domingo, 19 de mayo de 2013

Cataluña, Rajoy y Cia.


Es un hecho cierto y demostrado que transformar una provincia española hasta convertirla en un Estado soberano cuesta mucho dinero y por eso el señor Mas se lo pide a Madrit una y otra vez. Mientras al pueblo catalán, agobiado por los impuestos y ahogado por el desempleo, se le dice que Madrit tiene la culpa de todos sus males, la Generalidad se ha embarcado en una peligrosa aventura, haciendo caso omiso de leyes, resoluciones de los tribunales y de todo lo que no le conviene.
En estas condiciones, el asustadizo Rajoy va a Barcelona y se reúne con Mas, al que promete el oro y el moro a cambio de nada. A eso D. Arturo lo llama negociar y el común de las gentes lo llama claudicar o ceder.  En nombre del misterioso "hecho diferencial catalán", nuestro Presidente de Gobierno está a punto de autorizar un déficit del 2,1 por 100, que es claramente superior al déficit admitido para otras autonomías. Entonces interviene el inefable señor Montoro y asegura que Bruselas no permite una concesión así y otro caballero, de cuyo nombre no me acuerdo, afirma  públicamente que, siendo Cataluña diferente y especial, hay que tratarla de modo diferente y especial.
Esto es un verdadero "carajal", ¿no?
Hay que decir, aunque duela, que la opinión del exasperado pueblo español sobre este particular importa al Gobierno un comino. Madrid está colapasada por huelgas y manfestaciones, pero el Gobierno prosigue imperturbable su camino y  ni siquiera exige a Mas que cumpla las sentencias de los tribunales y acate la Ley como tenemos que acatarla los demás, mal que nos pese. ¡Que gran político es el señor Rajoy¡ El verbo negociar es para  él sinónimo del verbo ceder, mientras que para Mas es sinónimo del verbo conseguir. La confusión de lenguas decretada por Dios cuando se construyó la torre de Babel no es nada comparada con la nuestra. Me río por no llorar cuando veo al incombustible gallego  plegarse una y otra vez ante el Presidente de la Generalidad y prometerle fondos para que pueda seguir construyendo su imposible Estado mientras a sangre fría esquilma los bolsillos de los contribuyentes españoles, recorta la sanidad y la educación,  acudiendo  presuroso una y otra vez a los mercados en busca de créditos que financien gastos corrientes.
España es el único  pueblo del mundo que se avergüenza de sus símbolos nacionales y que permite se agravie una y otra vez a su bandera sin que pase absolutamente nada, pero a nuestro Presidente de Gobierno estas cosas no le preocupan ni poco ni mucho reconociendo así de facto que tanto Cataluña como el llamado País Vasco son diferentes. Por serlo, la Consitución y la Ley, que "nos hemos dado" no operan ni poco ni mucho allí, pero tampoco pasa nada porque banderas, constituciones y leyes no tengan el menor significado en ciertas partes de España, autorizando comportamientos que escandalizan al pueblo mientras lame sus muchas llagas con una paciencia y un estoicismo verdaderamente admirables.
Ahora bien; tan pronto como los presidentes de otras comunidades autónomas han puesto el grito en el cielo las cosas han variado. Alegan, con toda la razón del mundo, que si en sus respectivas autonomías los ciudadanos han hecho grandes sacrificios para ajustar sus presupuestos, dar ahora más dinero a una autonomía que ha  hecho caso omiso de las órdenes recibidas de Madrid en este sentido  es una injusticia manifiesta, cuanto más porque el Gobierno catalán subvenciona los medios de comunicación, concede importantes ayudas  a organismos que favorecen la sedición, tiene embajadas, siete canales de televisión públicos y númerosos agujeros negros tras los que desaparecen con rapidez los dineros del común de los españoles. Eso en nada aprovecha al pueblo catalán, claro, pero ¿a quien va importar eso a estas alturas? Lo que importa a nuestra clase política, que infecta y descompone todo el territorio nacional, es que a Cataluña se está a punto de darle más dinero y que al resto de autonomías, en cambio,  no y esto, naturalmente, es intolerable. Así pues, los denominados "barones" del PP han elevado sus protestas y, aunque estos barones no llegan a media docena, su protesta ha tenido mucho más efecto que manifestaciones, huelgas y cualquier clase de protesta popular.
