miércoles 8 de julio de 2009

Dime: ¿Dónde está Dios?

Torrentes de amargas lágrimas surgían de tus ojos y mojaban mi camisa blanca. Te había abrazado con fuerza y por eso notaba tu cuerpo temblar, como tiembla la hoja cuando es sacudida por el viento de Otoño.
- No llores - le dije, comprendiendo lo inútil que sería en aquellos momentos cualquier pretendida palabra de consuelo.
Pero entonces tú me hiciste la gran pregunta:
- Juan - me dijiste entre sollozos que herían mi pobre corazón - ¿Dónde está ese Dios ante el que te inclinas? ¿Dónde está ahora ese Amor Verdadero, que consuela con su Amor a los que aman?
- En ti mismo - te respondí-. Entre el dolor y el sufrimiento que hoy nubla tu mente. Entre tu perplejidad ante el terrible golpe que has recibido. Entre tu frustración por no hallar causa alguna que pueda justificar lo que consideras una separación antinatural y sobre todo, hijo mío, en ese reconocimiento tácito que te hace decir: "Nada somos, nada valemos y nada tenemos, porque hasta los escasos días que vivimos sobre la tierra son prestados". Hoy te has dado cuenta de que únicamente tu Amor vale y que en comparación con él ninguna otra cosa tiene valor. Te digo, en verdad, que si no hallas a Dios entre estas cosas que te he dicho no te empeñes en hallarlo en parte alguna.
¿Qué sería de nosotros si jamás se nos diera la oportunidad de hallar a Dios? Seguramente nos ocurriría lo que a aquel hombre que por haber ofendido al divino Sol gravemente fue condenado por éste a que cuando naciera su primer hijo debería vivir en absoluta y total oscuridad todos los días de su vida. Vino así a resultar que el muchacho, aún no estando ciego, nació y vivió en medio de las tinieblas. Como todos le decían que el Sol ciertamente existía, él comenzó a buscarlo pero jamás podía descubrirlo. Eran inútiles las descripciones, los razonamientos y reflexiones que otros le hacían y a veces resultaban hasta contra producentes, porque en más de una ocasión el muchacho creyó que se burlaban de él ya que desconociendo la maldición a la que había sido condenado creía de buena fe que los demás también vivían en la oscuridad.
- Si el Sol existe, ha de existir para todos - razonaba -. Si no existe para mí, entonces es que tampoco existe para nadie.
Llegó un momento en que toda explicación, descripción, aclaración, razonamiento o reflexión tendente a demostrar que el Sol efectivamente existía comenzó a parecerle una auténtica tomadura de pelo, pero antes de que perdiera definitivamente la esperanza de hallarlo en el otro lado del espejo ocurrió algo que hizo que su situación cambiara.
-¿Cómo es, querido y divino Padre, que has hecho a un inocente responsable de las culpas de su padre condenándolo a no ver tu divina luz en toda su vida? - preguntó Johnny-boy, tras haberse enterado casualmente de lo que ocurría por una indiscreción de las briznas.
- A quien nos ofendió gravemente le hemos castigado en la persona que más ama, que es su hijo - respondió lacónicamente el Padre de toda Luz.
- Entonces, querido Padre, me habéis castigado a mí porque yo soy el Amor. Dime pues si yo también os he ofendido.
El Sol comprendió entonces que no había sido enteramente justo, pero como naturalmente no podía volverse atrás así se lo comunicó al divino adolescente. Johnny-boy, entonces, dijo:
- ¿Le habéis condenado también a que no vea la luz de la luna ni de las estrellas?
- No tal - respondió su Padre, con su laconismo acostumbrado.
- Pues entonces yo haré que vea esas luces para que comprenda que, aunque de momento no pueda descubriros, Vos, ¡Oh padre mío¡ existís y con tal esperanza su vida ya no será enteramente oscura.
Perdidos en un mundo ahíto de placeres y lleno de personas egoístas todos nosotros somos parecidos al muchacho del cuento, pero cuando estamos a punto de perder la esperanza un resquicio de Luz entra en nuestro corazón y la reaviva. No es culpa de la Luz, en verdad, que hayamos blindado nuestro corazón; por eso tiene que aprovechar las ocasiones en que la terrible envoltura se rompe para llegar a él. Si en lugar de rechazar esa luz uno la acepta, se pregunta la causa y siente que aún en medio del sufrimiento brilla la Esperanza entonces uno ha hallado a Dios.
JUAN

lunes 6 de julio de 2009

¿Cómo se vive el momento?

El famoso poeta romano Horacio escribió lo siguiente: Carpe diem quam minimun credula postero. Es decir: Vive el momento y no te fíes del mañana. Hoy deseo escribir sobre el sentido que le damos a la famosa frase para demostrar, entre otras cosas, que entre un hombre de la Edad Media y otro de la denominada "Era de la Información y del Conocimiento" no existe más diferencia que la absoluta falta de fe en lo referente a la cuestión de la Vida después de la vida.

