompatibilidad entre la Naturaleza y su Creador viene así a resultar que la disposición por la que la gente de Iglesia debe permanecer soltera es una disposición de los hombres, y no de Dios. Ahora dígame Su Eminencia, ¿va en contra de la naturaleza que un hombre se enamore de otro hombre, desee en consecuencia vivir con él y forme así una familia en el más amplio sentido de la palabra?¿Acaso el Amor verdadero no es un sentimiento libre? Quien es homosexual ¿acaso ha podido elegir libremente serlo? Su eminencia estará de acuerdo, al menos, que no en todos los casos, ¿no? ¿Por qué, pues, la Madre Iglesia niega su bendición a las uniones entre homosexuales, ya sean hombres o mujeres?

Si Su eminencia me responde a estas preguntas, quien estas líneas escribe pedirá perdón por su osadía pero si no lo hace o si al hacerlo recurre usted al tópico de la Voluntad de Dios quien tendrá que pedir perdón será Su Eminencia y, ya de paso, la Iglesia a la que pertenece pues no puede condenarse a hombre o a mujer alguna a vivir sin amor por el hecho de no poseer una tendencia sexual determinada.

JUAN

viernes, 26 de diciembre de 2008

Y después de Navidad

Pues después de la Navidad vienen las celebraciones del Año Nuevo, que son casi tan antiguas como el hombre mismo.

Estamos en la espléndida ciudad de Babilonia hacia el año 2000 antes de Cristo en un mes del calendario que se corresponde aproximadamente con nuestro mes de Marzo. Durante once días, la ciudad más corrompida y lujuriosa del mundo antiguo se dispone a celebrar la llegada del Año Nuevo. El primero de estos días, el Sumo Sacerdote del todopoderoso dios Marduk saltaba de la cama dos horas antes de que saliera el divino Sol y tomaba un baño ritual en las veneradas y divinas aguas del río Éufrates mientras oraba para que el dios de las cosechas se dignara favorecer a todos los pueblos del imperio. El cuerpo de un carnero decapitado era paseado en procesión al lado de los muros del gran templo para que su sangre absorbiera cualquier tipo de plaga que pudiera afectar a la agricultura y a continuación estallaba una gran fiesta, que solía terminar en lo que nosotros sin duda llamaríamos orgía. En Babilonia se practicaba la llamada “prostitución sagrada” en virtud de la cual las doncellas esperaban al extranjero en un templo especialmente destinado para eso y la religión, no solo no prohibía semejantes prácticas, sino que las favorecía y estimulaba de modo que en la ciudad eran cosas corrientes las prácticas homosexuales, las más refinadas formas de lujuria tanto entre hombres como entre mujeres y el ofrecimiento de niños y niñas a los sacerdotes de los templos para dedicarlos por completo al servicio del dios de que se tratara.
Pues bien; en las fiestas del Año Nuevo tenían lugar lo que se llamaban “peticiones sagradas” y así ocurría que ciertos hogares recibían la visita de un sacerdote, que en medio de grandes exclamaciones de júbilo comunicaba al padre de familia la decisión del dios o la diosa de “disponer de tu hijo o de tu hija, para que le sirven y veneren, alcanzando de esta manera tu familia honor y gloria”. Conviene añadir que toda la familia recibía con gran alegría esta muestra de distinción y así unos días después de la petición la joven o el joven agraciado eran acompañados por toda la familia hasta el templo de turno.
En principio, los antiguos romanos celebraban el nuevo año cuando se iniciaba la estación de la primavera, aproximadamente el día 25 de marzo. No obstante, y dado que esta fecha estaba sujeta a variaciones más o menos imprevisibles, el senado decretó que las citadas fiestas comenzaran el día primero de cada año. Cuando Julio cesar creo el calendario que se conoce con el nombre de “juliano” hubo necesidad de prolongar el año 445 días. A ese año la Historia le da el adecuado nombre de “año de la confusión”. Cuando a partir del siglo IV se produce la conversión masiva al cristianismo se siguen celebrando las fiestas de fin de año, la Apstólica Iglesia de Consstantino suprime todo el aspecto paganos de las mismas – que era, dicho sea de paso, el más divertido – e inventa, además. la fiesta que se conoce con el nombre de “la circuncisión del Señor”. Es de suponer que cualquier parecido de la nueva fiesta con las prácticas sexuales que los paganos realizaban con absoluta desenvoltura sea pura coincidencia. ¿O no?.
Las tinieblas del más terrible de los oscurantismos cayeron sobre estas fiestas durante la Edad media en la que la todopoderosa Iglesia Católica hizo cuanto pudo para amargarlas y como seguía existiendo un gran confusionismo en cuanto a fechas se refiere resultaba notablemente facilitada su tarea fiscalizadora. Muchos señores feudales y gentiles caballeros solían preguntar al venerable e ilustre Obispo de su feudo cuando y de qué manera debieran celebrar ellos la llegada del Año Nuevo. Ya imaginaréis lo que les respondían los Obispos: “Con sana alegría, devoción y entrega a Nuestro Señor y sin fornicación ni gula”
En el siglo XVI, “annus domini” de 1582, se pone en vigor el nuevo calendario gregoriano , que es el nuestro, y en virtud del cual el último día del año quedó fijado para el 31 de diciembre. A juicio de la Santa Iglesia Católica y Romana cuando se alcanzaba fecha tal debían recordarse todos los actos realizados a lo largo del viejo año, dando gracias al señor si habían sido buenos y pidiendo misericordia si habían sido malos pero, si bien la idea de dicha recomendación era que la gente acudiera en masa a confesarse, hay que decir que al menos en esto la gente no hizo mucho caso. En cambio, la idea de que el próximo año fuera mejor que el anterior progresó fácilmente entre la cristiandad.
Así pues, hoy día la denominada Noche Vieja es una mezcla de todo lo anterior. Risas y llanto; emoción y nostalgia; ilusión, esperanza, perdón , buenos deseos y la irrefrenable necesidad de disfrutar de los placeres de la mesa y del sexo. Gorros, serpentinas, música, canciones, silbatos y un ruido infernal suelen convertirse en compañeros habituales a lo largo de toda la noche sin olvidar las ya famosas “doce uvas” que deben consumirse en razón de una uva por campanada de reloj cuando en éste dan exactamente las doce y, en consecuencia, el Año Viejo se va para siempre.
Bueno; pues que la disfrutes con salud, alegría, buenos alimentos y si se tercia con un poco de sexo. Naturalmente sin pasarse en nada y sin olvidar a ninguno de nuestros amigos porque esa noche es precisamente para ellos.
JUAN

miércoles, 24 de diciembre de 2008

El Villancico Prodigioso ( y 3)

III EL MUNDO NUEVO


O Tannenbaum, o Tannenbaum,
dein Kleid will mich was lehren:
Die Hoffnung und Beständigkeit gibt
Trost und Kraft zu jeder Zeit.


