miércoles, 18 de junio de 2014

La jornada "histórica"


"Tres jueves hay en el año
que relumbran más que el Sol
Jueves Santo, Corpus Christi
y el día de la Ascensión"

Hoy, como hace años, las calles de Madrid se han engalanado con banderas porque por ellas van a pasar los nuevos reyes de España. Las razones que un día se esgrimieron para suprimir la procesión católica en la que nada menos particpaba el mismo Jesucristo, Hijo de Dios y Rey,  no operan ni tienen importancia si es Felipe VI quien atraviesa las calles de la gran ciudad. Con grandes alaridos, alharacas, alabanzas sin cuento y delicadas alusiones a los actos de abdicación y posterior proclamación del nuevo Rey todos los medios de comunicación animan al pobre pueblo español a manifestar la alegría que sienten ante el evento y casi le obligan a llenar las calles para que quede muy claro cuan felices se sienten por tener un nuevo Rey, simpático, natural, guapo, inteligente, pleno de sentido común, excelente en todo y del que según los medios de comunicación se esperan grandes cosas. En pleno siglo XXI ya no se estilan ceremonias protocolarias más o menos tediosas, que encuadren de modo adecuado la trascendental ceremonia por la que llega al Trono un Rey. En esta "jornada histórica" - a saber lo que dirá la Historia del acto -, la Católica Iglesia romana estará ausente. No lo estarán, seguramente, algunos clérigos más o menos vanidosos que la representan, porque si en el emotivo acto se desaira a Dios, a ellos en cambio no y esto es lo importante en el siglo XXI. Despues de todo ¿a quien le interesa un Dios hecho a imagen y semejanza de los hombres? Ni siquiera importa ya a la realeza que hoy, día del Corpus, prescinde de Él declarando tácitamete así que no lo necesita.
¡Ay pobre pueblo, cuánto te compadezco¡ Resulta para ti más fácil librarte de los que dicen hablar en nombre de Dios que del bombardeo al que te están sometiendo los medios de comunicación. Te siguen manejando a su capricho y tú apenas te das cuenta. Haces lo que te dicen y te crees que eres libre. Menos mal que nuestra selección de fútbol   ha sido eliminada, porque si ayer hubiera ganado entonces habrían aumentado de modo significactivo el número de banderas nacionales, que "engalanarían" los balcones. ¡Vaya por Dios¡ Con esto no habían contado los medios de comunicación.
En esta jornada histórica la rancia aristocracia española apenas estará presente. Sin embargo, la clase política en pleno rodeará solícita a Felipe VI cuando jure la Constitución. No habrá más condesas y duquesas que las esposas o "parejas sentimentales" de la dicha clase política. No habrá banquetes y bailes pero si "besamanos" en los que brillará como constelación en cielo de verano la vulgaridad y la ordinariez disfrazada de modernismo. El Palacio Real no se llenará de títulos nobiliarios pero se llenará, despues de todo, porque a él acudirán los que realmente gobiernan en España y no me refiero, en este caso, a los políticos.
Sí; hoy es una jornada histórica. Sí; Madrid vive hoy momentos históricos. Sí; a partir de este día los españoles contarán con un nuevo Jefe de Estado. Un Rey excelente cede el trono a otro Rey excelente pero mientras todo esto sucede muchas familias españolas siguen pasando necesidad; nuestros jóvenes son contratados por días o a lo máximo por meses para trabajar en lo que sea cobrando una miseria. España es un país endeudado que debe al gran capital casi la totalidad de todo lo que produce. Quienes tienen la suerte de disponer de un trabajo fijo contemplan como sus sueldos disminuyen año tras año. Ahogado por los impuestos, asqueado por la corrupción que todo lo invade, el pueblo llenará, no obstante, las calles para saludar con calor al nuevo monarca. Se hablará mucho de ellos y nada de los que han decidido quedarse en casa o salir de la colapsada capital de una España que está a punto de desaparecer.
Mucho aplauso, mucho himno nacional, mucho gesto más o menos simbólico. Todo para la galería y para que se vea bien por la televisión. Esto, desde luego, es mucho mejor que un baile de corte o que una Misa de Espíritu Santo.
En esta jornada histórica la clase política sustituye a aquellos aristócratas que aclamaron a Luis XVI cuando falleció por fin Luis XV. En verdad que ellos estaban tan lejos del pueblo francés como hoy lo están nuestros políticos y políticas pero, como también ocurría entonces, ellos no parecen darse cuenta. Claro que en la época de Luis XVI no había apenas medios de comunicación y no podían, en consecuencia, marear al pueblo con proclamas más o menos apasionadas para que el pueblo aclame como es debido al soberano. Sin embargo existía la Iglesia, que tampoco era moco de pavo. Hoy, como he dicho arriba, la Iglesia ha sido susituida por la televisión y advierto que  la "cosa" únicamente esta en su comiezo, porque días llegarán en que nos pondran un aparato en los oídos, que ni duela ni moleste, a través del cual nos darán órdenes disfrazadas de información, consejos u opiniones.
Mañana todo volverá a la normalidad. Las flores blancas se marchitarán; las banderas nacionales regresarán a los arcones; las "banderitas" repartidas por la señora Botella nadarán en el agua de lluvia de los charcos y todo seguirá igual: secesionismos, impuestos altos, salarios bajos, contrataciones laborales vergonzosas, ancianos abandonados, vendedores y cantantes en el metro y una caterva de mendigos a la puerta de las iglesias. Comedores sociales abarrotados, pobreza, deshaucios y ruina.
JUAN
  