Como es bien sabido, la sociedad medieval estaba fuertemente jerarquizada y en ella los nobles y la Iglesia tenían un control casi absoluto. Por lo que quien escribe estas líneas ha leído, en aquellos días el Dios de los católicos presentaba características muy diferentes del Dios de los católicos actuales, el cual según Su Santidad el Papa no es otra cosa que Amor. Así pues, convertido por deseo del hombre en el Gran Contable del Universo, aquel Dios anotaba cuidadosamente todos los pecados de los hombres y si estos no se arrepentían de ellos y no se confesaban a lo largo de su vida al menos una vez, cumpliendo la penitencia que les fuera impuesta, cuando dejaban de existir eran condenados al Infierno en el que padecían terribles penas de daño y de sentido.
Casi todo el mundo está de acuerdo en que la mejor obra de Dante es "La Divina Comedia". Únicamente tras leer en ella con atención los padecimientos que debían sufrir aquellas almas condenadas al Infierno puede comprenderse el sentido de la frase en la sociedad medieval: Si el momento no se vivía pensando en lo que a uno le podía pasar si llegaba a la otra vida cargado de pecados, la vida se perdía de modo definitivo y siendo la santa y Católica Iglesia Romana la que establecía, clasificaba y en su caso perdonaba los pecados era evidente que no se podía estar en modo alguno a mal con ella. La construcción de las espléndidas Catedrales europeas del románico y del gótico tiene mucho que ver con esta idea y como en modo alguno pudieron construirse solas hay que deducir que gran parte de la población admitía que el mejor modo de vivir esta vida era preparándose adecuadamente para la otra.
En estas condiciones la sociedad medieval estaba obsesionada por el más allá y hasta tal punto que salvo las personas que pertenecían a los estamentos más cultivados - es decir: nobles y clérigos, en lineas generales- vivían cada día de su vida atemorizados porque ¿quien podía estar libre de pecado a los ojos de aquel Dios justiciero y terrible? Por otra parte y dado que la esperanza de vida era entonces muy corta, la idea de que el juicio de Dios estaba próximo impedía que el pueblo se ocupara de otras cuestiones, lo cual interesaba de lo lindo tanto a los gobernantes como a la propia Iglesia. En consecuencia el largo periodo histórico que media entre la caída de Roma (476) y la de Constantinopla (1453) está lleno de guerras religiosas, cruzadas, refriegas entre el Papado y el Imperio y cosas por el estilo. Nada de Ciencia y poco Arte: Total, para lo que servían...
El llamado Renacimiento modificó parcialmente el sentido de la frase: Vivir el momento significaba que se debían disfrutar los placeres de la vida a pesar de todo y si algunos de ellos eran ciertamente pecado ¡qué se le iba a hacer¡ para eso estaba la Confesión, las Indulgencias, el Papa y otras cosas por el estilo. Tal y como estaba la sociedad de entonces casi todos los placeres eran pecado, pero puesto que todos los pecados podían ser perdonados lo importante era tener siempre el confesor a mano. No he comprobado si el Papa Alejandro VI murió debidamente confesado, pero si efectivamente lo hizo antes de morir todos sus pecados le fueron perdonados y alcanzó el Paraiso más tarde o mas temprano. En cambio, ¿qué destino le esperaba al pobre vendedor ambulante, que proclamaba su mercancía entre las ruinas del Foro romano, y al cual asestaron una puñalada mortal cuando yacía con una prostituta, cerca del Coliseo, si murió sin confesión?
El denominado siglo de las luces puso un poco de orden en este desbarajuste: Con independencia de que Dios perdonara o no los pecados, el ciudadano debía cumplir las leyes y como si no lo hacía era severamente castigado meditaba largamente antes de vivir el momento de un modo que pudiera llamar, en cierto modo, la atención de la autoridad. Las penas del Infierno eran, desde luego, una posibilidad; pero las que imponía la Ley a aquel que no la cumplía eran algo real. Ya comprenderéis que en estas condiciones la alianza entre la Ley y la religión era inevitable. En consecuencia la doctrina que defendía la separación de la Iglesia y el Estado es algo sorprendentemente moderno: Pío IX, que reino a mediados del siglo XIX, no la admitía en modo alguno y además elaboró un índice de libros prohibidos, por si acaso a alguien le apetecía poner en práctica lo que en ellos se leía.
En el siglo XX las cosas cambiaron de modo radical en primer lugar porque el analfabetismo disminuyó de modo relampagueante y en segundo porque filósofos, pesadores, políticos, reyes y gobernantes en general comenzaron a hacer caso omiso de lo que dijera la Iglesia católica. Ciertamente, la escuchaban; pero eso era todo y ciertamente también admitían la existencia del Estado del Vaticano, pues quedaba hasta estéticamente bien en un mundo decididamente capitalista. Al fin y al cabo...son tan bonitas las ceremonias de la liturgia...
Un ensayo de lo que debería ocurrir en el futuro con las sentencias de excomunión papales ya lo hizo Napoleón cuando afirmó: "La excomunión no hará que caigan las armas de las manos de mis soldados". En cualquier caso es evidente que actualmente apenas se excomulga a nadie, al menos públicamente, ya que para eso se ha inventado la excomunión "latae sententiae". Por otro lado, las antaño demoledoras y condenadoras Encíclicas llenas de la expresión "sea anatema" comenzaron a endulzarse de modo harto sorprendente y el Vicario de Cristo, Papa y Rey hasta que dejó de serlo muy en contra de su voluntad, se presentó ante el mundo como un apóstol de la Paz. Lo fue Pío X; lo fue Pío XI; lo fue Bendicto XV; lo fue Pío XII; lo fue Juan XXIII; lo fue Juan Pablo I; lo fue Juan pablo II y lo es el Papa actual. La afirmación cae por su peso y por su evidencia.
En la segunda parte del siglo XX el humano se hizo soberbio: Los grandes adelantos de la Ciencia, el progreso de la Medicina, ese milagro que es la Cirugía, el dominio del aire, del mar y hasta del espacio y el conocimiento biológico del principio de la vida le hicieron creer que hasta la Muerte podría ser un día vencida. De hecho, la esperanza de vida aumentó de modo sorprendente en los países más avanzados y además en ellos desapareció practicamente el proletariado, tanto rural como agrario. El grito de ¡champan para todos¡ lo invadió y rotas las ataduras que impedían al macho y a la hembra de la especie humana aparearse cual si se tratara de animales se usó y abusó del sexo de lo lindo. Los prejuicios que durante dos milenios habían mantenido sujeto al pueblo saltaron por los aires. El nuevo lema mundial, escrito en inglés y no en latín, fue el siguiente: Todo es bueno, si yo soy quien lo hago; si lo hacen los demás, la cosa cambia. En cuanto a la otra Vida, como quiera que nadie ha vuelto de ella para manifestarnos que existe, pasó a convertirse en la práctica en un mito más: Quedaba bien no negarla, sobre todo ante aquellos que se empeñaban en asegurar que existía, pero como no se creía en ella el vive el momento se tradujo en una desesperada búsqueda del placer, del dinero, del poder, de la fama o de todo ello a la vez, sin importar los medios que se emplearan para conseguirlos. Y si algún alma cándida cometía la indiscreción de recordar al que todas estas cosas hacía que un día debería dejarlas existiera Vida eterna o no, recibía esta curiosa respuesta: "Mira tío; no me vengas con rollos, porque escrito está que el vivo al bollo y el muerto al hoyo" .
Y es así como hemos pasado de un mundo atemorizado por la condenación eterna a otro en que no hay ni eternidad ni condenación. No sé por qué me temo que aquellos que moran tras el cristal y el azogue van a hacer algo al respecto y no tardando mucho, pero ésta es únicamente una suposición.
JUAN