El hombre y el Príncipe se encontraron de repente a las afueras de un pequeño pueblo, cuyas humildes edificaciones apenas podían distinguirse a pesar de que aquella noche era muy clara. Soplaba una ligera brisa algo fresca y las cigarras cantaban alterando el impresionante silencio, así que no podía tratarse de una noche invernal. Cuando se disponían a cruzar un pequeño riachuelo nada profundo se dieron cuenta de que allí estaba una anciana, que por lo visto no se atrevía a atravesarlo. Johann la miró y se fijó en su rostro. Era sumamente desagradable. De figura menuda y flaca, en su arrugada cara cruzada de arrugas destacaban unos feos y enorme granos, que parecían estar a punto de reventar de pus.
- ¿No se atreve a pasar, señora? – inquirió, no obstante -. No hay mucha agua y apenas se mojará si lo hace.
La mujeruca, sorprendida ante el inusual tratamiento nada propio de la época, tardó algo en responder:
- La humedad me afecta mucho a los huesos, joven señor- dijo en latín.
Haciendo de tripas corazón Johann tomó en sus brazos a la desagradable mujeruca y sin mucho esfuerzo la trasladó al otro lado del riachuelo mientras Johnny-boy sonreía con socarronería.
Cuando con todo cuidado la dejó de nuevo en el suelo, la anciana desapareció como por ensalmo y en el aire de aquella noche irrepetible y única flotaron estas aladas palabras:
- Tu caridad no quedará sin recompensa, hombre que ama.
- Nuestra divina hermana Aurora se ha disfrazado de ese modo para probarte – comunicó entonces el Príncipe -. Te aseguro que, a pesar de nuestros buenos deseos, de no haberla ayudado jamás hubieras podido entrar en Belén esta noche.
- Podía haber elegido una forma más,.digamos, presentable – alegó sonriendo Johann.
- Siempre os fijáis en lo menos útil y por eso cometéis errores. Toma nota de que en el siglo I todo el mundo se tuteaba, de que el idioma de la gente humilde es el arameo y no el latín y date cuenta de que una anciana de esas características jamás hubiera salido sola por la noche, sobre todo en estos tiempos.
- Ya sé que sois muy listo, Alteza.
- Así es, pero en este caso bastaba con ser observador.
Las primeras casas del pequeño pueblo de Belén comenzaron a aparecer, pero no se apreciaba en ellas ni el menor signo de vida. Todas tenían un aspecto muy humilde y en una de ellas, evidentemente algo más grande que las demás, estaba colgado un letrero escrito en varios idiomas, entre ellos en latín, Gracias a eso Johann pudo darse cuenta de que se trataba de una especie de albergue.
- Sí, es la famosa posada en la que no había sitio debido a que este pequeño pueblo hoy está lleno de gente – confirmó Johnny- boy – Tú recuerdas lo que escrito está ¿no?
- Pues no del todo.
- Por aquellos días Augusto Cesar decretó que se levantara un censo en todo el Imperio romano, así que iban todos a inscribirse cada uno en su propio pueblo. También José, que era descendiente del Rey David subió desde Nazareth, ciudad de Galilea, a Judea y fue a Belén, la ciudad de David para inscribirse junto con María su esposa, que se hallaba encinta pero no hallaron sitio en la posada- recitó Johnny-boy.
- ¿Fue así realmente como ocurrió, Alteza?
- Sí – respondió sencillamente el Príncipe.
Johann miró nuevamente al edificio y se preguntó cómo sus dueños habían podido ser tan crueles hasta el punto de negar asilo a una mujer en avanzado estado de gestación.
- Es parecido a si tú te hubieras negado a cargar con la vieja – dijo entonces Johnny-boy -. Hoy eso te escandaliza porque sabes quienes eran los viajeros pero en aquella época la gente solo sabía que era un joven matrimonio pobre. Nada más que eso. No obstante, observa y aprende.
- Supongo que ahora tendremos que buscar el pesebre, ¿no?
- Oh, vaya, Johann tienes que esperar. El divino Niño aún no ha nacido Cuando nazca lo sabrás enseguida y entonces sí que podrás ir a verle – rió Johnny-boy
- Sí, bueno. Entonces tendremos que buscar a los pastores que cuidaban los rebaños.
- ¿Sabes tú de algún lugar en el que los pastores cuiden rebaños por la noche, Johann?
- Bueno no, pero el libro lo dice. Dice: “En ese mismo lugar había unos pastores que pasaban la noche al raso, turnándose para cuidar los rebaños”.
- Ya sabemos que lo dice, pero está mal. Bien puedes ver que no hay rebaños por ninguna parte ¿no? – respondió Johnny-boy haciendo un gesto muy significativo.
- Pues no; no los veo.
- Las ovejas también duermen ¿sabes?. Bueno, verás –explicó entonces el Príncipe -. Aunque los rebaños están en los establos durmiendo has de saber que en aquella época los pastores también dormían en ellos y que algunas noches se reunían alrededor del fuego para charlar y contarse cosas. Ahora no estamos muy lejos de uno de esos establos y por la luz que brilla a través de esa ventana es muy probable que haya varios pastores reunidos dentro.
- Pastores y pastoras ¿no?
- No. Sólo pastores y muy jóvenes en su gran mayoría. No preguntes tanto y mira al cielo.
En verdad que merecía la pena hacerlo. La bóveda celeste, cuajada de estrellas y con la Luna en todo su esplendor, ofrecía un aspecto magnífico y Johann se dio cuenta de que al observarla el alma se le llenaba de una indescriptible paz. Era una sensación de plenitud total y tan intensa, que costaba trabajo apartar la mirada de aquel Paraíso para volver a fijarla en la humilde Tierra. Enseguida Johann se dio cuenta de que procedente del Sur, algo que parecía una estrella muy brillante avanzaba a moderada velocidad. Sin duda era la famosa la Estrella de Belén e inmediatamente el corazón le saltó de gozo en el pecho.
-¿Salta tu corazón porque ha visto la Luz blanca de la Vida Eterna, hombre que ama? – preguntó entonces el Niño Azul -. Los hombres asegurarán más tarde que esta estrella anuncia el nacimiento del Hijo de Dios, pero Nos te decimos que esa estrella es la verdadera Vida y que ésta hallará enseguida un alma inmortal y un cuerpo semejante en todo al tuyo con los cuales se unirá formando una Persona humana, que sin dejar de serlo, será también lo que vosotros llamáis Dios. Observa, Johann y medita: que por Amor vuestro Dios desea encerrarse en vuestro cuerpo y padecer miseria, hambre y necesidad. Que por Amor nace como cualquiera de vosotros y que por Amor estará sujeto a todas las limitaciones de vuestra carne mortal y date cuenta en definitiva de que por Amor nace, que por Amor vivirá y que por Amor entregará esa Vida que hoy recibe. Dichosos los mortales que le sigan y todos aquellos que le tomen como ejemplo de Vida.
- ¿Es cierto, Alteza, que nacerá de una Madre virgen? – preguntó Johann, con los ojos aún arrasados en dulces lágrimas.
- Pues claro que no. Aunque Nos no entendemos mucho de esas cosas, no se puede ser a la vez Madre y virgen.
- Pero el Papa dice que sí se puede.
- Pues no. Dígalo el Papa o el Lucero del Alba, vamos –replicó el divino adolescente poniéndose muy serio - y además es mucho mejor ser madre que ser virgen.
La Luz estaba en ese momento justo encima de ellos. De repente su resplandor aumentó y llenando el cielo de una súbita e indescriptible claridad pareció llenarlo todo. Bruscamente despertados por aquel extraño fenómeno, los habitantes del lugar abrían las puertas de sus casas y fijaban la vista en aquel punto brillante. Algunos cubrían sus cabezas y se ponían de rodillas, pero otros no podían hacer otra cosa que mirar. Salieron también los pastores del establo y balaron las ovejas que estaban en su interior.
Entonces decenas de seres de Luz parecieron inundar los cielos y uno de ellos, que parecía más importante que los demás, dijo con una voz muy clara y potente:
- Que nadie tenga miedo ni se asuste, porque os traigo muy buenas noticias. Éstas alegrarán a todo el pueblo, que bendecirá a Dios porque se ha acordado de sus hijos. Esta noche os ha nacido un Salvador, que es el Hijo amado del verdadero Amor y cuyo nombre es Jesús. Él es verdaderamente el Cristo y su Reino no tendrá fin. Id sin tardanza a verle. Envuelto en blancos pañales está acostado en uno de los pesebres del establo de la posada.
Y mientras estas cosas decía centenares de seres de Luz llenaban el cielo de aquella irrepetible Noche y sus voces eran más dulces que la miel y sus vestiduras eran blancas como la nieve y una y otra vez repetían:
¡Gloría a Dios en lo más alto de los cielos y haya Paz en la tierra y en los corazones de los hombres que tienen buena voluntad¡.
Vuestro amigo Johann lloraba. Dulces lágrimas arrasaban sus ojos bajo los impulsos que le llegaban del alma inmortal, que saltaba de gozo ante la presencia de su Creador y que era presa de las más sublimes emociones. Ningún poeta ni escritor podría describir lo que sentía en aquellos momentos y yo no me atrevo ni a intentarlo siquiera.
Las gentes tardaron algo en reaccionar pero cuando lo hicieron se produjo una verdadera revolución en aquel pequeño pueblo. Hombres, mujeres y niños se pusieron rápidamente en marcha hacia el establo.
-¡Qué vergüenza¡ – decía un hombre de mediana edad de nombre Cleofás-. En cuanto vea a Baroz le echaré en cara su ingratitud por permitir que una mujer pariera en sus establos y no en su casa.
- No te enfades, que cuando llegaron seguramente no había sitio – alegó una mujer, que llevaba en un cesto blancos pañales.
.- Podía haberles dejado su propia habitación- replicó el aludido -. En un caso así yo lo hubiera hecho.
- Eso es muy fácil decirlo ahora – terció un joven soldado romano que llevaba una especie de barrica con miel – pero seguramente ninguno de nosotros les hubiera ofrecido albergue si nos lo hubieran pedido.
- Bueno, ahora ya no tiene remedio. Vayamos a ofrecerles nuestra ayuda. No imagino el estado en que se hallará la recién parida – adujo una señora, algo entrada en años -. Será preciso encontrarles un sitio mejor que el establo ¿no?
- Vendrá a mi casa – dijo el romano- . Mi mujer Lucila cuidará del niño y de su madre.
- Sólo faltaba que fuera a casa de un gentil y romano además – dijo un joven y barbudo hebreo, al parecer muy enfadado -. Vendrán a la mía y será mi madre quien cuidará de ellos. Los judíos no queremos saber nada ni con romanos ni con samaritanos
Éstos eran algunos de los comentarios que hacían las personas que se dirigían a toda prisa al establo pero como Johann no sabía arameo tuvo que ser Johnny-boy quien se los tradujera. Después dijo:
- Habrá lío, ya verás. Todo el mundo se peleará por llevarlos a su casa ahora. De esto tienes que aprender que debes siempre hacer el bien, sin mirar a quien se lo haces pues pudiera ocurrir que fuera el Amor mismo quien lo necesitara.
- Tenéis razón como siempre, Alteza – respondió Johann.
Habían llegado a los establos de la posada. Había gente que entraba y salía de uno de ellos y gente parada a la puerta comentando el insólito acontecimiento. Sin ser vistos por nadie, el hombre y el Reflejo atravesaron el corrillo de personas que bloqueaba la entrada y buscaron con la mirada al recién nacido.
No era una escena romántica la que presenciaban, sino que por el contrario era más bien miserable. En medio del establo y entre una mula y un buey estaba un pesebre sobre el que se habían colocado unos pañales y sobre él podía verse a un niño varón que lloraba como puede hacerlo cualquier recién nacido. Recostada en una especie de canapé se hallaba la que parecía ser su Madre, una joven menuda, morena y de rara belleza que se encontraba muy pálida. Dos o tres mujeres revoloteaban a su alrededor y había un tremendo ajetreo en el interior de aquel establo.
Johann se acercó hasta donde estaba la mujer y contuvo la respiración: Ante sus ojos se hallaba la mujer elegida para ser la Madre del Amor. Sintió necesidad de decir algo, pero no encontró palabras adecuadas. Al final, haciendo un esfuerzo considerable, musitó:
- Ave, Maria; graciae plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mullieribus et benedictus frutus ventris Jesu
La Señora levantó los ojos y sonrió. Johann nunca supo si le había visto o no, pero lo cierto es que escuchó una voz muy dulce que decía:
- Ecce anchilla Domine. Fiat me secundum verbum tuum.
Notando que el corazón se le aceleraba, el hombre que ama se aproximó al pesebre en el que descansaba el divino Niño y miró sus ojos, que eran de un color azul muy intenso. No experimentó al hacerlo ninguna sensación especial. Muy al contrario el infante seguía gimoteando al parecer molesto por ser objeto de tanta atención. Detrás de él se hallaba en pie el que seguramente era su padre, un hombre de mediana estatura, algo entrado en años y con aspecto de artesano. Johann observó sus grandes y fuertes manos de carpintero y se dio cuenta de que tanto su manto como su túnica eran de tela muy basta, aunque tejida a mano. No se veía rastro de ángeles, ni existía otro resplandor que el proveniente de la pequeña hoguera que se había encendido. En conjunto, y como ya he dicho, la sensación que predominaba era la que se siente en presencia de la pobreza extrema.
De rodillas ante el divino Niño, Johann dijo en latín:
- Benedictus qui venit in nomini Domine. Dominus, illuminatio mea, adiutor me.
Luego presto atención a lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Tal y como Johnny-boy había supuesto todo el mundo porfiaba por llevarse a su casa al Niño y a su Madre y en torno a su padre se había organizado toda una batalla campal.
- Un niño hebreo no puede ir a la casa de un gentil – decía el joven barbudo gesticulando como un loco -. José, te ruego que no quebrantes la Ley y que permitas que te albergue en mi casa.
- Tu casa es demasiado pequeña – alegaba el soldado romano – y la mía, en cambio, es grande y tiene más comodidades. No sé que tiene que ver vuestra Ley en todo este asunto.
- Lo mejor es que permanezcan en la posada – sugería el dueño de ella, que había recibido numerosas críticas por parte de la mayoría de los presentes -. Les daré la mejor habitación que tengo.
- De ningún modo, que eres capaz de cobrarles la estancia – manifestó una rolliza mujer con sus manos puestas a modo de jarra - . La casa del romano es la mejor del pueblo, así que lo mejor es que se hospeden en ella y los que quieran ayudarles pueden ir a verles allí y llevarles lo que deseen.
- ¡Dios de Moisés, lo que faltaba¡ - exclamó el fanático judío de las barbas -.Todos os ponéis de acuerdo en quebrantar la Ley.
El que parecía ser el padre de la criatura dijo, no obstante:
- La Ley fue hecha para el hombre, Matatías, y no el hombre para la Ley. Iremos a casa del romano porque él fue quien nos la ofreció primero.
Resuelta definitivamente esta cuestión, la mujer entrada en años que tanto se había preocupado por la recién parida comenzó a disponerlo todo para el traslado. Con el niño en sus brazos, y arropado en pañales muy blancos, el canapé sobre el que descansaba María fue levantado por fuertes brazos y trasladado con toda delicadeza fuera del establo. Inmediatamente al lado de su mujer se situó el carpintero y detrás de ellos se formó una curiosa procesión formada por hombres y mujeres de todas las edades, que comentaban con alegría el insólito hecho. De vez en cuando se oía alguna exclamación jubilosa pero en conjunto las gentes callaban. No obstante, cuando estaban a punto de llegar a la casa en la que vivía el romano, se escuchó claramente la voz de un anciano que decía:
- Dios ha visitado a su pueblo. Bendito sea el Señor. Aleluya.
El joven matrimonio desapareció en el interior de la morada seguido por algunas personas, en su gran mayoría niños. El resto se dispersó enseguida no sin dejar de comentar las maravillas que habían presenciado aquella noche.
- ¿Eso es todo? –inquirió el hombre que ama mirando a su acompañante.
- Naturalmente. ¿Pues qué es lo que habías imaginado? ¿Que aparecerían angelitos por todas partes, pastorcitos y pastorcitas llevando regalos y lavanderas haciendo la colada en el río? El Amor Verdadero es sencillo y nada en él debe parecer extraordinario. Hoy ha nacido un Niño cuyo Amor salvará al mundo y sólo cuando eso ocurra este Niño será famoso. Se postrarán ante él todas las generaciones y le alabarán todas las gentes de buen corazón. Él es quien inicia un tiempo nuevo: el tiempo de amar. Un tiempo en el que tú aún estás y en el que también lo están todos tus contemporáneos. Sin embargo, recuerda que ha tenido un principio y que en consecuencia debe tener también un final.