domingo, 15 de junio de 2014

El Príncipe Perfecto


Desde el advenimiento de la dinastía de Borbón al Trono de España solo han existido dos abdicaciones voluntarias: la de Felipe V en favor de su hijo Luis I y la de Juan Carlos I en favor de su hijo Felipe VI. A los efectos de distraer convenientemente al muy cabreado personal los medios de comunicación nos bombardean estos días criticando, sobre todo, la austeridad de la solemne ceremonia de la proclamación, que es analizada minuciosamente hasta en sus menores detalles y apenas merece algún comentario aislado el hecho de que, a partir del día del Corpus de 2014, España tendrá dos reyes y dos reinas. Bien es verdad que, teniendo en cuenta que en Roma hay dos papas este hecho no supone ya ninguna novedad sobre todo porque a los españoles les importa tan poco la Monarquía, como a los llamados católicos la insttitución del papado.
El anacronismo que supone la institución  monárquica tanto en uno como en otro caso se intenta contrarrestar estallando en inacabables alabanzas de las perrsonas que acceden a los respectivos tronos - lo lamento, pero el Trono Pontificio sigue existiendo a pesar del Papa Fancisco -, que se combinan de modo armonioso y casi perfecto con las que se dedican a las personas que los abandonan.
Viene así a resultar que los dignos sucesores se presentan ante la opinión pública rodeados por un hálito de perfección  que viene a sustituir, creo yo, aquella antigua y superada creencia de que los reyes lo eran por la gracia de Dios. En el siglo XXI, en cambio, lo son por la gracia de los medios de comunicación, tras los que se oculta siempre el Gran Capital, una especie de dios también
Ciertamente, nuestro Príncipe Felipe tiene muchas cualidades pero debe tener, digo yo, algún defecto a no ser que no participe de nuestra naturaleza. Ni el mismo Profeta Moisés fue un hombre perfecto y nada digamos del David, Salomón, Alejando Magno, Carlos V, Felipe II o Isabel I de Inglaterra. No se comprende entonces el empeño de nuestros medios de comunicación por presentarnos al futuro Felipe VI como el príncipe perfecto. Se entiende muy bien, no obstante, que la mayoría de la clase política lo haga, ya que dejando aparte el miserable pelotilleo que suele practicar, deben defender la continuidad del Estado en el que ellos están tan cómodos, ganando dinero a manos llenas y disfrutando de una situación privilegiada que recuerda vagamente a aquella que disfrutaron los aristócratas de la dulce Francia bajo los reyes Luis XV y Luis XVI, salvo en el detalle de que quienes los halagaban eraan nobles y no políticos. 
Permitidme que os recuerde ahora lo ocurrido en Versalles el día en que falleció Luis XV.
Tras despedir a la última de sus amantes, que abandonó Versalles presa de un cabreo fenomenal, el cristianísimo Rey de Francia se confesó y después recibió el Santo Viático. La viruela se había apoderado de su cuerpo y éste despedía un olor muy desagradable pero en la cámara real nadie osaba ni siquiera insinuar que se abrieran las ventanas. Muy al contrario, obispos y palaciegos parecían inmunes a aquel olor rodeando con mucha solicitud el lecho real. En aquella ocasión nadie esperaba, como en otras ocasiones, que Luis pudiera curar de su terrible enfermedad así que era prioritario saber el moento en que cerraría los ojos para ir inmediatamente y en masa hasta los aposentos que ocupaban Luis y María Antonieta.
Ni una lágrima se vertió por el difunto Rey. 
Luis XV falleció en efecto; sus restos mortales cuidadosamente tratados atravesaron los bosques que rodean Versalles con destino a Saint Denis, catedral  en la cual reposaron los restos de los reyes de Francia hasta la Revolución de 1789. Mucho antes los cortesanos de Versalles habían saludado como Rey a Luis XVI y éste se había prostrado en tierra para decir: "Ayúdanos Señor; somos muy jóvenes para reinar".
Dos semanas despues ninguno de aquellos aristócratas se acordaba ya de Luis XV.
En cambio, el pueblo francés tardó mucho más tiempo en olvidarlo.
En efecto; diceen que  cuando el coche fúnebre cruzo el bosque pudo oirse un grito muchas veces repetido. ¡Taoiú, taoiú¡, como cuando se va a la caza del ciervo. En la atmósfera viciada de la Monarquía flotaba ya la semilla de la revolución.
A mí me gustaría que mis debilitadas esperanzas de que nuestro nuevo Rey pueda contribuir a resolver la delicada situación por la que atraviesa España se cumplieran en el futuro. Reconozco que Felipe VI ha recibido una adecuada preparación; que es simpático, sencillo y bastante guapo. Aún no sé si es tan inteligente y culto como aseguran los medios de comunicación pero os aseguro que lo sabré. Tampoco conozco si participa del concepto de nación formulado por Zapatero o si por el contrario está absolutamente convencido de que ha de defender la indivisible unidad de España; no sé tampoco si el nuevo Rey estará al lado de los que sufren pobreza y necesidad o al lado de la clase política, que la permite. Ignoro, asimismo, si abogará en la defensa de leyes justas o permitirá que existan tantas leyes como hongos.
No obstante una cosa si sé y es ésta: Si no hay ningún hombre o ninguna mujer que sean perectos, tampoco hay príncipes perfectos al menos en este mundo. Quien, como consecuencia de halagos y de panegíricos más o menos censurados, se cree perfecto comete el peor de los errores, porque solo podemos luchar contra nuestros defectos si primero los conocemos.
Cuando el próximo jueves Felipe VI reciba en el salón de los pasos perdidos del Parlamento el acatamiento y el saludo de toda la clase política allí reunida yo le pediría que recordara lo que decía el esclavo que conducía el carro triunfal de los emperadores romanos cuando entraban en Roma en medio de las aclamaciones de la multitud: "Recuerda, Felipe, que solo eres un hombre".  
JUAN