sábado 4 de julio de 2009

No os burléis del Amor

La reina Cristina de Suecia se miró en el espejo y observó cuidadosamente la imagen que el curioso artefacto le devolvía: Tenía que reconocer que era definitivamente fea, regordeta, muy baja y que en su rostro no había ni una sola facción agradable. No obstante, y quizás para compensar la absoluta fealdad de aquel cuerpo, la soberana de Suecia era una de las personas más cultivadas de su época y para demostrarlo había regalado al católico Rey de España Felipe IV dos magníficos cuadros pintados por Durero, que hoy pueden admirarse en el Museo del Prado.
- Nunca me casaré -declaró como hablando consigo misma -. No me atrae el matrimonio y no creo en el Amor Verdadero, que si no resulta posible para nadie mucho menos para mí. No he de preocuparme de él en absoluto. Soy fea, viril y tengo costumbres de muchacho en lugar de tenerlas de mujer, así es que no debo hacerme ilusiones. Además me resulta imposible entregarme a un hombre y mucho menos a ese primo mío con el que todo el mundo desea casarme.
Se refería, naturalmente, a Carlos Gustavo a quien el Consejo del Reino había apremiado para que solicitara la mano de su real prima.
Naturalmente la reina de Suecia no podía sospechar que al otro lado del espejo alguien la había escuchado. Era Johnny-boy en persona, que casualmente andaba por allí y que se había sentido la mar de molesto por el despectivo comentario que sobre él había hecho una dama tan culta y preparada.
¡Oh, vaya, qué frescura¡-exclamó mientras bailaba la risa en sus incomparables ojos azules- Bueno, ya veremos.
Tal y como hacía todos los días la hija de Gustavo II Adolfo, el denominado león del norte, se vistió sus acostumbradas ropas de varón, que la convertían en un mozalbete algo zafio, y montando en su caballo como montaría un esclarecido varón abandonó Palacio para cabalgar por los helados caminos suecos. En un recodo observó algo divertida los esfuerzos que realizaban algunos servidores para conseguir desatascar un lujoso trineo, que había caído en una hondonada tras ceder la nieve que la cubría.
- Así no - indicó sonriendo el presunto muchacho -. Poned una manta debajo del trineo y después arread a la caballería.
Los servidores así lo hicieron y el trineo salio del atasco sin mucha dificultad.
- Dad a ese mozo una moneda de oro - dijo una voz masculina, que provenía del interior del trineo.
A la reina de Suecia le hizo mucha gracia el detalle, así que cogió la moneda en la que aparecía su propia imagen y se la guardó con ánimo de conservarla como recuerdo.
Inopinadamente comenzó a soplar un viento helado y del revuelto firmamento cayeron miles de copos de nieve. Había que buscar cuanto antes cobijo pero eso no es un grave problema en Suecia, que por entonces estaba plagada de posadas. Así pues el aparente mozalbete se dirigió a una de ellas y pidió la mejor habitación.
- Cuesta tres táleros, caballero -dijo el posadero con desconfianza.
-Dadle diez -respondió la joven reina dirigiéndose al anciano servidor que siempre la acompañaba.
El posadero se deshizo en elogios ante el inesperado regalo y automáticamente elevó al destartalado mozalbete a caballero, tratándole de Vuestra Señoría y acompañándole en persona hastala mejor habitación de su casa.
Mientras tanto otro importante personaje llegaba a la posada. Se trataba, nada menos, que de D. Antonio Pimentel del Prado, Conde de Pimentel, Caballero del Sacro Imperio romano-germánico y embajador extraordinario de su católica Majestad Felipe IV, Rey de España y de las Indias. Como es natural exigió la mejor habitación pero le dijeron que ya estaba ocupada por un joven caballero. Él entonces ofreció treinta táleros al posadero y éste, no queriendo perderlos, comenzó a devanarse los sesos al objeto de complacer a tan importante cliente.