Oh Tannenbaum, Oh Tannenbaum,
dein Kleid will mich was lehren


El villancico había concluido y Johann se volvió hacia el Príncipe para comentarle lo feliz que se sentía por aquel inesperado y prodigioso viaje hecho tras burlar al Tiempo. Pero Johnny-boy había desaparecido. Inmediatamente el timbre de la puerta sonó y el hombre que ama, que no esperaba visita, se aproximó a ella y antes de abrirla preguntó:
- ¿Quién es?
- ¡Ábrenos Johann, que somos tus amigos¡ Hemos venido a tomar una copa. No armaremos lío, pero queremos estar contigo esta noche aunque sólo sean unos minutos.
Sonriendo, el amigo de todo el género humano abrió la puerta. Sí, eran sus amigos. No le habían olvidado, como temía, en la Noche más hermosa del año.

FELIZ NOCHEBUENA Y FELIZ NAVIDAD A TODOS



JUAN

El Villancico Prodigioso (2)

EL MUNDO VIEJO



Oh Tannenbaum, oh Tannenbaum,div>Du kannst mir sehr gefallen!
Wie oft hat schon zur Winterzeit

Ein Baum von dir mich hoch erfreut

!Oh Tannenbaum, oh Tannenbaum,

Du kannst mir sehr gefallen!