Esto ocurre porque a nuestro Presidente de Gobierno también la opinión del pueblo que le ha elegido le importa un bledo. Sin embargo, la opinión de la clase política al que él mismo pertenece le importa mucho y hay que tenerla contenta, no sea que se rebele. Lamentablemente, y como la solución del "café para todos" no es operativa por no aceptarla Bruelas, al señor Rajoy no le queda otro remedio que negarse a las pretensiones del ávido e incombustible D. Arturo. Es curioso que cuando Rajoy niega algo a la clase política no dice una sola palabra en público y que en cambio cuando aplica sus ya famosos recortes habla alto y bastante claro: "A mí no me gusta hacerlo, pero tenemos que elevar los impuestos para favorecer el empleo...". y así los impuestos suben y el desempleo también. ¿A qué se deberá esto?
A mi juicio, si las protestas de las autonomías han tenido éxito es porque nuestro Gobierno teme a la clase política y procura tenerla contenta. Dicha clase aceptaría encantada que Cataluña gastara más si ellas también pudieran gastar más. Todo es cuestión de dinero ¿sabeis? Es una lástima que la política monetaria esté cedida al Banco Central europeo, porque si aún estuviera en manos de nuestro Gobierno los billetes de cien euros no comprarían ni una barra de pan. En su avidez por obtener más fondos, diversos presidentes autonómicos se han mostrado inflexibles a cualquier tipo de negociación "bilateral" con Cataluña pero eso es porque  desean una negociación colectiva en la que ellos también pueda participar del festín. Aceptarían sin problema que se negociara con todas las autonomías, por eso el delicuescente señor Montoro ha tenido que volverse atrás y asegurar que no existía ninguna negociación bilateral con Cataluña y que él "nunca había hablado de cifras". Barcelona, empero, lo niega y dice que estas negociaciones existen  y como sobre la Moncloa ha vuelto a caer un manto de silencio, nadie sabe quien tiene razón.
El carajal se complica ¿verdad? Vamos a ver ¿hay alguien que pueda explicarlo?
Hemos de decir, y nótese que lo decimos ahora, que esta cesión supondría la ruina de España. Hay que tener en cuenta, aunque apenas se hable aún de eso, que el Banco Central europeo está comprando grandes cantidades de deuda basura, española e italiana, para mantener artificalmente bajos los tipos de interés y no deja, por lo tanto, de emitir dinero en unos momentos en que la recesión alcanza a la dulce Francia y amenaza a la poderosa Alemania. Nuestro Gobierno no ha hecho mucho caso de las recomendaciones de la Unión Europea en lo referente a la disminución del gasto público y únicamente se ha preocupado de aumentar los ingresos presupuestarios. ¿Cómo es que ahora puede hablarse de  aumentar el déficit, aunque sea mínimamente?¿Qué clase de patriorismo "adorna" a nuestra clase política, si parece importarle un comino lo que pueda ser de España y de los españoles a medio plazo?
Mientras ellos "negocian" incrementos sustanciales de gastos muchos españoles han abandonado la Patria y viven en muy precarias condiciones en Alemania, Austria, Holanda y otros países civilizados. De cómo viven los que han salido de España en busca de trabajo no nos hablan los medios de comunicación, pero quien estas líneas escribe lo sabe y algún día dirá algo sobre ellas. Ahora me contentaré con decir simplemente esto:  Es verdaderamente vergonzoso ver cómo viven nuestros compatriotas en Berlín, Viena u otras ciudades europeas, mientras el señor Mas sigue abriendo embajadas y creando "estruturas de estado" con cargo a los bolsllos de todos.
Pues bien; el fantasma de la recesión económica amenza peligrosamente a Europa y ésta no tardará en reaccionar. Cuando lo haga, España e Italia serán sometidas a terrbles reformas que empobrecerán aún más a sus ciudadanos y como las políticas económicas favorecedeoras del empleo no se han emprendido nunca por culpa de la crisis financiera, la tormenta llegará sin que el empleo se haya recuperado.
Entonces el Viento Aquilón arreciará fuerte y echará abajo el castillo de naipes de las autonomías españolas, bien porque desaparecerán, o bien porque algunas de ellas pasarán a convertirse en estados soberanos pero absolutamente arruinados. Sin embargo, antes de que ocurra todo eso, las antaño poderosas clases medias de estos dos paises habrán desaparecido y, en cambio, la clase política se convertirá en una especie de nueva aristocracia, porque tanto España como las autonomías pueden ciertamente desaparecer, pero la clase política únicamente desaparecerá cuando el pueblo la repudie aún más de lo que ahora la repudia.
Que así quede escrito.
JUAN 



sábado, 11 de mayo de 2013

Rimas del Espejo (6)