Entonces ocurrió una distracción: La reina de Suecia, conservando su disfraz de muchacho, hizo entrada en el comedor de la posada y como el embajador español reconoció en ella al mozalbete que le había ayudado le invitó a cenar y entre copa y copa, confidencia y confidencia, bocado y bocado nació entre ellos una abierta simpatía.
Habiéndolo observado el sagaz posadero se atrevió a proponer al joven caballero que el embajador compartiera con él la habitación que le había alquilado:
- La cama es muy grande -alegó- y en ella aunque duerman dos personas lo harán muy cómodamente.
Cristina miró al muy apuesto embajador español y se sintió inmediatamente cautivada por aquellos ojos tan negros como ardientes y profundos. Algo había saltado en su corazón cuando el caballero español, creyendo que hablaba con una persona de su propio sexo, le había puesto varias veces las manos encima en ademán de abierta camaradería, pero sabiendo que si compartía su habitación con él sería imposible disimular su condición de mujer se resistió a hacerlo. Tal actitud molestó de lo lindo al embajador y Cristina entonces cedió: compartiría su lecho con el apuesto caballero.
No hace falta ser muy inteligente para adivinar lo que ocurrió en aquella habitación. Cuando el Conde de Pimentel comprobó que el pretendido muchacho no era tal, sino una mujer, no se anduvo ni con rodeos ni con galanteos y como resultado de todo este asunto a la mañana siguiente no se levantó de la cama y permaneció en ella en unión del misterioso caballero sin importarle ni poco ni mucho los comentarios que se hicieron al respecto. ¿Qué atratactivo hallaría el joven español en aquella mujer tan poco agraciada? Eso no lo dice la historia pero quizás si se lo preguntaís a Johnny-boy hallaréis una respuesta.
Cuatro días más tarde Cristina, sentada en el trono de Suecia, recibía oficialmente al embajador español, que llegaba nada menos que para solicitar su mano para el rey de España. Cuando Pimentel se dio cuenta de quien era la mujer con la que había pasado cuatro días en una posada casi se desmaya, pero lo cierto es que Cristina no estaba dispuesta a dejar pasar aquella oportunidad y le concedió inmediatamente una audiencia privada: Había hallado al Amor Verdadero y aunque jamás pudiera casarse con Pimentel su decisión estaba tomada: No se casaría con él ni con nadie.
En febrero de 1654 la Reina comunicó oficialmente su decisión al Consejo de Estado y cuando se la rogó que manifestara sus razones ella respondió: "Si las conocierais os aseguro que no os parecerían nada extrañas, pero una Reina a veces debe callar sus razones; por eso hemos decidido abdicar de la Corona de Suecia".
Y así ocurrió en efecto: El 6 de junio de 1654 en el castillo de Upsala la reina se despojó ante toda la corte de las insignias reales y abdicó en su primo, que tomó el nombre de Carlos X Gustavo. Después abandono Suecia, a la que únicamente regresaría muchos años más tarde; se convirtió al catolicismo provocando uno de los escándalos más sonados en su país y se fue a vivir nada menos que a Roma. Su lema había sido Columna regni sapientia ( La sabiduría es el pilar del reino) y en consecuencia cultivó las artes y portegió las ciencias hasta su muerte, que tuvo lugar en Roma el 19 de abril de 1681. Cuando después de fallecer alguien abrió su apretada mano observó que en ella estaba la misma moneda que tantos años atrás le habia regalado un caballero español en premio a sus servicios.
Hoy podéis ver su monumento funerario en el centro mismo de la Basílica de San Pedro.
Abdicó por Amor y se convirtió al catolicismo por Amor, pero Johnny-boy quiso demostrarle que la Ciencia y el Arte valen muy poco si no se ama y así permitió que el Conde de Pimentel falleciera en duelo el mismo día que había quedado con la reina de Suecia para abandonar juntos el país en el mismo barco.
Si no creéis en el Amor Verdadero es cosa vuestra, pero que no se os ocurra nunca burlaros de él o de ninguna persona que le lleve en el corazón.
JUAN