jueves, 12 de junio de 2014

Buena vecindad


Graciosamente, el Presidente de la Generallidad catalana ha declarado en catalán que estará presente en la devaluada ceremonia de proclamación como Rey de España de Felipe VI. Cree él que ya es Presidente de un Estado soberano y apoya su decisión en la necesidad de tener relaciones de "buena vecindad" con ese otro Estado llamado aún España del que recibe ingentes cantidades de dinero  y cuyo débil Gobierno es incapaz de reaccionar ante el descarado secesionismo que exaspera a una buena parte de la ciudadanía, hasta de políticos mediocres incapaces de hacer que se cumpla  Ley por parte de ciertas personas y personajes cuyo nombre no quiero mencionar. 
Ahora bien; la ley orgánica referida a la abdicación de Su Majestad el Rey Juan Carlos I, que acaba de ser aprobada por el Parlamento por amplia mayoría, es exhibida por políticos y periodistas  como prueba definitiva de que España es una democacia pero teniendo en cuenta que el acto de abdiación es personal no se ve por parte alguna la necesidad de una nueva Ley orgánica que la regule. De hecho, si no se supiera de antemano que dicha Ley  iba a ser aprobada, ni se hubiera hablado de ella siquiera y aún así el acto jurídico de la abdicación sería válido, al ser un acto libre, voluntario e irrevocable.
Por otro lado, como esa Ley orgánica no lesiona ningún interés político no cabe duda de que será escrupulosamente cumplida en tanto que otras, que sí lesionan ciertos intereses creados por la clase política, nunca son aplicadas, aunque figuren en nuestra Constitución. Si no son aplicadas me pregunto yo para que están ahí y la única respuesta que hallo es grotesca: están ahí como adorno.
Una de dichas leyes proclama que la soberanía reside en la totalidad del pueblo español, pero según el señor Mas y algunos más no es así, sino que reside en los pueblos de España entre los que birilla por su cultura, lengua e historia el pueblo de Cataluña, que tiene todo el derecho del mundo a expresar su opinión acerca de si quiere seguir formando parte de España o de si debe separarse de ella. Claro que habida cuenta que España "roba" a Cataluña el fruto de su trabajo y le resta una parte importante de su esplendor no debe esperarse de la consulta otra cosa que lo que la clase política catalana desea.
Toda esta maquiavélica planificación ha llevado muchos años prepararla y se ha puesto en ella cuiado, celo y dinero. Mucho dinero. Mientras tanto, los sucesivos gobiernos democráticos han colaborado con más o menos ardor a esta planificación a cambio de unos cuantos votos de unos diputados a quienes unas elecciones basadas en una curiosa ley electoral colocaron en el Parlamento y en las Cortes Generales dedicándose desde allí a vigilar y garantizar aquella planificación. 
Todo eso y algunas cosas más a las que de momento no quiero referirme han propiciado la enidablada situación que padecemos y que conduce a que el pueblo español no sea ni súbdito, ni ciudadano sino simplemente esclavo del gran capital al que una Europa decadente y cansina beneficia una y otra vez provocando el hartazgo de naciones tan poco sospechosas de no ser democráticas como Francia.
Pues bien; cuando nuestro "vecino" acuda al acto de la proclamación de nuestro nuevo Rey es muy probable que no será tratado como Jefe de Estado porque sencillamente en él no habrá jefes de Estado. Si los hubiera, surgiría inmediatamente un problema de protocolo al empeñarse el señor Mas en recibir el mismo tratamiento que la Reina de Inglaterra, poniendo por caso. 
Nuestro hierático e incombustible señor Rajoy probablemente aceptara este protocolo. Al fin y al cabo, si nada dice cuando observa al Presdente de la Generalidad diciendo cosas bajo la divina sombra de la bandera catalana sin que la española esté presente en modo alguno, menos ha de decir ante una simple cuestión de protocolo referido a un acto tan breve y rutinario como es la proclamación de un nuevo Monarca. Así que el problema no es ese; el problema sería que los demás presidentes de nuestras gloriosas autonomías-diecisiete, nada menos- exigirían un trato equivalente y en esas condiciones el acto se convertiría en el rosario de la aurora.
Así que ni Misa ni Jefes de Estado. Entonces el honorable Presdente de la Generalidad lo destartala todo cuando declara que, bien miradas las cosas, no queda nada bien que él falte a la ceremonia, pero en calidad de Jefe de Estado y como muestra de las buenas relaciones existentes entre los dos países.
Como es lógico el señor Rajoy no se ha dignado reaccionar ante esta declaración y en eso no se ha equivocado, porque no hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Veremos si luego, en la ceremonía, está a la altura de su silencio haciendo que el señor Mas aparezca en ella "como el gaitero en una fiesta" .
Conozco bien al pueblo catalán, cuyo idioma  hablo y escribo bastante bien. Admiro su tradición cultural, su cordialidad y esa habilidad comercial que le permite tomar la iniciativa en cualquier tipo de negociación. Pero la clase política catalana no es el pueblo catalán, aún a pesar de todo cuanto se ha hecho para favorecer el secesionismo allí - lo de "soberanismo" queda muy bien, pero no es más que un eufemismo -. Todo muy legítimo, ciertamente, como también hubiera sido legítimo que nuestros gobiernos hubieran compensado aquellas iniciativas cuando aún estaban a tiempo. 
En democracia tan legítimas son iniciativas que persiguen el secesionismo como aquellas que pretenden lo contrario, pero mientras las primeras se han producido y han ido creciendo, las segundas han brilaado por su ausencia. El consecuencia hoy se habla mucho sobre los problemas catalán y vasco; se sacan de la manga derechos históricos que no existen ni en uno ni en otro caso, se organiza un escándalo ante la posibilidad de que se haga una consulta a todas luces ilegal, pero no se hace absolutamente nada aunque la Ley lo establezca, la Constitución lo avale y la ciudadanía lo reclame.
¡ Con lo sencillo que sería aceptar el plebiscito extendiéndolo a todos los españoles, en los cuales reside la soberanía¡ ¡Con lo fácil que sería hacer ver al pueblo catalán que su separación de España le irrogaría más inconvenientes que ventajas¡ 
Reformar la Constitución no es, en cambio, fácil pero mejor sería hacerlo y decretar la desmebración de este Estado milenario, que permitir que se vaya desmembrando poco a poco, financiando el lento proceso con el dinero de todos los españoles.
Bueno; pues nada de eso se hace. Muy al contrario, la activísima campaña en favor de la secesión progresa sin que exista oposición por ninguna parte. Si a esto lo llaman gobernar, venga Dios y lo diga.
Si la democracia se reduce, entre otras cosas, a que alguien pueda pasarse un cuarto de hora diciendo lo que le viene en gana, sacando banderitas como si se tratara de un prestidigitador o llevando otras banderitas de la república en la solapa la democracia en cuestión no es sino una siniestra mascarada; un inútil disfraz con el que se pretende engañar quedando en la impunidad. Un carnaval, vamos.
JUAN