La explanada era enorme y estaba cuidadosamente pavimentada con grandes losas cuadradas. A pesar de que la oscuridad parecía envolverlo todo no era difícil adivinar que formaba parte de la grandiosa construcción que se alzaba al fondo, ya que estaba rodeada por muros de enormes sillares y elegantes y altas columnas de estilo corinto. No se veía luz por ningún lado pero la blanca claridad de la Luna llena resaltaba la silueta de un edificio, que espléndido y grandioso en su sorprendente armonía, producía una agradable sensación a la vista. Johann, admirado, miró a Johnny-boy pero antes de que pudiera preguntarle nada éste le dijo:
- Estás en el llamado atrio de los gentiles del gran Templo de Jerusalén, el lugar más sagrado de los judíos. Las columnas del fondo constituyen el llamado Pórtico de Salomón, que separa este lugar del atrio de los judíos. Ninguna persona que no sea hebrea y esté debidamente circuncidada puede entrar en él, pues como bien puedes leer en esa inscripción que tienes delante si tal cosa hiciera sería responsable de su propia muerte. Tú sabes latín ¿no?
- ¡El gran Templo de Herodes el Grande¡ -exclamó Johann, con reverencia -. Destruido por completo por Tito en el año 70 de la Era cristiana.
- Sí; ahora estamos dos años antes de dicha Era – comunicó el Príncipe, como sin dar importancia al hecho-. Te hemos traído aquí porque este edificio que parece destinado a durar eternamente es el símbolo de un tiempo que justamente acabará esta noche. Es un tiempo en que el ser humano vivía dominado por el temor y en el que tus semejantes creían aplacar a un Dios, terrible en su venganza, a través de la sangre de víctimas. El Rey Salomón edificó el primer Templo y, salvo el periodo que medió entre su destrucción por Nabucodonosor y su reconstrucción bajo el reinado de Ciro el Grande, se ha derramado en este lugar la sangre de innumerables víctimas propiciatorias.
- ¿Para el perdón de los pecados?
- Así es. En este tiempo se creía que la sangre de víctimas puras e inocentes borraba la culpa ocasionada por el pecado. En el tiempo que está a punto de comenzar también la sangre redimirá al ser humano culpable, pero te decimos con toda verdad que si esa sangre no fuera derramada por Amor valdría tan poco como la de las víctimas. Su sangre es sólo un símbolo. En cambio, después que la sangre del Justo sea derramada únicamente el Amor borrará las culpas del humano.
Aún estaba hablando el Príncipe cuando Johann creyó ver que entre las sombras de la noche avanzaban las figuras dos hombres, que parecían tener mucha prisa. A juzgar por los ropajes, uno de ellos parecía ser un personaje importante. El otro, en cambio, tenía todo el aspecto de ser un sirviente. Ambos llevaban cubiertas sus cabezas y se percibía claramente el ruido de sus pasos al golpear las losas del patio.
- Parecen enfadados – comentó el hombre.
- No es para menos – respondió Johnny-boy -. El rey Herodes les ha ordenado que vayan a verle y las puertas del Templo están herméticamente cerradas. No se abrirán hasta que salga el Sol y los sacerdotes hagan sonar sus trompetas de plata. Menos mal que existe un pasadizo secreto que une el templo con la casa del Sumo Sacerdote.
- Sabe Vuestra Alteza el motivo de tan apresurada llamada?
- Naturalmente. Los Magos de la corte han advertido la presencia de una nueva estrella, que avanza desde oriente a occidente y que según las profecías anuncia la llegada al mundo del Mesías judío. El rey quiere saber dónde nacerá ese Mesías y ha llamado al Sumo Sacerdote para preguntarle si el lugar del nacimiento figura en las escrituras.
- ¿Una estrella, decís?
- Nos, no lo decimos –corrigió Johnny-boy sonriendo – pero ellos así lo creen. En realidad ese resplandor que recorre el cielo no es otra cosa que la luz blanca de la Vida Eterna y significa que el Hombre que está a punto de nacer ha vivido y vivirá siempre, con independencia de la suerte que deba correr como Hombre. No tardarás mucho en ver esa Luz, pero ahora debes conocer este lugar. Ven, pues, con Nos porque vamos a entrar en al atrio de los judíos a través de las columnas del Pórtico de Salomón.
Este patio era bastante más pequeño que el anterior y al parecer se hallaba dividido en dos partes. No muy lejos de la imponente construcción que se alzaba al fondo podía verse un enorme altar que presentaba la forma de una pirámide.
- Eso que ves es el altar de los holocaustos. Todo buen judío acude al Templo y ofrece en sacrificio animales puros, que son degollados por los levitas y cuya sangre se recoge en un cuenco de oro. La parte de atrás es la reservada para las mujeres, porque ellas pueden presenciar los sacrificios pero no participar activamente en ellos. Mientras se ofrecen, los niños y los ancianos leen los textos de las sagradas escrituras en voz alta, con la cabeza cubierta e inclinando repetidamente sus cabezas.
-¿Sabéis si llegan al cielo esas oraciones, Alteza?- inquirió Johann.
- Toda oración que se hace con el corazón llega al cielo, pero si únicamente se hace con los labios, no – respondió el Niño Azul -. Mira, allí, a la izquierda está el gazofilacio en el que los israelitas depositan sus limosnas y diezmos. Un poco más allá esta la habitación destinada a guardar un fabuloso Tesoro. Vamos a entrar en ella ahora.
La oscuridad que reinaba en la estancia del tesoro impedía que Johann pudiera ver apenas nada, pero Johnny-boy hizo que se iluminara. Se trataba de una habitación rectangular de unos 15 metros de largo por 10 de ancho sin ventanas ni orificios que la comunicaran con el exterior, salvo la enorme puerta de bronce por la que acababan de entrar. Era tal la cantidad de oro que se encontraba en aquella habitación que era imposible mirarlo sin daño para la vista. Aparte de los lingotes, enormes cofres llenos de monedas se apilaban junto a la pared del fondo y en el lado opuesto brillaban montañas de gemas, diamantes y otras piedras preciosas de incalculable valor. Había coronas de oro, collares hechos del mismo metal y cuajados de pedrería, insignias, vajillas, costosas vestiduras y mantos tejidos por los más hábiles artesanos.
- Es impresionante –comentó Johann -. Sin embargo, Alteza, toda esta riqueza es inútil pues no sirve para nada. ¿No sería mejor que en lugar de hacer tantos sacrificios se distribuyera entre los pobres de Israel?
- Pues verás. Eso mismo nos preguntamos los que vivimos en el Reino respecto de los tesoros que se guardan en los palacios del Vaticano – respondió Johnny-boy, con cierta mala idea -. Cuando los romanos se apoderaron de este tesoro el precio del oro y de la plata descendió en todo el Oriente. Como ves, no hay mucha diferencia entre la espléndida Catedral de San Pedro y este Templo: ambos fueron construidos para honrar a Dios, pero luego se han convertido en cuevas de ladrones porque todo ese oro y toda esa plata, todas esas joyas y objetos preciosos han sido arrebatados a sus verdaderos dueños a través del temor, la engañosa persuasión o la fuerza. Pues bien; esto te vamos a decir, Johann: El mismo destino que tiene este Templo lo tiene vuestro Vaticano. Cuando el tiempo de amar se termine no quedará de él piedra sobre piedra.
De este modo iba enseñando a su amigo el más dulce de todos los príncipes del Reino el sagrado lugar y Johann cada vez se admiraba más porque aquella construcción era impresionante. De no saber a ciencia cierta que en efecto sería destruida setenta años más tarde hubiera creído que se trataba de un edificio indestructible. El edificio del Templo propiamente dicho era en sí mismo una maravilla arquitectónica y de una solidez indescriptible. Tras avanzar por un amplio corredor que más bien parecía un vestíbulo Johann advirtió que solo había dos habitaciones en su interior. En la primera de ellas, a la que los judíos llaman “lugar santo”, las paredes y el techo estaban recubiertas
de oro puro y allí se encontraban, entre otros objetos, un enorme candelabro de siete brazos, la mesa de los panes de la proposición y un sin fin de utensilios de oro y de plata cuidadosamente ordenados y muy relucientes. Un costoso tapiz de finísimo lino que parecía haber sido bordado con fibras de plata separaba este lugar del denominado “santo de los santos”. Johann esperaba ver allí el Arca de la Alianza pero lo cierto es que la estancia se hallaba completamente vacía.
- No debes extrañarte de no hallarla aquí –dijo el Príncipe-. Cuando en su primera guerra contra Israel éste fue vencido y Nabucodonosor exigió parte de los tesoros del templo como condición para no destruirlo los levitas escondieron el Arca y desde entonces permanece en lugar oculto. Nadie la ha robado ni nadie se la ha llevado a ningún lado, porque ese objeto únicamente puede estar aquí. Sin embargo, si me preguntas dónde está no podré responderte. Abstente, pues, de hacerlo.
- No preguntaré nada, Alteza.
- Bien. Así está bien. Observa bien cuanto ves y guárdalo en tu mente, porque el mundo que este Templo representa comenzará a desparecer hoy mismo. Desde hoy en adelante, el ser humano buscará a su Creador por la senda del Amor Verdadero, pues en verdad te decimos que no habrá otra más que ella para llegar a Él y como seguramente sin ayuda jamás podría hallarla, hete aquí que el Amor mismo va a anonadarse hasta encerrarse en la figura de un ser humano participando de todas las limitaciones de vuestra naturaleza. Así pues, conocerá el dolor, la pobreza, la decepción y la sensación que produce la separación del alma inmortal del cuerpo mortal. Ganará su pan con el sudor de su frente y os dará ejemplo. El será el Camino, la Verdad y la Vida y aquel que creyere en Él y fuera fiel a su mensaje vivirá eternamente. Y ahora, Johann, volvamos al atrio de los gentiles porque la luz que proviene del Oriente está a punto de llegar.
Apresuradamente el hombre y el adolescente abandonaron las costosas e impresionantes estancias del interior del templo y regresaron al enorme patio. Un globo de brillante de indescriptible luz blanca parecía atravesar el cielo en aquellos momentos y era evidente que se dirigía hacia el Norte. Era tan intensa aquella luz, que aún estando la divina Luna en todo su esplendor se distinguía perfectamente en el firmamento.
- Anda, pide un deseo.
Con los ojos arrasados en dulces lágrimas, el hombre miró lo que parecía ser una brillante estrella y dijo:
- Quiero seguir amando como amo ahora a lo largo de toda mi vida. No me importa el dolor que el amor produce ni me aterroriza la decepción del amor traicionado. Déjame, pues, que ame todos los días de mi vida.
- Y así será – replicó Johnny-boy -. De este modo tú y Nos seremos siempre amigos Has sido muy inteligente eligiendo la auténtica Vida.
- Gracias, Alteza, pero tengo un buen Maestro; el mejor de todos los que podía hallar.
- Bueno. Ya está bien de halagos. A veces eres tan empalagoso como uno de esos dulces vieneses que tanto te gustan. Has visto la Innere Stadt del mundo antiguo pero ahora cógete de mi mano, porque ahora…ahora nos vamos a Belén
.