viernes 3 de julio de 2009

El corto y cálido Verano

Pues no, verán: Un hombre o una mujer que aman no tienen por qué ser unos amargados que renuncien a los placeres de la vida cuando por disfrutarlos no descuidan ninguna de sus obligaciones. En lo que a mí respecta puedo asegurarles que me gusta disfrutar de la vida como el que más. Me gustan, entre otras cosas, la buena mesa, el vino y las mujeres. Me vuelve loco nadar entre las aguas del admirable mar Mediterráneo, repleto de historia, y pasear en buena compañía a orillas del mar cuando llega la noche. Adoro, además, esas largas tertulias veraniegas que suelen tener lugar después de la cena.
¡Ah, pues qué se creían¡ La diferencia entre un hombre que ama y otro que no ama es que mientras el primero está dispuesto a sacrificar sus preferencias y gustos particulares cuando es necesario, el segundo halla miles de pretextos para que los problemas de la vida no enturbien ni poco ni mucho sus planes de diversión y de jarana. Así pues, nuestras playas están llenas de matrimonios que han hallado curiosas soluciones para que los ancianos de la familia no les molesten y nuestros hospitales tanto públicos como privados permanecen con todas sus camas ocupadas pero casi vacíos de visitantes durante todo el tórrido mes de Agosto. Ya se sabe: Yo tengo mi vida.
Es injusto y manifiestamente cruel que a la abuelita que con tanto cariño cuidó y crió a sus nietos porque sus padres estaban todos los días trabajando se la ingrese en una residencia aunque en modo alguno lo necesite para que su abnegado hijo, compsicua nuera y egoistísimos nietos puedan comer paella en la playa. Únicamente cuando es imposible cuidar a un anciano en su domicilio puede pensarse en ingresarlo en una residencia, ya que si eso se hace es por su bien. ¿Cómo debo llamar yo a aquellos que lo hacen cuando únicamente es por su propio bien?
No es tan terrible renunciar a las vacaciones de verano, pues aunque éste es ciertamente cálido resulta en líneas generales bastante corto. Si por casualidad eres de los que te mortificas porque este año no podrás sacar partido al verano debido a que has de cumplir con tu deber yo te digo y tú tienes que creerme porque yo lo sé que no sólo recibirás ciento por uno, sino que hallarás fuerzas suficientes como para afrontar la situación. Cuando uno va a tirarse al agua vacila porque teme su frialdad, pero una vez en ella disfruta como un loco y hasta tal punto que en muchos casos le gustaría permanecer en ella horas y horas. Bueno; pues esto es casi lo mismo y aunque es verdad que tu sacrificio no te produce el menor placer físico no es menos cierto que tu alma inmortal se ensancha, se perfecciona, se endurece y se humaniza hasta límites muy difíciles de describir.
Uno de los síntomas más evidentes de nuestra decadencia es el egoísmo, que crece y crece de generación en generación. El terrible defecto se les inculca a los niños desde su más tierna infancia y cuando ven que sus padres no se ocupan gran cosa del abuelito o de la abuelita toman buena nota de ello, ya que dicen: Si lo hacen mis padres indudablemente está bien hecho. Se casan sin amor los jóvenes y como el matrimonio se convierte tarde o temprano en un nudo gordiano lleno de problemas y dificultades, al no haber amor, fracasa de modo estrepitoso con consecuencias desastrosas para el varón de la pareja, condenado a pagarlo todo como si el fracaso fuera exclusivamente culpa suya. Huyen las madres y los padres de sus deberes para con sus hijos pues para eso tienen a los abuelitos y se pasan la semana entera trabajando, aguantando a jefes que descargan su mal humor en los empleados o soportando en silencio el acusado y malhadado machismo de otros. Les aseguro a ustedes que si yo fuera mujer preferiría mil veces las labores domésticas, por gravosas que sean, que soportar a un jefecillo machista con el que hay que andar con todo tipo de precauciones, ya que además de machista suele ser una birria de tío.
En estas condiciones nuestra sociedad se ha convertido en un inmenso manicomio formado por mujeres acosadas y mal pagadas, ancianos desvalidos, niños que todo lo quieren y que no sienten el menor respeto ni por sus padres ni por sus educadores, jóvenes que únicamente piensan en el sexo y en el botellón, matrimonios que quieren vivir como si los dos estuvieran solteros, parejas que viven como si estuvieran casados sin estarlo, curas vagos, obispos políticos, políticos corruptos, especuladores, ladrones de guante blanco, timadores, aprovechados varios y un largo etcétera.
También hay gente buena, desde luego. ¡Ah es que si no la hubiera los días de la ira hace mucho tiempo que habrían llegado¡ Y es cierto que hace menos ruido que la mala, aunque no sé yo si eso se debe a que se callan o a que aunque hablen alto sean muy pocos.
¡Ojala seas tú de éstos últimos¡ Si sabes sacrificar un verano de tu vida para que aquel al que amas no se sienta solo ni abandonado debo decirte y te lo digo sin rodeos que sabes amar y que por eso sabes vivir, pero si por el contrario no tienes ni una hora para dedicársela a los demás porque todas las tienes ocupadas en ti mismo tengo que decirte, con harto pesar, que formas parte de esa sociedad egoísta y corrompida a la que me refiero. Así es que no te quejes cuando otros te traten como tú has tratado a los demás ni critiques a aquellos que hacen lo mismo que tú, porque como llama el pararrayos al rayo, así llama el egoísmo y la corrupción a aquel que no es capaz de sacrificarse por los demás.
JUAN