Si en mi mano yo sintiera
el calor que da otra mano
y si  mi corazón hallara
el corazón de un hermano
que mi llanto recogiera,
y escuchara los lamentos
de mi alma enamorada
y que con dulces acentos
de palabras pronunciadas
gracioso la consolara
en difíciles momentos
se sentiría acompañada,
porque es una gran verdad
que no hay dicha en soledad.
Sin embargo, he de decir
que aunque  en soledad nací
y con ella estoy viviendo
a veces soy muy feliz.
Por Amor estoy sufriendo
y nadie sufre por mí.
Mi tiempo voy consumiendo
y así, aunque aún estoy aquí,
sé que en breve no estaré,
más tengo el convencimiento
de que cuando partiré
viviré entre los luceros.
La vida que me negaron
y el Amor que me quitaron
se me han de entregar allí.
Así pues, ¡Oh compañeros¡
no debéis sufrir por mí.
No lloréis cuando me vaya
porque para irme nací.
Y pues que en amor viví
y al amor yo me entregué
y en el amor me glorié
y con mucho Amor traté
a todos mis semejantes
no he de temer el partir
aunque parta cuanto antes.
Mi vida es un sin vivir
y aunque vivo enamorado
nada de cuanto he soñado
yo puedo obtenerlo aquí.
Pero ese mundo encantado
que en un sueño percibí
y que intenté describir
existe, me está esperando
y ahora sé que es para mí.
Seguiré, pues, caminando
porque a él llegaré al fin
y debo seguir amando
aunque no me amen a mí,
pues viviendo enamorado
ya me siento consolado.
Lloro, más vuelvo a reír,
caigo, pero me levanto
y ni el miedo ni el espanto
pueden nada, eso es así.