Fin de la segunda parte

El Villancico Prodigioso (1)

I NOSTALGIA DE NOCHEBUENA


Johann se aproximó a la cama en la que descansaba la anciana y la miró con cariño. Afortunadamente dormía con absoluta placidez, así que tras asegurarse de que estaba bien arropada salió de la habitación, atravesó el amplio comedor sumido en sombras y observó pensativo el pequeño Nacimiento, que brillaba en un rincón. El reloj estaba a punto de dar las diez de la noche y no pudo evitar recordar que mientras para él la Nochebuena había concluido con más pena que gloria, para los demás apenas si había comenzado. Sin embargo, ni se sentía triste por aquella forzada soledad, ni le dominaba la envidia sabiendo que el resto de su familia estaría celebrándola justo en aquel momento, entre risas, chistes, cantos y alguna discusión que otra.
Salió a la amplia terraza y observó las ventanas iluminadas de sus vecinos, los adornos navideños que llenaban de luz y de color su calle y la desaparición en ella de todo signo de vida. La soledad seguramente se debía a que la mayoría de la gente se encontraba en la Plaza de la Catedral en la que se estaba celebrando la famosa ceremonia de las velas, muy popular en Viena. En cualquier caso era natural, ya que Navidad es la fiesta familiar por excelencia, así que todo el mundo procura celebrarla en casa junto a aquellas personas que ama de verdad.
Entonces no pudo evitar el recuerdo de las nochebuenas de otros tiempos, cuando él era aún niño y en unión de sus hermanos andaba como loco por toda la casa estorbando los preparativos de la cena y causando la desesperación de todos los que iban a participar en ella. Recordó a su abuela, atareada en la cocina desde primeras horas de la noche, espantándole periódicamente cada vez que quería curiosear entre ollas, cacerolas, fuentes y bandejas. Era una gran repostera y en la época navideña preparaba unos dulces exquisitos, entre ellos la famosa tarta Sacher, pero tenía que guardarlos apresuradamente una vez terminados para evitar el constante peregrinaje de los niños al área prohibida de la cocina. Sentado en un sillón de terciopelo rojo situado estratégicamente no muy lejos de ella se hallaba su abuelo, refunfuñando porque los preparativos para la cena no parecían terminar nunca y amenazando a los chicos con su bastón cada vez que se aproximaban al enorme Nacimiento para cantar villancicos. Johann recordó perfectamente cuanto le gustaba marearle haciéndole preguntas sobre su juventud:
- Abuelito ¿conociste tú al Emperador Francisco José?
- ¡Main Gott, pues claro ¡ - exclamaba, sorprendido quizás por la pregunta – Y a la otra casi.
- ¿A la otra?
- Sí. Isabel se llamaba. La asesinaron en Ginebra en septiembre de 1898 y se armó un revuelo considerable. Al que conocí perfectamente
fue al Káiser Guillermo. Tenía unos bigotes impresionantes. Era nieto de la reina Victoria de Inglaterra, ¿sabes?
- ¡Qué suerte has tenido, abuelito¡
- La suerte la tienes tú, bergante, que has nacido en una época en la que se ha perdido el respeto de los hijos hacia los padres. Cuando yo era como tú ¿sabes lo que me decía el mío cuando le pedía algo?
- No abuelito. No soy adivino.
- Pues me decía: “Cuando seas padre, comerás huevos; ahora que eres hijo come cuernos”.
La conversación solía interrumpirla su madre con un “¡Johann deja en paz al abuelito¡” que ponía al muchacho de muy mal humor.
- Sí. Como él dejó en paz al pobre pavo –respondía súbitamente enojado- . Paz eterna, vamos ¡Mira que traerlo vivo a casa para matarlo¡ Le da de comer y después lo mata. ¡Pobre pavo¡
- El abuelito es un criminal – proclamaba el hermano pequeño en un tono de voz extraordinariamente alto -. Abuelito matapavos.
- ¿Qué es lo que dices tú, pequeño gañán – respondía el abuelito muy enfadado – ¡Gañán, que eres un gañán¡ Eres tan feo como tonto.
- Janos, Por Dios –chillaba la abuela desde la cocina-. Eres mucho peor tú que los niños. Me vais a volver loca entre todos. Es el último año que os hago la tarta Sacher, podéis estar seguros de eso.
A los ojos de Johann asomaron dos lágrimas al recordar cómo era su madre entonces. Fuerte, enérgica, voluntariosa, con una capacidad de trabajo verdaderamente asombrosa y siempre tan pendiente de los demás, sobre todo si eran ancianos o estaban enfermos. No conocía más satisfacciones personales que las que le proporcionaba su familia entendida ésta en el sentido más amplio, es decir: marido, hijos, padres, suegros, hermanos y hasta sobrinos. No era extraño, pues, que aquella casa se llenara de gente sobre todo cuando se trataba de fiestas señaladas, porque si era necesario ella se quitaba literalmente la comida de la
boca para entregársela a los demás. Ahora, en cambio, no era más que una anciana desvalida con la mente oscurecida por la cruel enfermedad y con la única compañía de aquel hijo al que ella siempre había creído “un trasto que no servía para otra cosa, si no era para hablar o para estudiar”.
Su padre era otra cosa. Tenía entonces y tuvo siempre una absoluta confianza en aquel hijo rebelde, contestón, algo caprichoso y tozudo como una mula, porque sabía que pasara lo que pasara y fuera su vida por unos derroteros o por otros jamás diría que algo era de color azul si realmente su color era el rojo. Dotado de una inteligencia nada común y poseedor de una prodigiosa memoria, veía con muy buenos ojos las preocupaciones intelectuales de aquel hijo y las alentaba una y otra vez. Él fue quien había enseñado a Johann a relatar cuentos y él fue también quien lo guió a través de los intrincados vericuetos de una vida, que a pesar de no haber sido la que él hubiera deseado, comprendía que era la vida de su hijo y no la suya. Partidario de disfrutar
de ella según sus posibilidades, amaba la buena mesa y cuando se colocaba delante de ella sonreía relamiéndose ya por anticipado y degustando con sumo cuidado cada bocado, cada trago de vino, cada golosina, sin dejar por eso de hablar. Era, ciertamente, un hombre bueno, que sabía defender lo suyo, pero que respetaba profundamente lo que era de los demás y que amaba tiernamente a su mujer, a sus hijos y a sus padres.
Todo aquello ya no existía. El Tiempo lo había evaporado como por arte de magia. Sus abuelos hacia mucho tiempo que habían cruzado la Gran Puerta y llegó un momento en que también su padre debió cruzarla. Sus hermanos estaban gloriosamente casados y habían formado sus propias familias, así que tampoco podían estar presentes en la noche divina en que la Humanidad celebra el Nacimiento del Amor Verdadero.
Johann estaba, por consiguiente, solo en medio de una Viena aparentemente feliz.
Solo en Nochebuena.
- No te conviene en absoluto recordar esas cosas – dijo una voz conocida, que parecía provenir de la calle -. Apenas has cenado.
- Lo sé, Alteza, pero la nostalgia es una enfermedad y hoy me siento enfermo de ella.
Johnny-boy tomó asiento en una de las sillas de la terraza y miró a Johann con cariño. Sus vestiduras blancas propias de la Nochebuena le daban un aspecto algo extraño, como si fuera un fantasma, pero por lo demás su apariencia era la de costumbre.
- Deberíais estar atendiendo a vuestros amigos, Alteza. En Nochebuena siempre lo hacéis.
- Tus
amigos son los nuestros – replicó él -. Sin embargo, esta noche es nuestro amigo Johann quien necesita nuestra compañía, porque no es bueno que se halle solo ni siquiera físicamente.
- Sois muy amable, Alteza, pero me consolaré haciéndome a la idea de que esta Noche es una noche cualquiera.
- No. No lo es. Y hemos decidido que precisamente esta Noche en la que tanto te esfuerzas en conseguir que para ti sea igual que las demás, sea en cambio inolvidable ya que en verdad te decimos que nos conmueve profundamente el modo con que cuidas y atiendes a tu Niño Jesús.
- ¿Qué Niño Jesús, Alteza?
- Tu madre, naturalmente – respondió el Príncipe señalando con el dedo la habitación en la que dormía la anciana -. Algo parecido pasó en Belén, hace mucho tiempo. No vayas a creer las cosas que te cuentan ¿eh? Las cosas son siempre mucho más sencillas de como se cuentan.
- Bueno, ya me gustaría a mí saber lo que ocurrió en realidad – respondió el hombre, recobrando parte del buen humor perdido – Puede ser, desde luego, que naciera en un pesebre pero es de suponer que no permaneciera allí mucho tiempo, ¿no?
- Tienes un modo de decir las cosas que obligas a sonreír a la gente, aunque no quiera - declaró Johnny-boy-¿Sabías que eso te añade mucho encanto?
- Pues no, pero la verdad es que no imagino a un niño recién nacido recostado en un pesebre esperando que los demás le traigan
cosas y le adoren. Mejor sería que invitaran a toda la familia a sus casas ¿no?
- ¿Dices eso porque nadie os ha invitado a tu madre y a ti? Bueno, creemos que esta Noche divina podrás comprobar todo personalmente –adujo el Niño Azul, poniéndose muy serio.
- No veo modo de hacerlo – respondió el otro -. Es imposible hacer retroceder al Tiempo y de todos modos no puedo moverme de casa. Bien lo sabéis, Alteza.
- ¡Tonterías¡ -exclamó el Príncipe haciendo un gesto muy significativo- . Nos, pediremos al Tiempo que retroceda y lo hará. Y no temas, que tu madre dormirá toda la noche. Además jamás notará tu ausencia. No obstante, y como sabes, nada podemos hacer si no nos manifiestas tu consentimiento, porque al igual que todos tus semejantes eres libre. Si, como esperamos, aceptas nuestro ofrecimiento esta Noche visitaras un mundo viejo y un mundo nuevo. Te darás cuenta de que el Amor los ha separado para siempre y entonces comprenderás la razón por la cual tú y todos los seres humanos que pueblan la faz de la Tierra aún están en el Tiempo de Amar. Te participamos que ese Tiempo no durará eternamente.
- Alteza, siempre hacéis cosas la mar de emocionantes – replicó Johann -. No resulta posible resistirse a participar en ellas, bien lo sabéis. Así es que
consiento encantado, pero decidme ¿cómo podéis conseguir que el Tiempo retroceda?
- Oh, eso es muy fácil. Bastará con que se lo pida un hombre que ama, pero sólo puede retroceder para nosotros dos. Puedes imaginar el caos que se armaría si le pidiéramos que retrocediera para todo el mundo ¿no?
- ¿Es eso posible, Alteza?
- Bueno, verás. Posible sí que lo es, pero en modo alguno es conveniente así que, aunque es cierto que podríamos hacerlo, no debemos hacerlo y con eso basta. ¿Comprendes, no? Bueno, si no lo comprendes no importa mucho.
- Ahora levanta la voz y canta un villancico. Cuanto el Tiempo te oiga retrocederá y tú vendrás con Nos hasta Jerusalén, la única ciudad que tiene el privilegio de pertenecer a los dos mundos
que te hemos mencionado.
- Canto muy mal, Alteza. Jamás he pertenecido al Grupo de los Niños cantores. Además dudo que ninguno de esos mundos a que os referís me guste.
- No importa. En verdad te decimos que será tu corazón de niño quien cante esta Noche; un corazón de niño abandonado y que cuando el Tiempo se de cuenta de que un hombro adulto, hecho y derecho, canta con el verdadero corazón de un niño se detendrá primero y retrocederá después. No está acostumbrado a cosas así.
- Bueno, Vos sabréis lo que hacéis, Príncipe
- Ya lo creo que lo sabemos. Hijo de hombre, canta ya un villancico porque mientras dure tu canto realizarás el viaje más apasionante del mundo.
Entonces, desde la terraza de su casa en la Mariahilfer Strasse, un hombre que ama se puso a cantar el siguiente villancico
:

Oh Tannenbaum, oh Tannenbaum,

Wie grün sind deine Blätter!

Du grünst nicht nur zur Sommerzeit,

Nein auch im Winter, wenn es schneit.

Oh Tannenbaum, oh Tannenbaum,

Wie grün sind deine Blätter!


Fin de primera parte.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Hablar con el Creador

Cualquier persona siente a veces la necesidad de contactar de alguna manera con esa Energía Creadora a la que algunos llaman Dios porque se siente desorientada y hasta confundida por la vida, por los malos ejemplos y por la aparente fortuna de los que poseen un corazón más duro que el hielo. Por otro lado, quienes se sienten próximos a partir de este mundo experimentan una radical transformación y así parece que no se sienten en abo luto preocupados por cuestiones a las que han dedicado toda su vida. Vuelven sus ojos hacia aquellas personas que verdaderamente les han amado, aunque ya no puedan ayudarles porque no están en este mundo, y las llaman una y otra vez de modo que así confiesan a voz en grito lo que yo intento explicar con muy dudoso éxito: Que lo más importante de la vida es el Amor y que eso es lo único que cuenta cuando llegamos al final de ella. Si alguien duda de lo que escribo, únicamente ha de pasarse por algún hospital y pasar una noche con algún enfermo que esté grave. Si no tienes Fe para creer, entonces ve y cree, amigo mío.
Parece pues que la necesidad que todos sentimos de ser escuchados por el Autor de la Vida, sea cual fuere éste, permanece firme en nuestra alma y que si bien es verdad que durante toda nuestra vida puede estar dormida, al final de ella resurge con un esplendor que aterra algunos y que maravilla a otros. Cuando para dar adecuada satisfacción a esa necesidad que sentimos ponemos palabras a nuestro deseo y nos volvemos hacia nuestro Creador, los cristianos aseguran que estamos orando, que "estamos levantando nuestro corazón hacia Dios para pedirle mercedes". Esta definición es ciertamente muy bella, pero falsa, porque no levantamos nuestro corazón a Dios para pedirle cosas, sino más bien para preguntarle la razón por la que a nosotros nos ocurren tantas cosas que nos disgustan, preocupan, hieren, enferman o matan. Lo que los católicos llaman oración es simplemente una queja, pero una queja motivada por el Amor, que procede de éste y llega al Amor mismo. Ahora bien; ¿cómo responde el Amor a nuestra queja? Por definición de lo que el Amor es, no puede permanecer insensible a ella pero como nosotros solemos pensar eso cuando pedimos cosas y no las recibimos, deducimos que no existe nadie que nos escuche. La gran trampa es precisamente esa: pensar que, como el Creador no accede a concedernos lo que le pedimos, es que no nos escucha ya que no nos responde. Además, si solo hablamos con Él para pedirle cosas y no nos las concede ¿para qué vamos a perder el tiempo pidiéndolas?
Todos nos hemos hecho alguna vez reflexiones parecidas a las anteriores y hemos llegado a conclusiones parecidas también. No obstante, la necesidad permanece y por eso son muchas las ocasiones en que con palabras o sin palabras hacemos preguntas al principio Creador y lo bueno es éste nos responde siempre, aunque en muchas ocasiones no sepamos interpretar ni sus signos ni sus palabras. En cambio otras veces las interpretamos muy bien, pero como nos fastidia profundamente hacer lo que se nos pide que hagamos permanecemos sordos a ellas viniendo a resultar que en muchas ocasiones somos nosotros y no el principio Creador los que no escuchamos.
Observa que la Creación entera te susurra al oído día tras días estas palabras: Alegrete, hombre, porque aquel que te creó te ama y por eso te rodeó de grande smaravillas, desde el esplendor del divino Sol, que te da calor y vida, hasta la brillante luz de las estrellas, que conmueve tu corazón¡ Si no quieres escucharla es cosa tuya, pero no me digas que la Energía Creadora no te escucha porque no te responde como tu quieres o porque no accede a tus peticiones. Muchos de los favores que pides no está en su mano concederlos, sino en las manos de tus semejantes así que deberías pedírselos a ellos ¿no crees? Y si no te escuchan no vayas a creer que ese Ser al que llamas Dios es igual que ellos, porque si bien un ser humano que ame puede ser igual que Dios, éste jamás podrá ser igual que un hombre. No le midas por tan bajo rasero, hombre y vuela más alto...mucho más alto.
Agobiado por las penalidades de la vida quien estas líneas escribe buscó consuelo y consejo en un sacerdote católico, cuya fama de santidad era notoria. El buen hombre escuchó con paciencia mis cuitas y después me dijo que debía ofrecer mis penalidades a Dios Todopoderoso y saber llevar mis cargas con dignidad. Fue un buen consejo que le agradezco, pero en realidad no me escuchó porque encargó al citado Dios Todopoderoso su solución cuando estaba en su propia mano resolver alguna de mis preocupaciones. Pues bien; ese no me escuchó, pero de ahí no se puede seguir que el Principio Creador tampoco me haya escuchado. Es muy de gente de iglesia distribuir las cargas de los demás entre los hombros de todos, incluidos los de Dios Todopoderoso, sin que ellos ayuden ni con la punta del dedo a llevarlas pero no te equivoques: Su voz, no es la voz de Dios. La voz del principio Creador no necesita de intermediarios. Escúchala en tu interior y cuando te pida que hagas algo no remolonees ni te excuses. Si haces lo que te digo te prometo que siempre que intentes ponerte en contacto con tu Creador hallarás una respuesta.
JUAN