miércoles 1 de julio de 2009

Discrepar es avanzar

Mi comentario entre la diferencia que existe entre ser cristiano y ser católico parece que ha molestado a algunos. Lo siento de veras y agradezco mucho sus observaciones ya que discrepar es avanzar en el conocimiento de la Verdad, si la discrepancia se expone de modo correcto y con educación. Prometo tener en cuenta aquellas opiniones que no entren en flagrante contradicción con la Historia, pero que nadie me pida que tenga en cuenta otras que únicamente tienen que ver con la fe. Para mí la palabra de un Obispo es únicamente la palabra de un hombre y para que yo tenga fe en las palabras de un semejante he de comprobar antes que sus actos están de acuerdo con sus palabras.
Si se analiza con serenidad la cuestión lo primero que sorprende es la enorme diferencia que existe entre las palabras "cristiano" y "católico", pues no hay entre las dos ningún punto en común a pesar de los esforzados intentos de muchos por convertirlas en sinónimas. Lo siento mucho, pero no lo son y por eso un cristiano puede ser católico, luterano, anglicano, de la Iglesia reformada de Holanda, anabaptista, etc. etc. Todas estas religiones tienen a Jesucristo como Maestro y Señor; todas ellas aseguran seguir su doctrina y en todas ellas se cometen abusos que nada tienen que ver con el Evangelio. Eso es cierto y no voy a negarlo.
Ahora bien; en la Iglesia Católica existe un Sacramento llamado Confesión en virtud del cual un pecador sinceramente arrepentido es perdonado por Dios en virtud de los méritos de Jesucristo, si expone ante el confesor todos sus pecados. Es decir: la Iglesia Católica pone condiciones para obtener el perdón de los pecados, olvidando una de las frases evangélicas más significativas: "Dad gratis lo que habéis recibido gratis". Es cierto que la citada Iglesia asegura también que el perdón puede obtenerse por un acto de contrición perfecta, pero como es prácticamente imposible una contrición perfecta y encima la Iglesia lo supedita a la imposibilidad física o mental de confesarse la excepción no sirve de mucho. La confesión, en cambio, sí y sin duda por eso los católicos son unos frescos. Me lo decía a mí un anciano budista en los lejanos años en que visité la India: "Los católicos son afortunados, porque siempre pueden pedir perdón por sus pecados y tienen la garantía de que les es concedido siempre"
Afortunados puede ser, pero sobre todo y como digo frescos. Ahora bien; de la frescura a la hipocresía va un muy corto paso. Aquí tenéis un ejemplo histórico de frescura inaudita:
El 10 de mayo de 1774 y aquejado por la viruela fallecía Luis XV "el bienamado"en su magnífico palacio de Versalles. Durante toda su vida había engañado a su abnegada esposa, María Leszczynska, con todo tipo de mujeres a las que había perseguido como un gato en celo a través de los vericuetos de sus jardines hasta llegar a la tristemente célebre "Casa de los Ciervos", en el Parque del mismo nombre sito naturalmente en el ya citado castillo de Versalles. Aparte de estas distracciones había tenido amantes, que como la Pompadour, decidieron el destino de Europa durante largas temporadas. No obstante, cuando ésta murió y sacaron su cadáver de Versalles como en ese momento llovía torrencialmente el descendiente del gran San Luis únicamente dijo estas palabras:
Madame la Marquise elle aura tres mauvé temps pour son voyage.
Pues bien; en el momento en que llegó a buscarle Violteboy su amante era Madame du Barry, de nombre Juana. El buen Rey, consciente sin duda de sus muchos pecados y seguramente asustado por lo que le pudiera ocurrir en la otra vida de llegar allí con ellos pidió ser oído en confesión. Las decenas de obispos y Cardenales que infestaban Versalles le respondieron que bueno, pero que antes debía despedir a la du Barry -que por cierto era muy guapa -y Luis XV así lo hizo. La historia no dice si su arrepentimiento fue sincero o no pero hay muchos motivos para suponer que de no haber estado en trance de muerte el muy católico monarca hubiera mandado a obispos y cardenales a freír espárragos si se hubieran atrevido a hacerle esa demanda. Así es que la pobre Du Barry tuvo que abandonar Versalles a toda prisa e irse a la Abadía de Pont-aux-dames.
¿Fue efectivamente perdonado el cristianísimo Rey de Francia? En verdad, en verdad que si lo fue - y yo así sinceramente lo deseo - es porque sus terribles pecados no eran sino fruto de la debilidad humana satisfecha plenamente por una caterva de aduladores entre los que se hallaban obispos y cardenales. Recordad esto: La debilidad llama al perdón y éste responde como lo hace una madre ante el llanto de su indefenso hijo. Somos humanos y por tanto muy débiles; el Creador lo sabe y aún sabiéndolo nos ama. Y nos ama mucho.
Así pues lo importante no es saber si una determinada religión es la verdadera o no, sino amar. Amar con hechos y no con palabras, porque la doctrina más perfecta, el más impecable de todos los razonamientos y el más inteligente de todos los filósofos jamás podrán explicar sin acudir al Principio Creador el motivo por el que el ser humano es capaz de amar y de amar hasta la muerte ¿Cuestión genética, dice usted? ¡Oh, vaya¡ ¡Caramba, caramba, caramba¡
Lo que escrito está en la Historia, escrito está. Si por haberlo reproducido aquí habéis deducido que estoy en contra de la religión católica vuestra deducción es errónea. No estoy en contra de ella ni tampoco de cualquier otra religión, que cada uno busca al Creador por la senda que desea y todas en definitiva llevan a él. No obstante, esto os digo:
"Buscad en primer lugar el Reino...el Reino en el que el Amor espera al ser humano para que sea eternamente feliz. Buscádlo, porque existe en verdad, pero no os fiéis mucho de aquellos que os digan: ¡Seguidme, que si lo hacéis y admitís como verdad todo cuanto yo os digo ciertamente entrareis en ese Reino¡ Por el contrario, si no lo admitís u os atrevéis a cuestionar y discutir lo que yo digo jamás llegaréis a él, hagáis lo que hagáis.
Así pues, católicos que me leéis tomad buena nota: Si vosotros no estáis en contra del Cristo y observáis su doctrina y sus mandatos yo tampoco estoy en contra vuestra, porque Cristo nació del Amor; vivió con el Amor y murió por el Amor.
Y el Amor es la VERDAD y la VIDA. ¿Quien podría estar en contra de eso?
JUAN