JUAN

viernes, 10 de mayo de 2013

Hasta la Reina lo dice


No es frecuente que Su Majestad la Reina hable en público de política y, sin embargo, lo ha hecho casi al mismo tiempo en que el señor Rajoy intentaba poner una nota de optimismo en el desolado panorama de la economía española y así, mientras él aseguraba que los peores tiempos habían pasado ya,  Doña Sofía se refería con toda claridad a la situación de penuria, miseria y desesperación por la que atraviesan muchas familias españolas, sugiriendo que se realice un pacto entre todas las fuerzas políticas o lo que sea  con tal de acabar con rapidez  esta situación.
El Presidente de Gobierno, por su parte, nos asegura que  gracias a las dolorosas reformas que ha impuesto al pueblo, muy pronto sonreirán tiempos mejores en los que el desempleo tocará a su fin y los españoles serán de nuevo la mar de felices. Al revés que lo que ocurrió en Egipto, las vacas gordas sucederán a las flacas y las espigas granadas a las agostadas, quedando  atrás sacrificios y privaciones. Pero todo esto a mí me suena a cuento, aunque en él falten las famosas palabras con las que suele acabar todo cuento:
"...y desde entonces vivieron felices y comieron perdices".
Hay que decir, sin embargo, que nuestro  moderno José no nos miente cuando asegura que lo peor ha pasado ya, porque para él lo peor era el previsible colapso de la banca y la negativa de los mercados a seguir concediendo créditos al Gobierno de España y para evitarlo sí que se ha trabajado con notable diligencia y sorprendente efectividad. Como consecuencia de tanta actividad los "frutos" de tanto afán han llegado a la banca con la celeridad del rayo, pero no han pasado de ahí.
¡ Extraños frutos son estos, que para unos llegan pronto y que para otros no terminan de llegar¡
Ahora bien; La banca y el crédito internacional  del Reino de España han sido salvados por todos los españoles y a cambio ¿qué va a hacer la banca en su beneficio? ¿Qué va a hacer el Gobierno con los créditos que constantemente solicita de los mercados?  Hasta el momento no existen respuestas a estos dos interrogantes y que me aspen si no son importantes.
Todo economista sabe que los problemas de la economía real son mucho más urgentes que los de la economía financiera y que si se trata de evitar el desempleo hay que favorecer la inversión y no lesionar el ahorro; pero como Rajoy ha salvado a la banca sin imponerla siquiera esta condición, ahora no tiene más remedio que esperar a que la banca decida renunciar a la especulación y tenga la bondad de canalizar el ahorro hacia la inversión, que es lo que debe hacer. Estas cosas, claro, solo las sabemos los economistas y como resulta que no somos muchos  su prometedor discurso ante el Parlamento posee la astucia de la serpiente, aunque haya sido pronunciado con la candorosa voz  de un tierno corderito. Si, aun así, no  convence a la mayoría es, sencillamente, porque la mayoría sabe que los políticos mienten siempre y que engañan la gran mayoría de las veces que se deciden a hacer declaraciones. Por eso, quizás, se hacen tan pocas. Otra cosa ocurriría  si, además de asegurarnos que están a punto de desaparecer nuestras penurias, Rajoy nos demostrara que existe una íntima relación entre sus medidas y la prometida disminución del desempleo, pero ésto no lo ha hecho. No lo ha hecho, porque tal relación ni existe ni puede inventarse  y eso equivale, en cierta manera y a mi juicio, a declarar que a él eso del desempleo no le preocupa demasiado. Por delante están, naturalmente, los intereses de la clase política a la que pertenece, los de la banca y los de los grandes empresarios, que por cierto siguen obteniendo importantes beneficios.