viernes, 6 de junio de 2014

No habrá Misa


Se asegura en todos los medios de comunicación que en la ceremonía de proclamación del nuevo Rey brillará por su ausencia la denominada santa Misa, que por lo menos hasta no hace mucho era  la repetición incruenta del sacrificio de la cruz. Teniendo en cuenta que la ceremonia en cuestión tendrá lugar el día en que se celebra el Cuerpo de Cristo el detalle tiene mucha importancia  ya que demuestra, entre otras cosas, que en lo sucesivo la religión no trascenderá del ambito de lo privado, que es como debe de ser. 
A mi me parece muy consecuente esta decisión ya que entre otras cosas evita la aparición ostentosa y ostensible de cardenales y obispos en las estancias de Palacio y la hipócrita asistencia de personajes y personas que ni creen en Dios, ni tampoco en la Santa y Católica Iglesia Romana a la que un papa argentino trata inutilmente de rejunevecer. Felipe VI va a convertirse en Rey de un pueblo sin fe. Sin fe en Dios y sin fe en sí mismo de modo que en tales condiciones la celebración de la famosa e histórica Misa "de la coronación" no sería más que un sarcasmo.
En realidad para celebrar la santa Misa ya están las iglesias y el Vaticano. En las primeras, personas que en su inmensa mayoría pasan de los cincuenta años de edad asisten a una cansina ceremonio arteramente simplificada, cuyas dos terceras partes están dedicadas a leer y a hablar. Ni siquiera la consagración del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo se ha librado de una grosera y humillante banalización y nada digamos de la Comunión, que en algunos casos se convierte en una especie de irreverente desfile. Jesucrito Sacramentado creo yo que merece más respeto. Tanto al menos, como merece un Rey. En cuanto a las misas celebradas en la Basílica de San Pedro ocurre lo contrario: asisten a ellas personas de todas las edades que llevan banderas de sus respectivas naciones  y cuando la ceremonia termina comienza la juerga. Da gusto ver al Papa Francisco sonriente y avanzando entre una multitud que le aclama pero lo que nadie dice es que no se ve en él al Vicario de Cristo en la tierra, sino al poderoso jefe de un Estado temporal mucho más bondadoso y cercano que los demás, pero jefe al fin y al cabo. También él es Rey, aunque procure disimularlo cuando está entre el pueblo y también él se adapta a las nuevas circunstancias, que convierten en obsoletas solemnes condenas, entredichos, ex-comuniones, tronos, coronas y capas rojas. El terrible Dios, inapelable Juez supremo, se ha convertido en un Dios amoroso y clemente. Me pregunto en qué acabará convirtiéndose de seguir así las cosas.
Volviendo al tema hay algo en la abdicación del Rey que no comprendo muy bien y es esto:  Don Juan Carlos I abdica en su hijo y heredero con mucha prisa. Los medios de comunicación, siempre tan compalcientes con el orden establecido, nos repiten hasta la saciedad que todo hay que hacerlo con rapidez porque se aproxima el perezoso verano, estación en la que casi todo se detiene incluido ese maldito plebiscito que quiere realizar el señor Mas. Entre eso y el mundial de fútbol el pueblo estará suficientemente divertido y no dará mucha lata como acostumbra.  No obstante, tiene que existir alguna razón de más peso que esa pero como hasta el momento no ha trascendido me libraré muy bien ni de insinuarla siquiera.
Como todo hay que decirlo confieso que a mi me gustaron mucho las escasas palabras que el Príncipe pronunció en Navarra. Me gustó la expresión de su rostro. Me gustó su modo de mirar y me gustó el convencimiento conque se expresó. Tal vez acierten los que aseguran que va a ser un buen Rey, aunque hay que decir que tampoco nadie se atrvería a asegurar lo contrario por mucho que lo creyera. Al fin y al cabo, España es una nación de pelotilleros interesados dispuestos a halagar a quien sea con tal de obtener beneficios. 
En las misas de la coronoación de antaño, entre nubes de incienso, encajes y terciopelos solían entonarse dos cantos, ambos en latín. El primero de ellos es muy largo pero, magnífico y solemne:

                    "Te Deum laudamus:
                           te Dominum confitemur.
                      Te aeternum Patrem,
                          omnis terra veneratur."
                                                                            Etc.
 El segundo solía ser el "Aleluya" de Hendel, que el coro entonaba al final de la Misa.

"Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya
aleluya
Et enin regnat Dominus Deus
Aleluya"
Etc.
En los dos cantos se recuerda al nuevo soberano, no solo que lo es por gracia de Dios, sino que Dios es asimismo Rey y que éste habla por boca del Vicario de Cristo, que también es Rey.
En nuestros días los pocos reyes que quedan lo son por la gracia del pueblo, al que dicho sea de paso Dios le importa muy poco. Si le importara procuraría ayudar a sus hermanos en sus necesidades, sostenerlos con su compañía, alentarlos en la enfermedad y ampararlos en la horrible vejez, que todo lo doblega.

En tales condiciones misa, cantos y Dios mismo no son necesarios y por lo tanto es posible prescindir de ellos, al menos en Madrid.
JUAN.

jueves, 5 de junio de 2014

Desplante a lo catalán


El Presidente de la Generalidad ha declarado naturalmente en español que no podrá estar presente en la proclamación del nuevo Rey de España, Felipe VI, porque ha de viajar a los Estados Unidos y no puede anular este compromiso. Se entiede que si lo anulara perdería el dinero gastado en el inútil viaje y un prestigio internacional del que carece, ya que su legitimidad política se fundamenta en la Constitución, que un día prometió defender.
Resulta, sin embargo, que si no asiste al acto de proclamación se enajenará la poca simpatía que le queda en España y además quedará como un hombre muy mal educado echando a perder la opinión de que los catalanes son cultos, educados y trabajadores. En definitiva que no se ve por parte alguna la rentabilidad de su ausencia ni aún intepretándola como tácita oposición a la Monarquía, hecho que le acerca a Izquierda Republicana y le presenta ante muchos como un simple comparsa de esa formación política. 
El denominado "problema catalán" comenzó desde el momento en que fueron cedidas las competecias de educación a la Generalidad. Desde el primer día, ésta se empeñó en enseñar a los niños una historia falsa sin que nadie alertara sobre las consecuencias que tal hecho tendría. Así pues, cuando aquellos niños se hicieron mayores defendieron el modelo de Estado para el que habían sido educados y aceptaron sin ninguna resistencia las tesis soberanistas, independentistas o secesionistas de la clase política catalana.  Sin embargo, cuando voy  a Barcelona a visitar a mis amigos observo que a una mayoría de la gente eso de la independencia no parece preocuparles mucho. La falta de empleo, la existencia de puestos de trabajo precarios y mal pagados, el agobiante peso de los impuestos o la indefensión jurídica que suponen ciertas leyes promulgadas por el Parlamento catalán preocupan mucho más que la relativa dependencia que supone que Cataluña no sea un Estado soberano.
Entre los títulos que ostenta el Rey de España está, como se sabe, el de Conde de Barcelona. Eso se debe a un hecho histórico que no figura en ningún libro de Historia de Cataluña y que, por lo tanto es absolutamente desconocido para varias generaciones de catalanes.
Al morir el  Rey de Aragón Alfonso I legó su reino a las órdenes militares pero la nobleza aragonesa abolió el testamento y prclamó en Jaca a Ramiro II como Rey. Éste, que era obispo de Barbastro, aceptó de muy mala gana la Corona pero el 29 de septiembre de 1134 accedió al Trono. En su deseo de tener cuanto antes un heredero, se casó con una dama francesa llamada Inés de Poitou y del matrimonio nació una niña que recibió el nombre de Petronila. Castilla quiso que la niña se casara con su Rey Alfonso VII o en su defecto con su hijo Sancho pero la boda no pudo celebrarse y entonces Ramiro II ofreció la mano de su hija a Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, existiendo abundante documentación sobre este enlace que puede consultarse en los Anales de Aragón.
Fijaos ahora en las palabras escritas en cursiva. Ninguna de ellas habla de Cataluña porque en realidad entonces no existía, ni como Estado, ni como región, ni como nada, vamos. No cabe hablar pues ni de Condado de Cataluña y por eso el Rey de España no ostenta tal título. 
Esto es lo que dice la Historia. Si el señor Mas y los señores de Izquierda Republicana aseguran otra cosa, es obvio que faltan a la verdad de modo que convendría, en este sentido, deshacer este error cuanto antes. Ninguno de nuestros gobiernos lo han hecho, así que han preferido que una gran mayoría de la población catalana acepten el engaño.
Que en los momentos actuales exista en Cataluña una fuerte tendencia hacia el separatismo nada tiene, pues, de particular. Sobre todo si además se asegura alli que España roba y odia a Cataluña, cosas que son absolutamente falsas. Confundir al pueblo catalán con su Gobierno también es otro engaño y así, de engaño en engaño, hemos llegado a esa "delicada" situación originada por el llamado "problema catalán". Nade habla, al parecer, de las causas que la han motivado ni de las responsabilidades en las que han incurrido gobiernos, políticos y jueces.
La cacareada democracia no puede basarse en la mentira. La peor de todas las esclavitudes es la de la ignorancia y la que es consecuencia de la mentira pero en un mundo que se disuelve en su propia ruina y al que no se da ningún valor a la moral y a la ética parece que ni la ignorancia ni la mentira tienen importancia. 
Si en lugar de asistir a la proclamación de Felipe VI D. Arturo Mas prefiere irse a Estados Unidos lo mejor que se puede hacer es ignorar el hecho. No debe ser comentado ni en tertulias televisivas, ni en los periódicos, ni en los círculos políticos. Solo en la casa del honorable Presidente de la Generalkidad procede el comentario, porque cuando alguien comete una falta de educación lo único que se debe hacer es llamar a quien la comete, hablar con él en privado y entonces decir algo así como esto: "Un hombre como tú, que es tan importante y popular, debe actuar siempre con elegancia y no dar la espantada ante un acto histórico como es la proclamación de un Rey".
JUAN