lunes 29 de junio de 2009

Catolicismo y Cristianismo

Ayer por la noche tuve el honor de mantener una interesante conversación sobre lo que es y representan todas las religiones conocidas. Se me ocurrió decir, como quien no quiere la cosa, que en el Reino no hay religiones añadiendo que si las hubiera no podría existir una única Puerta por la que se accede al mundo de la energía pura y entonces surgió la pregunta:
- ¿Tú crees que la Religión Católica es la única que garantiza nuestra entrada en el Reino de los cielos?
Mi respuesta fue inmediata:
- No sólo no garantiza esa entrada, sino que la compromete gravemente y además en los cielos no hay ningún Reino.
Tuve que explicar las razones que avalaban una opinión así y porque considero útil en cierto modo publicarlas voy a recogerlas aquí.
La palabra "católico" viene del griego clásico y significa universal. Fue acuñada en Nicea, porque al emperador romano Constantino le interesaba hallar una única religión válida para todo el imperio romano y por lo tanto universal, ya que la gloriosa Roma naufragaba por la quiebra total de los valores que la habían conducido al dominio del mundo.
En cambio la voz "cristiano", aunque respetada en su esencia, no le servía de mucho al hijo de Santa Elena pues únicamente significa "discípulo de Cristo" y eso implicaba que sus seguidores lo eran por haber aceptado libremente la Doctrina del Gran Carpintero de Nazareth. Ahora bien; el adverbio "libremente" estorbaba de lo lindo a Constantino porque la libertad y los emperadores no son cosas que se lleven muy bien. Una religión "universal" le convenía mucho más, pues indirectamente llevaba implícito que era la única y abría las puertas para poder imponerla incluso por la fuerza. Claro que para ello necesitaba el apoyo de los que entonces eran jefes de la citada religión, es decir de los obispos. Trescientos años después de la muerte de Cristo en la Cruz los obispos aseguraban que eran los legítimos descendientes de los apóstoles. Si ustedes analizan la afirmación verán que no existen muchas diferencias con aquellos que se consideran descendientes de grandes reyes y de notables conquistadores. El "Sha" de Persia, por ejemplo, aseguraba ser descendiente directo del gran Ciro y la gente le creía aún en pleno siglo XX. ¿Por qué no iban a creer los cristianos del siglo III que sus obispos descendían de los apóstoles y que el Papa, además, era el sucesor de Pedro?
Se argumentará que el propio Cristo los convirtió en sucesores suyos pero no hay tal. Si se lee el Evangelio casi se llega a una conclusión contraria, aunque no definitiva: "Quien quiera ser el primero en el Reino deberá ser el más humilde en la tierra";"los últimos serán los primeros" y "las prostitutas y los pecadores os predecerán en el Reino". No tengo a mano ahora el texto exacto pero estoy seguro que más o menos dice así. En cuanto a la famosa frase: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia", que también figura en los textos evangélicos, con decir que Iglesia en griego quiere decir asamblea basta. Pues bien; pese a eso, Constantino invitó a Nicea a los obispos porque eran los primeros entre los cristianos, una postura muy comprensible por su parte, pero que ellos se apresuraran a acudir a la cita gozosos ya no es tan comprensible. Sorprende un poco que ninguno de ellos cediera su puesto a los mas humildes. Muy al contrario, la historia dice que se apresuraron a ocupar los primeros puestos en el banquete organizado por el sagaz emperador, que después los manejó a su capricho ya que entre otras fruslerías les prometió desviar los muy cuantiosos fondos que hasta entonces se dirigían hacia los templos paganos para que se construyeran iglesias, les facilitó suntuosas residencias y de Nicea en adelante la figura del Obispo mitrado fue obligatoria en la corte romana.
Muchas más cosas podría decir sobre Nicea porque me he tomado el trabajo de estudiar a fondo todo el asunto, pero de lo dicho ya se infiere que el catolicismo, religión universal y enseguida oficial en todo el imperio romano, nació allí. Vinieron luego las herejías y a la historia me remito para que comprueben ustedes con cuanta evangélica compresión, amor y ternura fueron erradicadas. ¿Cómo podrían ser toleradas si el catolicismo había sido proclamado como religión oficial del Imperio romano, es decir del emperador? El "yugo suave y la carga ligera" del gran Carpintero se transformaron en una pesada losa que ahogaba las conciencias y cercenaba de raíz la libertad de expresión.
La aparente y escandalizadora contradicción existente entre un católico y un cristiano se comprende fácilmente si se tienen en cuenta estos antecedentes: Un cristiano es un hombre o una mujer de Cristo; un católico es un hombre o una mujer de Constantino. Para un católico existe la obligación de ir a misa todos los domingos, más para un cristiano es mucho más importante ayudar a un semejante que ir a misa. Un cristiano no necesita para nada proclamar a los cuatro vientos que lo es; en cambio un católico se pasa la vida acudiendo a manifestaciones llamadas de Fe en las que los obispos hablan de caridad y de amor; todo el mundo los aclama y después, por lo visto, nadie les hace ningún caso. Un cristiano no desea para su semejante lo que no desea para sí mismo y por eso detesta la guerra y la violencia; un católico acude a la guerra "santa" y en ella mata, viola, despoja y después acude a la iglesia a orar.
No crean ustedes que exagero. Cuando Balduino de Flandes consiguió entrar en la ciudad santa de Jerusalén mandó matar a todos sus habitantes, sin distinción de sexo ni de edad. La historia dice que del Monte Moria, lugar donde antes estuvieron los templos de Salomón y de Herodes, bajaban ríos de sangre como consecuencia de la espantosa matanza. Ahora, eso sí, mientras tales cosas pasaban Balduino de Flandes, primer Rey de Jerusalén, visitaba el Santo Sepulcro y despojándose de sus vestiduras reales ceñía una corona de espinas... No me hablen ustedes de que era otra época, por favor: El Evangelio era entonces tan claro como lo es ahora y les advierto a ustedes que al revés de otros textos muy complicados de entender el del Evangelio es sorprendentemente sencillo:
"El más importante mandamiento de la Ley es el siguiente: Amarás al Señor tu Dios sobre todas las cosas y el segundo es muy semejante a este; amarás a tu prójimo como a ti mismo".
Así pues, y como casi todo en la vida, ciertos comportamientos chocantes en los católicos tienen su explicación: Quienes los protagonizan no son cristianos.
JUAN