A la Casa Real, en cambio, sí parece importarle y mucho la situación en la que se hallan muchas familias españolas, que por no tener otra fuente de ingresos que su trabajo ven reducir mes a mes y día a día su renta real, asfixiada entre una maraña de impuestos, recortes y sacrificios sin cuento, así es que aunque alguno pueda creer que soy un vanidoso, he de declarar que la Casa Real y yo coincidimos en este punto., Puedo asegurar que si a mí me preocuparan los temas que parecen preocupar al señor Rajoy  no perdería un segundo de mi tiempo escribiendo sobre política, pero me consta que es ella quien tiene buena parte de los males que en estos momentos afligen a seres humanos semejantes a mí mismo y, por lo tanto, de ella debo hablar y acerca de ella debo escribir. Pero tengo que confesar una cosa: Tengo muchas ganas de poder volver  a mis cuentos, a mis rimas y a mis diálogos.
No sé a vosotros lo que os sugerirán las palabras de Su Majestad la Reina, pero a mí  me han impresionado mucho porque me parecen algo parecido a una llamada de auxilio. Es la misma llamada que yo percibo en los ojos de las personas que pasan necesidad  o que sienten miedo de perder su única fuente de ingresos; la misma que se refleja en los ojos del anciano, del enfermo, del pensionista o del que vive en forzada soledad. Esta petición de auxilio no es una llamada desesperada, pero sí muy seria en cuanto reune y sintetiza miles de llamadas, miles de miradas anhelantes y miles de esperanzas frustradas y como me consta que ninguno de los miembros de la familia Real hace declaraciones improvisadas y que hasta la última y más inocente de sus palabras está medida, calculada y ponderada respecto de su significado, deduzco de las que ha pronunciado la Reina que la situación económica se ha deteriorado aún más de lo que yo imaginaba, que ya era bastante como bien sabéis.  
Por otro lado, y ya  puesto a fiarme, me fío mucho más de Su Majestad la Reina que de Rajoy, ya que dejando aparte el hecho de que de  éste no se fía ya ni el apuntador, no puedo creerme  que para resolver el problema del desempleo sólo exista el camino de elevar los impuestos y sanear la banca. En realidad, y como todo buen economista sabe, nunca existe un solo camino que lleve a resolver un problema de naturaleza económica pero. Rajoy ha elegido el más cómodo para él y para la clase política. También es el más doloroso e injusto de todos los posibles contemplado  desde la óptica del peblo al que dice gobernar y servir. Empobrecido hasta límites que claman al cielo, es muy cierto sin embargo que por el proceso de ajuste automático que se estudia en todos los libros de economía  el problema del desempleo terminará por resolverse; pero eso será  a costa proletarizar aún más de lo que está al trabajador español, a costa  de hacer desaparecer a la clase media y a costa de establecer una sociedad en la que únicamente habrá  estas tres clases: La política, la obrera y la de los muy ricos. 
Si estos son los "frutos" esperados de sus reformas casi es preferible no obtener ninguno, porque si para conseguir ganarnos el pan nuestro de cada día hemos de renunciar a todos nuestros derechos, aceptar sin rechistar todas  las condiciones que nos impongan  y además mostrarnos agradecidos hacia aquellos que nos permiten seguir viviendo, entonces  habremos retrocedido al siglo XIX, así y como quien no quiere la cosa.
Me vuelve literalmente loco el siniestro juego al que no somete nuestra clase política y por eso agradezco a Su Majestad la Reina sus palabras, porque no me suenan a juego como las palabras de otros y porque, no teniendo ninguna obligación de decirlas por ser Reina, las ha dicho a pesar de todo.
JUAN