martes, 3 de junio de 2014

Felipe VI


La noticia de la abdicación al Trono de España del Rey Juan Carlos I ha dado la vuelta al mundo promoviendo diversos comentarios. Se trata, ciertamente, de un momento histórico que llega cuando España atraviesa una delicada situación política, económica y social entre la indiferencia de amplios sectores del pueblo hacia la clase política. Aquellos que han aprovechado la oportunidad para reclamar la República en la idea de que en ella está la clave para una verdadera democracia creo yo que se equivocan: La república no resolvería ninguno de los problemas que agobian a muchas familias españolas. Además parece que no se dan cuenta de que si no existiera democracia como aseguran, ellos no hubieran podido manifestar su opinión ni hacer ondear la bandera republicana, que por cierto es muy fea. 
En nuestros días España es una democracia imperfecta en la que los partidos políticos, los sindicatos , los banqueros, las asociaciones empresariales y otras agrupaciones aspiran a imponer sus puntos de vista y todos se acurrucan  bajo la figura del Rey de España, como se agrupan los polluelos en torno de la gallina.  Sin embargo, como el Rey  reina, pero no gobierna, quienes deberían haber presentado la abdicación son los que nos gobiernan, porque no lo hacen nada bien y hasta tal punto que cuando la Historia hable del reinado de Juan Carlos I  es posible que recuerde,entre otras cosas, que fue  entonces cuando se inició el proceso de la desintegración de España, que ya veremos como acaba.
La Historia describe hechos  y juzga, no halaga.
Nuestra clase política ha reaccionado ante el hecho de un modo bastante extraño. En lugar de aprovechar esta oportunidad única para declarar que apoyarán al nuevo Rey Felipe VI para que pueda cumplir con dignidad sus obligaciones constitucionales han procurado arrimar el ascua a su sardina, que es lo que hacen casi siempre. En el colmo de su ignorancia algunos han llegado a pedir una reforma constitucional para que España sea una "monarquía federal", algo que es imposible por definición y casi todos intentan buscar en el hecho de la abdicación razones más o menos efebofílicas: importancia de las nuevas generaciones, cambio social y necesidad de impulsar ciertas reformas "exigidas por los nuevos tiempos"
Gran parte de los medios de comunicación se han unido a los políticos. Todos los periódicos publican elogiosos comentarios sobre la figura de Juan Carlos I, que abandona la jefatura del Estado tras 39 años, y de su hijo y heredero Felipe, que seguramente reinará con el nombre de Felipe VI. La verdad es que como nadie sabe cual será la actuación del nuevo Rey en orden a consolidar la democracia, ni tampoco en lo que se refiere a a la unidad de España quizás  los medios de comunicación deberían hacer hincapié en este hecho y no hacer predicciones, cuyo fin ostensible es tranquilizar a los ciudadanos para que el proceso de transición no sea traumático. Sin embargo, es la clase política y no la prensa, la radio o la televisión quien tiene que garantizar el buen funcionamiento de las instituciones,
Pues no. Con las excepciones de los partidos de centro-izquierda y de centro-derecha los partidos políticos han tratado desde el primer momento de instrumentalizar la abdicación. Los nacionalistas vascos y los separatistas catalanes han mezclado churras con merinas con su habitual torpeza dejando traslucir su esperanza de que bajo Felipe VI se reformará la Constitución y que en ésta se recogerá la desmembración del Estado. Con ello demuestran una vez más su ignorancia sobre lo que es y significa la Monarquía.
Algunos piden un referendum que decida si España ha de ser República o Monarquía. Dejando aparte que nadie sabe cómo reaccionarían los que lo piden si el resultado del mismo fuera que una mayoría de españoles prefirieran la Monarquía, hay que recordar que ésta fue votada por una abrumadora mayoría hace casi 40 años y que si bien es cierto que hoy en España hay muchos jóvenes que no la votaron,  no es menos cierto que no se puede estar consultando al pueblo cada vez que cambia una generación.