sábado 27 de junio de 2009

La Sanidad en Madrid

Cuando veo a Doña Esperanza Aguirre inaugurar hospitales, residencias para ancianos o la veo entregando premios a niños-poetas se me revuelve el corazón. La señora presidenta de la Comunidad de Madrid es, sin duda, una dama inteligente que conoce perfectamente la influencia de los medios en la opinión pública y los usa con parecida eficacia a como lo hace nuestro Presidente de Gobierno.
No obstante, cuando uno ha de acercarse a la realidad como he tenido que hacerlo yo estos últimos meses, constata que la peor de las corrupciones sacude el sistema sanitario madrileño y entonces uno se siente decepcionado, porque la profesión de la medicina tiene mucho que ver con la Ética y a ésta, como ya he escrito, la preside el Amor Verdadero. Nadie puede imaginar, ni siquiera por asomo, el sufrimiento que me produce constatar que se ha hecho de la sanidad negocio; de la vejez estorbo, de la necesidad burla y de la soledad escarnio. Quien estas líneas escribe ha ido a los hospitales para echar una mano a los enfermos que no tienen compañía sin sospechar que dentro de ellos hervía el horrible gusano de la corrupción, pero por expreso deseo de aquellos que moran allende el Espejo en estos últimos meses la cortina que la cubría ha caído.
He de hacer, por lo tanto, algunas preguntas a la señora Presidenta de la Comunidad de Madrid, pues podría ocurrir que muchas de las cosas que se dicen sobre la situación real de la sanidad madrileña sean bulos de esa resentida y falaz izquierda, que sin duda no ha sabido digerir el giro hacia la Luz que ha dado la sociedad madrileña. Por si alguno no lo sabe, deseo hacer constar que preguntar es una cosa y afirmar otra ¿eh?
¿Es cierto o no que esos nuevos hospitales que Su Gracia inaugura son de gestión privada y, sin embargo, cubren sus plazas con médicos de los hospitales públicos, quedando así éstos infradotados? Me han contado que, por ejemplo, en el Hospital público de La Paz se han ido casi un 40 por 100 de los médicos.
¿Es verdad o se trata únicamente de un bulo inventado por la izquierda que, a pesar de que esos médicos se han ido a hospitales privados sus nóminas siguen siendo pagadas con cargo a fondos públicos? De ser cierto este rumor esos médicos que trabajan en hospitales de gestión privada no serían pagados por el capital privado, sino por todos los españoles.
Se dice que al menos tres de los hospitales recientemente inaugurados por la señora Aguirre no han abierto por falta de personal y que, sin embargo, están cobrando de la Comunidad de Madrid una cuota fija diaria. ¿Se trata, acaso, de hospitales-florero, que únicamente sirven para adornar?
¿Es cierto, o únicamente es una insidia de la izquierda, que a pesar del déficit de médicos en la sanidad pública ésta no puede contratar especialistas en tanto no se cubran todas las plazas de los hospitales privados para que así éstos puedan comenzar a funcionar?
"Se dice" - me encanta la utilidad de este pronombre personal -, que cada hospital privado de la Comunidad de Madrid cobra 300 euros (300) por cada paciente que atiende con independencia de lo que exija su diagnóstico. Si su coste es inferior a dicha cantidad da exactamente igual.
Siguen relatando algunas personas pertenecientes al pueblo pretendidamente soberano que cuando a los hospitales privados llega un paciente cuyas pruebas médicas cuestan más de 300 euros (300) es inmediatamente desviado a un hospital público. Si este rumor es cierto no hace falta ser un lince para deducir que gracias a este sistema los hospitales de gestión privada jamás pierden dinero, es decir: que son un negocio para sus promotores, próceres sin duda de este sistema neo-capitalista explotador y nauseabundo que nos ha tocado vivir.
Las malas lenguas de la izquierda aseguran, además, que como en estos hospitales no hay laboratorios para hacer análisis de sangre, orina, citologías y cosas así se contratan estos servicios a empresas privadas, que naturalmente cobran. Las indicadas lenguas, sin duda molestas por el poco éxito que la izquierda tiene en la Comunidad de Madrid, añaden con muy mala idea que muchos médicos no se fían de esas empresas, así que mandan las muestras para que sean analizadas por duplicado: a la empresa externa-rémora y a un amigo y aliado. Es evidente que, de ser tal afirmación cierta, las pruebas se cobran por duplicado.
Estas y parecidas cuestiones plantearía yo a Doña Esperanza Aguirre en mi calidad de periodista y representante, por lo tanto, del derecho a la información que radica en el ya citado pueblo soberano. Si por casualidad no pusiera buena cara ante ellas allá ella y si, como sinceramente deseo, se me desmintieran tan inistentes rumores indicándome con esa sonrisa comprensiva que la Presidente utiliza tan bien que un servidor es una pobre víctima de la máquina propagandista de la denominada "izquierda" (un día voy a decir que yo me llamo María de los Dolores, a ver si alguien se lo cree) no desdeciré el diagnóstico, pero responderé lo que escrito está: "Cuando el río suena, agua lleva".
JUAN
 
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