viernes, 3 de mayo de 2013

No, señor Rajoy


No existe originalidad, ni  tiene mérito alguno que para reducir el déficit se eleven los ingresos, vía impuestos, y se recorten los gastos en prestaciones sociales, como son la sanidad o la educación. Esto que hace usted, querido presidente, lo hace cualquiera. Me consta así  que el dinero gastado en pagar a sus asesores es dinero perdido y al preguntarme la razón por la que no se recortan más que estos gastos, vive el cielo que no la hallo. Puede ser que se deba a que no tengo la suficiente paciencia para esperar a los buenos resultados que usted promete
A mí me parece, no obstante, que más que paciencia debemos tener resignación y aceptar el hecho de que cuando estamos en recesión importa mucho salvar a la banca; bastante no molestar a la clase política y muy poco al pueblo, No importa  pues, aunque eso no se diga, el desempleo, la caida del consumo, la penalización del ahorro y la ausencia de inversión, por lo tanto se nos aconseja paciencia y se nos hacen promesas en la esperanza de que seamos tan tontos como para creerlas.
Es realmente conmovedor el patetismo de nuestro presidente de Gobierno cuando ante los tremendos recortes que día sí y día no nos impone, intenta envolver el terrible paquete con el papel de plata de sus palabras. No es por nada, pero a mí más me recuerdan a las de un piadoso sacerdote o a las de un maestro de escuela, que a las de un buen político: "Si soís virtuosos - nos dice-, entonces  llegará un día en que todo se arreglará". Esta actitud, semisimiesca y cínica, bastaría por sí misma para desanimar a cualquiera que tuviera dos dedos de frente.
Me niego a creer, no obstante, que el señor presidente ignore a qué conducen realmente sus recortes. Se trata ni más ni menos que de colocar sobre los hombros de todos los españoles el peso de una crisis económica que tiene como causas ciertas la especulación, el despilfarro y la corrupción en la que está enfangada  desde hace mucho tiempo una parte significativa de nuestra clase política. Para lograrlo, se le intenta seducir con palabras pero incluso ellas son tan decepcionantes, que más que seducidos estamos siendo violados por el beatífico y muy pasivo señor Rajoy.
Dicen que en cierta ocasión se preguntó al señor Mitterand la razón por la que en la dulce Fancia no se aplicaba el modelo español del Estado de las Autonomías y que éste respondió con ironía: "Es que Francia no es tan rica como España". Lo dijo porque bien sabía que para sostener un Estado como  el nuestro se debería poseer una economía mucho más desarrollada  incluso que la de Francia, pero como entre nosotros la economía no es precisamente algo que todos conozcamos no hemos tenido el menor inconveniente en generar un gasto público excesivo. Cuando tal cosa ocurre es necesario reducir gastos y es lo que se ha hecho, solo que los gastos que se han reducido afectan a las partidas de sanidad y educación y dejan intactas todas las  que podrían afectar a la clase política. En un comentario anterior empleaba el verbo "infectar" para referirme a ella y, aunque soy consciente de que no es justo culpar a toda ella del desastre que estamos viviendo, no me cabe ninguna duda de que desde el Gobierno se intenta presentar este hecho como algo natural, inamovible e intocable; algo que nos cuesta a todos un ojo de la cara, aunque todos sepamos que ese gasto es completamente innecesario.
Ahora bien; si seguimos teniendo paciencia y nos olvidamos de resolver cuanto antes este problema debo decir que nuestra salida de la recesión se prolongará en el tiempo e incluso se agravará aún más, porque los gastos inútiles de las autonomías seguirán subiendo; el servicio de la deuda pública aumentando; los impuestos se mantendrán excesivamente altos; y no habrá apenas inversión. Llegado ese momento seremos rescatados a precio de oro por una Europa ávida de quedarse con nuestro patrimonio. Bien es verdad que para entonces tanto el señor Rajoy como el resto de su gobierno ya no estarán en el poder así es que sabiendo esto resulta muy fácil que hoy nos haga promesas y nos pida paciencia. 