Desde mi particular punto de vista la llegada al Trono de Felipe VI tiene como fin principal garantizar la estabilidad de la Monarquía, que es muy importante. También, creo yo, la de aseguurar la integridad del Estado, que está claramente en entredicho. Si tal cosa hace, el nuevo Rey garantizará de paso la democracia , que es el gobierno de la mayoría, no la de un determinado Gobierno, ni de la cansina minoría nacionalista, ni tampoco la de la extrema izquierda.
Convengo que la reforma constitucional es necesaria, pero no para el "reparto territorial del poder" , como ha asegurado Cándido Méndez, sino justo para lo contrario ya que dicho "reparto" costaría a los españoles un ojo de la cara. Además ¿qué hace un dirigente sindical hablando de política, vamos a ver?
La impresión que el nuevo Rey produce a los españoles es buena. Hasta ahora su comportamiento ha sido impecable y no cabe ninguna duda de que puede ser un buen Rey. Sin embargo, que sea un buen Rey no significa necesariamente que sea el Rey que hoy necesitan los españoles. Desde mi punto de vista me gustaría que Felipe VI estuviera muy cerca de las familias que gimen bajo el desempleo, de los marginados, de los que están solos y de los ancianos.
A sus 46 años de edad, Don Felipe se halla en la frontera de dos generaciones muy diferentes: la de su padre y la de los que ahora tienen entre 25 y 30 años. Tiene un título universitario; domina el inglés e indudablemente habla mejor que su padre. Se ha preparado durante toda su vida para reinar y llega al Trono de España en unos momentos en que se hace imprescindible respaldar importantes decisiones. Sin embargo, como éstas no puede tomarlas él, sino el Gobierno le sorprenden a uno mucho ciertos comentarios de nuestra clase política. Felipe VI puede ser, indudablemente, un buen Rey. ¡Ojalá lo sea¡
En la actualidad tenemos un Gobierno de centro-derecha que a pesar de la mayoría lograda en las urnas es un Gobierno débil. Tal vez Felipe VI pueda fortalecerlo pero ésta no es más que una posibilidad. Si el nuevo Rey conoce la Historia sabrá que una monarquía federal es imposible, que si  España es descuartizada por los nacionalismos los Borbones se habrán terminado y que en estos momentos es necesario ocuparse más de los que no tienen empleo, que de la cacareada Unión Europea.
A mi modo de ver hay poderosas razones por las que la decición de abdicar no es oportuna. En primer lugar porque no existe ninguna Ley Orgánica que regule la sucesión en este caso y en segundo porque, como aseguró el fundador de los Jesuitas: "en tiempo de turbación no hacer mudanza" . El resultado de las pasadas elecciones demuestra claramente esta turbación y la situación en Cataluña la certifica de modo tan rotundo como definitivo pero un Rey no debe comportarse igual que un lider de tal o cual partido político. Si en Cataluña no se cumple la Ley; si es imposible evitar que allí nuestra Constitución no sea otra cosa que un papel sin valor y si lo único que hace el Gobierno de España  es emitir respetuosas protestas y dulces comentarios es el Gobierno quien debería de irse y no el Rey.
Como bien saben los monárquicos lo lógico es que el Rey muera en su cama, porque la Monarquía es ante todo continuidad. Sin embargo, los nuevos tiempos han puesto de moda las figuras de reyes eméritos y papas eméritos, que siguen siendo reyes y papas pero que no lo son. Desde luego hasta que no se conozcan los términos de la ley orgánica que entre otras cosas regulará la situación de estos eméritos no podemos asegurar nada en este sentido pero yo creo que, al igual que ocurre en el Vaticano, en España vamos a tener dos reyes y dos reinas. ¿No son por ventura demasiados reyes?
Una última cosa deseo decir y es ésta: la abdicación favorecerá