sábado, 20 de diciembre de 2008

La ilusión de la Lotería

Mi madre me ha contado que cuando estaba a punto de nacer escuchaba ilusionada la radio mientras se celebraba el sorteo de Navidad, porque estaba plenamente convencida de que iba a tocarle el gordo. No obstante, el único "gordo" que le tocó fue quien está escribiendo estas líneas. Pese a que no valgo gran cosa, estoy convencido de que si Goldenboy le hubiera dado a elegir entre que le tocara el gordo y que naciera yo, hubiera preferido lo último.
El próximo lunes, día 22, el Chico de Oro revolverá entre los números de los bombos hasta formar una cifra, que luego hará coincidir con el primer premio llamado también "gordo". Justo en ese momento, pero no antes, millones de ilusiones se hundirán y solo las de algunos emergerán victoriosas convirtiéndose en realidades contantes y sonantes. Este hecho nos hace ser muy escépticos respecto de algo que llamamos "suerte" y, no obstante, no existe humano que no crea en ella.
Es bueno que en la vida tengamos ilusiones, aunque sean tan pobres como las de llegar a convertirse en millonario y que aunque acaben derrumbándose, mientras duran nos ayudan a forjar esperanzas y aunque se terminen de igual manera que se terminó el famoso cuento de la lechera eso jamás nos desanima y por eso año tras año jugamos a la Lotería, llenamos quinielas y boletos de la primitiva y por eso también yo no puedo evitar amar a mis semejantes, que en esto como en tantas otras cosas a mí se me antojan niños. Díganme ustedes ¿quien es el que no ama a un niño? Aunque a veces nos haga daño con sus indiscreciones e incluso con sus actos nos es imposible dejar de amarle, porque en él hasta lo malo nos parece bueno.
Vamos, pues, a complacernos en pensar en lo que haríamos si el Chico de Oro nos favoreciera con el gordo. No voy a decirles a ustedes lo que haría yo porque tampoco ustedes me van a decirme a mí lo que harían si les "tocara" pero ¿y si lo pensamos un poco? ¿Conjugaríamos, en ese caso, el verbo "comprar" o el verbo "dar"?
Aquellos de ustedes que si fueran agraciados con el gordo comenzaran inmediatamente a conjugar el verbo "comprar" en todos los modos y personas van a darse cuenta muy pronto de que los bienes más importantes de la vida no se pueden comprar y así la salud o el Amor Verdadero no dependen del dinero que uno tenga. Tampoco depende de él la felicidad, pues por más que algunos aseguren que el dinero ayude a conseguirla hay veces que es precisamente el dinero quien ocasiona serios disgustos, terribles discusiones entre las familias y otras cosas que no digo. La amistad tampoco se puede comprar con dinero, si es auténtica, y aunque es en buena medida cierto que en torno al rico siempre se forma una suerte de "corte de paniguados", de ningún modo se puede confundir un sentimiento tan noble como el de la amistad con el simple deseo de aprovecharse de las circunstancias y medrar a costa de ellas. Por cierto, tengo que decir aunque no venga mucho a cuento que la gente de iglesia es especialista en este tipo de cosas, pues no hay rico sin capellán, ni millonario que no sea visitado por venerables párrocos, humildes monjitas o piadosos frailes. Lo malo del caso no es que todas estas personas vengan a pedir, sino que no aparezcan más que ante el reclamo del dinero. Tengo, en este sentido, tantos ejemplos dados por gente piadosa que si escribiera un libro para relatarlos caso a caso, se convertiría en la obra literaria más extensa del planeta.
El dinero mal empleado sepulta al alma humana en el infierno, que está lleno de mitras y hasta de tiaras papales. Sin embargo, si se sabe emplear bien, se convierte en un medio para alcanzar la Gloria...la Gloria eterna.
Así pues, y si usted me lo permite, este cursi escritor de poca monta se atreve a aconsejarle que si le toca a usted la lotería el próximo lunes prometa empezar a conjugar el verbo "dar", que es mucho más rentable que el otro. Piense usted con quien debe compartir lo que llama usted "suerte" y yo llamo Providencia, porque es ella y no la suerte la que ha hecho que le llegara a usted ese dinero. Dios escribe con renglones torcidos y la Providencia a veces lo hace con billetes de lotería premiados. Imaginese usted por un momento la de alegrías que podría ocasionar a sus semejantes si empleara con ellos parte de esa fortuna que le ha tocado a usted y no me diga que eso lo digo yo porque como escribo cuentos tengo mucha imaginación. No; no me diga eso y dígame en cambio cual sería su reacción si a su vecino del quinto le toca el gordo y le da a usted únicamente la décima parte de lo que le toca. Y eso que usted es un hombre o una mujer a los que, como vulgarmente se dice, "no les falta nada, gracias a Dios". Ande, de con valentía un paso más e imagínese su reacción si realmente necesitara ese dinero para sacar adelante a una familia endeudada o simplemente para dejar de pasar hambre y necesidad.
No quiere decírmelo ¿eh? ¿Que usted es un intelectual y no se ocupa de esas tonterías de las loterías? Dígamelo si le toca, ande, pero bueno allá usted con sus cosas. Usted es libre ¿sabe? y porque lo es también es responsable así que no me venga con gaitas. Le aconsejo que ni se le ocurra ir a la Iglesia para agradecer a Dios el favor recibido. Si lo hace, es seguro que aparecerá a toda prisa el Cura párroco, le pedirá lo que ellos llaman "limosna" y usted se la dará. Puede usted dársela si así lo desea, pero yo le aseguro que así no tranquilizará su conciencia. No busque en los malos ejemplos de la tacañería ajena una disculpa para su propia tacañería, que si cuando usted era pobre los que tenían dinero no se acordaban de usted, ahora usted es rico y debe recordar lo que pensaba usted de ellos cuando era pobre. De lo contrario hará usted igual que aquel joven comunista que se pasaba la vida reclamando derechos hasta que un buen día se casó con una mujer rica. Cuando, en medio de la opulencia que dan las riquezas, este humilde servidor le recordó un tanto ingenuamente las penurias que pasaban sus antiguos "compañeros" tuvo que escuchar esta alada respuesta: ¿Y qué tengo yo que ver con los obreros? Yo no soy obrero ¿sabes, Juan?
Si el próximo lunes Goldenboy viene a visitarle y le toca a usted la lotería no olvide de dónde viene y a donde debe ir. Que el dorado brillo del metal más frío de todos los metales, que rapta el color del Sol pero no su calor, no le ciegue ni le deslumbre.

JUAN

jueves, 18 de diciembre de 2008

El Aguinaldo de Navidad

El diario "El Mundo" publica en su primera página de la edición de hoy que el Gobierno ha concedido una importante rebaja fiscal sobre los rendimientos percibidos por ciertos grandes accionistas y la ha concedido, según parece, con efectos retroactivos desde 1 de enero de 2008. La disposición legal por la que se concede tal gracia constituye, en sí misma, un galimatías indescifrable cuando no una simple tomadura de pelo pero como en el período navideño no puedo escribir sobre política tengo que conformarme con una mera referencia justificativa de mi comentario, que se refiere precisamente a la costumbre navideña del aguinaldo.
La costumbre de dar y entregar obsequios con motivo de la llegada del Año nuevo no es, como normalmente se cree, una tradición cristiana sino que se halla muy extendida entre las diversas culturas. La etimología de la palabra es muy oscura. En la antigua Roma existía una diosa llamada Strenia a la que se le atribuían los dones de conceder buena salud y buena suerte y de ahí viene, sin duda, nuestro verbo "estrenar" ligado a la idea de nuevo y también a la de que lo nuevo es bueno, lo que evidentemente no siempre es cierto. El Aguinaldo es entonces una buena forma de "estrenar" el Año Nuevo.
El origen de la famosa paga extraordinaria de Navidad radica en que en estas fechas el empresario-patrón obsequiaba a sus trabajadores entregándoles fundamentalmente artículos alimenticios para que pudieran celebrar como era debido las fiestas. De ahí se pasó a las populares "cestas navideñas", a los envíos de turrones, frutas, botellas de vino y de licores, jamones y cosas por el estilo con la variación de que en lugar de entregar todas estas cosas a las trabajadores ahora se envían a personas a las que debemos algún favor. Así pues, y en estas fechas, algunos hogares se llenan de cestas navideñas conteniendo los manjares más rebuscados siendo tanto más grande la cesta, cuanto más grande haya sido el favor recibido.
- Este año nos han enviado ya diez cestas de navidad y tres cajas de bebidas - comentaba esta mañana una señora a su amiga mientras haciamos cola en la frutería -. No sé qué vamos a hacer con tanto.
- Qué suerte, bonita - respondía la amiga, quizás con la secreta idea de que puediera recibir algo de eso que le sobra a la otra -. Nosotros no recibimos nada en navidades y tenemos que comprar de todo.
- He pensado enviar dos cestas y una caja de botellas de vino a mi suegra - replicaba la primera señora, absolutamente insensible a la velada indirecta -. No se las merece, pero bueno. Para algo es Navidad ¿no?
Cuando escucho estos comentarios siento siempre la tentación de intervenir, pero me callo porque sería una intromisión intolerable:
- Venga, señora - le diría si pudiera -. Entregue usted una de esas cestas que al parecer le sobran a esa señora que se pone a la puerta de Hipercor y le desea los buenos días cuando entra usted a comprar.
Imagino la respuesta y lo siento, porque si siguiera mi consejo experimentaría una de las mejores sensaciones de su vida. ¿Feliz Navidad, dice usted? ¡Oh, vaya, que ínclita frescura¡
Hoy en día practicamente ha desaparecido la costumbre de que los niños vayan de casa en casa para cantar villancicos y solicitar a cambio un pequeño aguinaldo. La existencia de porteros automáticos y no automáticos ha eliminado casi por completo una hermosa tradición navideña y ahora quienes nos solicitan el aguinaldo suelen ser hombres barbados que realizan servicios públicos, tales como barrenderos y carteros. La desaparición de los serenos y de los faroleros ha supuesto una menor carga económica para los vecinos y la costumbre de pedir el aguinaldo a través de una felicitación navideña evita embarazosas explicaciones sobre la presencia del cartero en un domicilio sin que lleve carta alguna. Ahora su presencia se justifica con una carta que dice: "El cartero felicita a ustedes estas fechas y les desea muy próspero y feliz año Nuevo".
Quien estas líneas escribe adora la tradición del Aguinaldo y lamenta que esté a punto de perderse. El Aguinaldo es la materialización de que ese deseo de que pasemos una feliz Navidad y tengamos un nuevo año lleno de venturas es realmente sincero, ya que desear sin ofrecer nada material suena siempre a algo vacío. El Aguinaldo es como un anticipo de esa felicidad y esa prosperidad que se desean pues, como está escrito, "obras son amores y no buenas razones". No obstante debemos tener en cuenta en estas fechas que hay personas especialmente necesitadas de felicidad y de prosperidad. Tú, mi querido amigo y mi querida amiga, bien sabes quienes son estas personas.
Anda, pues, y corre a darles el Aguinaldo aunque no les debas ningún favor ni esperes de ellas otra cosa que una sonrisa. En verdad te digo que ella iluminará tu hogar en estas fechas con mucha más intensidad que todas las lucecitas que has colocado por toda la casa.
JUAN

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Las "copas de Navidad"