Ya lo decía Keynes: "a largo plazo, todos calvos". De momento, la primera consecuencia de los recortes es el progresivo estrangulamiento de las clases medias españolas en beneficio de la clase política y el nacimiento de una sociadad caracterizada por una diferencia creciente entre los más ricos y los más pobres. Entre los primeros, merecen citarse a hijos, parientes, amigos y paniaguados de los que rebosan los partidos políticos, que controlan y se reparten España, ya sean nacionalistas o no lo sean, y entre los últimos podemos citar a profesores, médicos, enfermeros, maestros, economistas, ingenieros y arquitectos, que no solo no hallarán empleo, sino que verán reducidos sus sueldos, cercenados sus derechos vía Decrto-Ley y convertidos practicamente en proletarios.
Este panorama que solo esbozo no es fruto de mi pesimismo, ni tampoco del hartazgo que me produce la tremenda cara dura de los que dicen gobernarnos en nombre de la democracia. La Unión Europea, que conoce bien las causas de nuestra crisis, ha empeorado aún más el triste panorama pintado por el triste Rajoy, porque a pesar de todos los recortes no divisa ninguna solución realista y sabe muy bien que  la política no puede jugar con la economía, como juega con casi todo. Quien estas lineas escribe no es pesimista ni por temperamento ni por carácter, pero no es tonto y además se niega a dejarse manipular por partidos políticos, sindicatos y medios de comunicación al servicio del Estado. Tenemos diecisiete gobiernos y ninguno de ellos gobierna; un presidente de Gobierno huidizo y misterioso al que hay que arrancarle las palabras y un parlamento a punto de convertirse en un circo. ¿Cómo se puede ser optimista en estas condiciones? En cuanto a lo de la paciencia creo yo que el pueblo español ya ha tenido bastante. Estamos retrocediendo a marchas forzadas hacia el siglo XIX y aquí no pasa nada
mientras decimos eso de "sálvese el que pueda".  Miles de jóvenes se ven obligados a abandonar la Patria porque en ella no encuentran empleo
y al Gobierno lo único que se le ocurre es elevarnos los impuestos, siendo la presión fiscal actual casi igual a la sueca, pero sin tener sus ventajas. En Cataluña y en el País Vasco se educa a los niños en el odio a España, desvirtuando y falseando la historia y convirtiendo las aulas en plataformas propagandísticas del nacionalismo más radical y aquí no pasa nada.
Había una vez un hombre joven y lleno de vitalidad, pero  que era muy vago, muy egoísta y muy comilón. Estaba casado y tenía tres hijos a los que practicamente mantenía su mujer, que era la única de la familia que trabajaba. Ocurrió que ese hombre enfermó, visitó a un buen médico y éste  le dijo:
- Mire usted: Come usted mucho y como ni trabaja, ni se dedica a estudiar, ni tampoco quiere realizar tarea alguna sino que se pasa la vida en casa debe usted reducir su ingesta de alimentos. Si no lo hace seguirá engordando y su corazón se debilitará aún más de lo que está, de modo que su salud será cada vez más delicada.
Al regresar a su casa el hombre llamó a su mujer y le dijo:
- Juana, es necesario que gastes menos dinero en la compra. De ahora en adelante todos comeremos poco, porque me ha dicho el médico que si no hago eso mi salud enpeorará.
Pero su mujer adujo:
. ¿Y no te dijo también que tu salud mejoraría mucho si trabajas, realizas ejercicio y dejas de tumbarte en el sofá para ver los partidos de fútbol por la televisión?
- No ne dijo eso- mintió el hombre.
La mujer se extrañó pero le creyó y a partir de aquel momento se inició un terrible régimen de adelgazamiento que no tuvo más resultado que el de desnutrir a la familia y así tanto ella como sus hijos adelgazaron tanto que daba verdadera pena verlos. Sin embargo, y al parecer, al cabeza de familia el régimen no solo no le afectaba en absoluto, sino que parecía engordarle aún más.
Un día Juana se encontró con una amiga en el mercado y le comentó lo que estaba ocurriendo en su casa:
- Yo estoy cada día más delgada, chica - dijo - y mis hijos parecen tres alfeñiques. En cambio él está cada día más gordo. No lo entiendo.
- Pues yo sí - respondió la amiga -. Cuando tu marido y el mío salen juntos no hay bar que no visiten ni pincho que no se traguen, de modo que el régimen a él no le sirve de nada y en cambio a vosotros os está matando.
Pues bien; el hombre vago, gordo y con el corazón delicado es nuestra clase política; la mujer es una crédula trabajadora a la que se la engaña con facilidad; sus hijos son las personas que deberían ser protegidas por el  hombre en lugar de ser explotadas y el médico es la Unión Europea.
Y la conclusión es también muy sencilla: De seguir así, el hombre morirá pero sin duda su familia morirá primero...de hambre y de necesidad.
JUAN