domingo, 1 de junio de 2014

Religión Verdadera


Hoy, que los católicos celebran el día de la Ascención de Jesucisto, quien estas líneas escribe se ha hecho a sí mismo estas dos preguntas: 
 De las tres religiones monoteístas que hoy existen en el mundo ¿cual prevalecerá?
¿Se puede alcanzar el Reino practicando cualquier religión, sea monoteísta o politeísta?
Voy a empezar analizando el judaismo, por ser la más antigua de las tres religiones que proclaman la existencia de un único Dios y cuyo origen casi se pierde en la noche de los tiempos. Anoto que, a pesar del transcurso del tiempo, del cambio de las costumbres, de la elevación del nivel cultural y de los grandes adelantos introducidos en nuestra vida como consecuencia de la aparición de muchas tecnologías quienes practican esta religión se mantienen irreprochablemente fieles a la doctrina. No hay dudas, divisiones ni discusiones entre ellos ni se ponen en cuestión sus preceptos básicos. No se duda de ellos, sino que se aceptan en su integridad sin renunciar por ello a las ventajas de nuestra actual civilización y tampoco existen más prohibiciones que las que existían hace siglos. Sus oraciones fundamentales no han variado; sus lecturas están directamente extraídas del Antiguo Testamento; se celebra la Pascua y se respeta el día de sábado como se hizo siempre sin que apenas importe este mundo globalizado al que a menudo se invoca como disculpa para cambiar usos y costumbres tradicionales. Deduzco, por lo tanto, que quienes practican esta religión monoteísta tienen mucha fe en ella y por lo tanto están absolutaente convencidos de seguir el camino que conduce al Reino.
El cristianimo es la religión que reconoce a Jesucristo como supremo Maestro e hijo de Dios. Su doctrina, que tiene como común denominador el Amor Verdadero, fue seriamente alterada por el Concilio de Nicea, celebrado el año 325 de nuestra era por iniciativa del emperador Constantino llamándose desde entonces catolicismo, que quiere decir relgión universal. Desde entonces hasta ahora ha sufrido importantes cambios que han dado origen a trascendetales divisiones, tales como ortodoxía, protestantismo, anglicanismo y otras.
Diversos concilios celebrados en diferentes momentos de la Historia introdujeron numerosas variaciones referidas a la liturgia, a los preceptos, al modo de vivir la fe e incluso a los artibutos del único Dios Verdadero al que hoy se ve como misericordioso Padre, pero que antes fue Dios de los ejércitos, Juez inapelable y fuente del poder temporal ejercido por reyes, emperadores y papas. En los tiempos actuales es además un hecho que la mayoría de quienes se confiesan católicos viven bajo los principios del relativismo moral, tomando del catolicismo lo que les conviene y rechazando todo lo demás en medio de una nube de disculpas muy curiosas en muchos casos. A una gran mayoría les importa muy poco el semejante necesitado, que vive a su lado, pero se escandaliza ante los horrores que sacuden al mundo y de los que, como están muy lejos de él, no se considera responsable de ellos. No hace oración; apenas pisa la iglesia y aunque acepta que el papa es Vicario de Cristo solo le escucha con ocasión de grandes eventos, que convierten al lugar de su residencia habitual en una especie de fiesta colectiva. Indiferentes por completo a los grandes cambios introducidos en la institución del papado les da absolutamente igual si el papa es "moderno" o "antiguo", sin preocuparse ni poco ni mucho de si hay un papa, dos o ninguno. 
Pues bien; aunque reconozco que no todos los católicos son así y estando dispuesto a aceptar las numerosas modificaciones que la Católica Iglesia romana ha ido haciendo a lo largode setencientos años, deduzco que existe una acusada falta de fe en muchos de los que la aceptan como única religión verdadera.
La tercera de las religiones monoteistas se centra en la rendida aceptación de un solo Dios clemente, compasivo  y misericordioso, que inspiró al Profeta Mahoma sus preceptos y que este escribió en un libro denominado "El Corán". Dichos preceptos permanecen inalterados a través de la Historia y son practicados con celo por todo buen creyente sin ponerlos en duda ni adaptarlos a estos nuevos tiempos en los que la globalización, internet y otras tecnologías están propiciando cambios muy importantes, tanto en el modo de vida individual como social. Deduzco, por lo tanto, que quienes practican esta religión poseen una fe en ella a toda prueba que trasciende del tiempo, de la tecnología y del modo de vivir.
Si, como desea el Papa Franciso, se iniciara un movimiento de aproximación entre las tres religiones siendo la católica la que está más falta de fe sería la que menos posibilidades tendría de convertirse en religión universal. Si, por el contrario, lo único que pretende este Papa tan "próximo"es que las tres religiones se comprendan mutuamente y se lleven muy bien entonces la conclusión es de que las tres llevan a Dios si se practican con fe. Y si las tres llevan a Dios ¿por que han de unirse si las tres son verdaderas?
En cuanto a aquellos que creen firmemente en la existencia de diversos dioses debemos decir que como  en realidad, aunque es relativamente fácil demostrar la existencia de un Principio Creador, nadie sabe a ciencia cierta cómo es éste, cabe que se le conciba bajo la imagen de la diversidad. El argumento de que si se reconocen diversos dioses ninguno puede ser Dios es cierto a condición de que después se nos demuestre - no basta conque se nos diga - cómo es realmente Dios pero toda demostración es en este sentido imposible, asi es que debemos regresar una vez más a la fe. Entonces, bajo este punto de vista, el denominado politeísmo también sería un camino para acercarse a ese Principio Creador en la que creen todos los hombres que se plantean el problema con sinceridad y también con humildad.
Mi conclusión entonces es la siguiente: Es la fe quien justifica la religión que practica cada cual y sin fe ninguna religión puede ser verdadera.
JUAN