La costumbre de que en el periodo navideño empresas y organismos públicos ofrezcan a sus empleados lo que denominan "copa de Navidad" se me hace francamente insufrible e instintivamente antipática. Pido perdón, pero es que es así. Entre el ruido que hacen las botellas de cava al abrirse y la barahunda que se forma alrededor de mesas cargadas de los más variados y peregrinos alimentos uno pierde la noción del tiempo. Hombres y mujeres con sus bocas llenas de comida suelen desearse los unos a los otros los mejores deseos de Paz y Felicidad mientras, de paso, critican al compañero que cayó en desgracia o comentan los defectos de los demás, una vez que éstos se han ido:
- Ahora que ya se ha ido el mariconazo ese ¿sabéis con quien se ha liado?
- No, ni idea, Purita
- Pues vive con un joven bombero que conoció en un viaje a Túnez.
La conversación "navideña" prosigue y Purita brilla en todo su esplendor al ofrecer detalles de una relación tan morbosa como moderna. Hay alguna protesta nada airada de alguna mujer que musita entre dientes "unos tanto y otras nada de nada" y algo más tarde suele surgir la observación de algún "progre", que sonriendo con estoica conmiseración acude en defensa del "mariconazo" en cuestión con un "Aunque sea homosexual es buen tío". Si por casualidad quien es el objeto de estos comentarios vuelve al grupo, la conversación se extingue como por arte de magia, virando a un ¡Juan, que bien vivís los solteros", frase que suele pronunciar la propia Purita mientras le guiña un ojo haciendo un gesto significativo.
En otros corrillos gentes que no se han dirigido la palabra en todo el año confraternizan alegremente e intentan "arreglar" la empresa, la ciudad, la comunidad, el país y el mundo casi por este turno. Todo es ficiticio, salvo la rápida desaparición de las viandas y el sistemático vaciado de las copas de cava. Algunos se refieren a sus mujeres o a sus hijos; otros se embarcan en interminables y amargos monólogos sobre política, amargando la vida a todo cristo y en todas partes se come y se bebe con una avidez, que verdaderamente resulta inconcebible en estos tiempos de abundancia y de buenos alimentos.
No obstante, este año las "copas navideñas" ofrecidas por los empresarios a sus explotados y mal pagados empleados han sido rebajadas, en muchos casos, a simples "tentes en pie" o "copas de vino español". Los que las pagan suelen ofrecer como explicación de la desaparición de las mesas de langostinos, mariscos, carnes primorosamente elaboradas y extraños canapés que mezclan toda clase de sabores sin que luego ellos sepan a nada que "estamos en momentos de crisis".
Quien estas lineas escribe tomaba una copa de cava en el mismo momento en que se ofrecía esta explicación, como una suerte de disculpa o justificación ante la manifiesta y constatada penuria de alimentos sufriendo un ataque de risa tan considerable, que se atragantó y hubo de recibir varios golpecitos en la espalda que le ayudaron a salir de tan penosa situación. Apenas se había recuperado, cuando al observar el desesperado peregrinaje de algunos en torno a las mesas en las que únicamente había bandejas vacías volvió a estallar en carcajadas.
- Se nota que disfrutas mucho ¿eh? - me dijo el Jefe de Archivos con una cierta mala idea -. Rebosas alegría por todas partes.
- Es debido a la emoción del momento - mentí con toda la frescura del mundo, mientras me volvía a dar otro ataque de risa.
Pero el otro en modo alguno deseaba ser menos en esto de las emociones.
- Sí - dijo pensativamente -. Es una pena que tengamos que esperar a las navidades para demostrarnos el afecto que nos tenemos.
- Desde luego - apostillé, ya cegado por las lágrimas de la risa-. Y hay que ver qué bonito esta todo ¿verdad?
- Deberían haber puesto más cosas. Este año no hay langostinos ni salpicón de mariscos.
Estos diálogos de besugos repetidos un número de veces tan grande como se quiera, aunque inferiores a infinito convierten las "copas de navidad" en malas obras de teatro, con mal argumento, malos actores, malos decorados y malos autores. No obstante, eso es lo que hay. Nada más. El capitalismo ha convertido en un gran Teatro las celebraciones que conmemoran la llegada a este mundo del Amor Verdadero.
Es algo triste, ¿no?
Juan

lunes, 15 de diciembre de 2008

De la Ambición y la Fama

Cuando alguien siente en su alma un deseo ardiente, que le motiva a alcanzar el poder, la fama o riqueza solemos decir de él que es un ambicioso sin darnos cuenta, quizás, de las pobres ambiciones que posee. Poder, fama y riqueza son bienes que no pueden disfrutarse eternamente; Amor Verdadero, Gloria y Sabiduría son cosas que se conservan eternamente y, por lo tanto, deberían ser los verdaderos objetos de nuestra ambición.
El gran Alejandro fue Rey a los veinte años, conquistó el inmenso Imperio persa, llegó a la India y aún hoy nos asombra por su valentía, su habilidad estratégica en las batallas y su impresionante capacidad para la Lógica, que seguramente heredó de Aristóteles. En su tiempo fue el monarca más rico de la tierra, el más famoso y el más poderoso. No obstante, la malaria segó su vida un mes antes de que cumpliera los 33 años y si alcanzó la Gloria no fue por todo eso, sino sobre todo por haber extendido el helenismo en Asia y porque pudiendo hacer cuanto le venía en gana, únicamente hizo lo que debía salvo en muy contadas excepciones. Antes y después de él hubo monarcas ambiciosos, pero sólo Alejandro Magno supo hacer de su ambición un medio para extender la cultura y el saber de la luminosa civilización a la que pertenecía y lo hizo sin imponerla.
El famoso escritor y dramaturgo británico William Shakespeare dijo a propósito de la ambición que aquel que se eleva demasiado y llega cerca del Sol, aunque llegue a él con alas de oro éstas se funden y el barón de Montesquieu aseguró más tarde que un hombre no es forzosamente desdichado por ser ambicioso, pero indudablemente lo es si la ambición lo devora. Así pues, no es malo intentar elevarse; lo malo es elevarse demasiado y la ambición no produce desdicha salvo si devora al ambicioso.
Quien estas lineas escribe es ambicioso, pero reconoce que no puede elevarse hasta el Sol porque está sujeto a la tierra, de la que fue formado. No pudiendo por lo tanto conquistar el Sol, ni estando dotado de cualidades que le permitan conseguir la fama y la riqueza tiene que conformarse con conseguir el amor y el respeto de sus semejantes, no sólo por sus palabras, sino sobre todo por sus obras. Al igual que la mayoría de sus semejantes, vivirá unos años en el más completo anonimato, pasará privaciones, tendrá que renunciar a muchos de los placeres de los que disfrutan los ricos y no tendrá más poder que aquel que pueda utilizar consigo mismo. Llegarán días en que nadie lo recordará y si nadie dejó de hacer lo que debía cuando nació, nadie dejara de seguir haciendo lo que quiere cuando se vaya. Se extinguirá, pues, como se extingue la luz de una vela: sin ruido y casi sin llamar la atención, dejando aquí cuanto no sirva de nada en el mundo al que todos estamos llamados. Se da la circunstancia de que tanto el poder como la fama y la riqueza forman parte de todas esas cosas que tenemos que dejar, así que si hemos gastado nuestra vida procurando conseguirlas somos ciertamente ambiciosos, pero también un poco tontos.
No obstante lo anterior, hay que decir también que la base del razonamiento es precisamente el punto más débil del mismo, ya que considera un hecho demostrado que después de la vida que conocemos existe otra y que en ella no se necesitará para nada ni el poder, ni la fama ni la riqueza. Pues bien, vamos a dar como cierto que no existe más vida que la que conocemos y ahora detengámonos a analizar si teniendo poder, fama y riqueza conseguimos o no la felicidad, aunque sea únicamente por unos cuantos años. Resumiendo, son tres las preguntas que debemos hacernos: "¿Es feliz el rico? ¿Es feliz el poderoso? ¿Es feliz el famoso? No valen comparaciones ¿eh?, que ya te veo llegar, así que no me digas eso de "Más feliz que el pobre, sí" porque así no respondes a la pregunta, sino que la eludes.
Veamos: La simple posibilidad de que un hombre rico pueda llegar a dejar de serlo o el hecho de que haya otros hombres más ricos que él a mi me parece que empaña mucho la felicidad que se supone dan las riquezas. La felicidad del poderoso es aún más precaria, si cabe, porque en cualquier momento puede ser desposeído de ese poder y la Historia está llena de ejemplos la mar de significativos. Véase, sino, el caso de Napoleón I. En cuanto al famoso, como la Fama es algo fugaz, debe estar siempre temblando pensando que llegará un momento en que otros tendrán la fama de la que hoy él disfruta. Podemos repasar ejemplos de ricos, poderosos y famosos varios a fin de confirmar o denegar esta hipótesis.
Bueno, pues si ésto es así parece que no resulta nada rentable pasarse la vida intentando conseguir poder, fama o riquezas. A lo mejor deberíamos ambicionar otras cosas que nos producen un mayor grado de felicidad y quien sabe si una de estas cosas pudiera ser, por ejemplo, tener la seguridad de que uno es amado, de que uno está dentro del corazón de su semejante y de que uno siente en su corazón el palpitar de los demás corazones;que uno en definitiva vive en los demás y que los demás viven en uno. Si deseamos ser felices, quien sabe si la felicidad únicamente depende de eso. Ahora bien; ¿Existe algún ejemplo próximo a nosotros en el que verificandose esas condiciones alguien se declare feliz gracias a ellas? Que cada uno lo piense y que cada uno extraiga las consecuencias que estime oportunas.
JUAN
 
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