sábado, 27 de abril de 2013

Más impuestos, naturalmente


Cuando los ingresos no cubren los gastos y las líneas de créditos están a punto de agotarse solo caben dos soluciones: O se disminuyen los gastos o se incrementan los ingresos.
Cuando en una nación la tasa de desempleo alcanza como media el 27 por 100, si realmente se desea aumentar el empleo hay que favorecer la inversión; penalizar la especulación; desviar una parte importante del gasto público hacia esa inversión, evitar el fraude fiscal y la huida de capitales y no incurrir en despilfarro alguno, ni por parte del Gobierno central, ni por parte de los gobiernos autonómicos, ni por parte de los ayuntamientos, ni por parte de las diputaciones, ni por parte de los "cabildos" etc.
Pues bien; en lugar de arbitrar medidas que vayan en el sentido arriba indicado, el Gobierno del señor Rajoy ha elevado una vez más los impuestos, solución que con seguridad elevará los ingresos públicos  y que disparará el descontento popular aún más, en una escalada terrible, que tarde o temprano originará muy funestas consecuencias. Estos nuevos impuestos deprimirán el consumo aún más de lo que está; penalizarán el ahorro; incrementarán el desempleo por la caída de la demanda  y perpetuarán la denominada "crisis" hasta después de las próximas elecciones legislativas, en las que el Partido Popular  sufrirá un tremendo varapalo. Alguno me dirá con razón y en este sentido, que no es seguro que lleguemos a ellas sin que ocurran importantes novedades pero ya comprenderéis que yo no pueda adelantaros nada  en cuanto al futuro, porque en el Reino no existe la adivinatoria, aunque sí existe la Razón, la Lógica y otras estimables cualidades de las que está adornada nuestra alma inmortal.
Nuestros católicos reyes, ya fueran Habsurgo o Borbón, colocaban directamente el enorme coste de las absurdas guerras que mantuvieron sobre las espaldas del pueblo, elevando una y otra vez los impuestos. En la dulce Francia la nobleza y el clero estaban exentos de ellos y además gozaban de increíbles privilegios, pero todo eso se terminó cuando fueron convocados los Estados Generales.
Bien; como muchos españoles ignoran qué era eso, os diré que eran una asamblea convocada por el Rey en momentos excepcionales y en la que estaban representados el clero, la nobleza y los representantes de las ciudades a los que desde entonces conocemos con el nombre de "pueblo". A mayor abundamiento, los "Estados Generales" fueron creados por Felipe IV - llamado "el hermoso" Dios sabe por qué -, disueltos por Luis XIV - llamado el Rey Sol, con gran indignación de éste -, y restaurados de nuevo por Luis XVI -llamado el "rey cerrajero", aunque tardó mucho tiempo en abrir la más importante de todas las, digamos, "cerraduras"-. Tras numerosos incidentes, que sería prolijo relatar y quizás aburrido  leer, esta asamblea suprimió los privilegios del clero y de la nobleza y tal hecho inició la muy famosa Revolución francesa, que tanta sangre costó primero a Francia y después a Europa, porque es obvio que Napoleón nunca hubiera pasado de oficial del Ejército francés de no haber ocurrido un cataclismo, cosa que ocurrió en realidad.
Por entonces reinaba en España Carlos IV de Borbón, que asustado ente las noticias que llegaban de Francia decretó la clausura de las Cortes no fuera que se repitieran en ellas los sucesos de Versalles; ordenó a Floridablanca que dejara en suspenso los Pactos de familia y que sometiera a control las fronteras con Francia, no sea que se propagara en la atrasada y casi medieval España  la "peste" revolucionaria. Tras la ejecución del Rey Luis XVI, Carlos se asustó mucho; renunció a cualquier reforma, puso en el poder a Manuel Godoy, amante de la fea reina María Luisa, y así fue como España perdió su gran oportunidad de modernizarse, permaneciendo en adelante ajena a Europa e indoletemente recostada en los Pirineos "sesteó" hasta el momento presente.
En dicho momento presente, el Reino de España es oficialmente una democracia en la que teóricamente el pueblo elige a sus gobernantes, pero como en la práctica quienes realmente lo dirigen todo son los partidos políticos, la teórica libertad de voto está muy condicionada. Además, y habida cuenta que de los dichos partidos políticos algunos presentan un perfil claramente separatista y el resto son de una mediocridad que espanta, la democracia española empieza a parecerse más a la Francia del siglo XVIII que a la Inglaterra del siglo XIV y no me hagáis entrar en detalles, por favor.
En consecuencia, habiendose creado un "Estado de las autonomías" económicamente inviable y políticamente intocable, y habiendo decretado Bruselas que no son tolerables déficit presupuestarios a largo plazo, la única solución que quedaba era la elevación de impuestos y ésta ha sido justamente la tomada por D. Mariano Rajoy, primero para salvar a la Banca y ahora para salvar a las clase política, a las empresas denominadas "públicas", a las televisiones también llamadas "públicas" y a miles de paniaguados, que con el inocente nombre de "empleados públicos" - ¡ojo, no funcionarios, que estos han ganado sus puestos tras superar exámenes y oposiciones¡ -, infectan las diferentes administraciones y que en muchos casos disfrutan de privilegios a costa del pueblo al que hipócritamente aseguran servir.
Ahora bien; como seguramente ocurría en la Francia de Luis XVI nuestros actuales gobernantes deben creer que se puede engañar al pueblo eternamente. Es verdad, no obstante,  que en nuestros tiempos la amenaza del Infierno y la promesa del Cielo para todos aquellos que en esta vida sufren miserias y privaciones no surte el menor efecto, pero como también lo es que el púlpito ha sido sustituido por la televisión y por los medios de comunicación en general, el problema únicamente afecta al llamado Papa Francisco. Sí, ese que no quiere ser rey a pesar de lo que se dice en el Padrenuestro. El mismo papado, antaño tan poderoso, es hoy una grotesca caricatura de lo que fue por la absoluta falta de fe de los que se llaman católicos, la quiebra de los valores éticos, el relativismo ético y la permisividad de las costumbres entre las que destaca el concepto de honradez y el de honestidad, que no son idénticos, pero que propician casos de corrupción tan sonados como lo son algunos de los que actualmente hemos de soportar.
En estas condiciones, la denominada "crisis" no puede terminar ni en el año 2014 ni en el año 2015, dígalo Soraya, Montoro, Rajoy o el Lucero del Alba, porque únicamente terminará cuando se reforme la estructura del Estado y si se decide mantener en él las denominadas autonomías, éstas deberán aguantar el terrible descontento que ha de generar en su población las medidas que no tendrán más remedio que emprender sus hasta ahora apoltronados gobiernos. Hay que reconocer, en este sentido, que ahora el "marrón" cae directamente sobre el pobre D. Mariano, al que todo el mundo critica, pocos creen en sus palabras y muchos hacen caso omiso de su autoridad.  Da igual, en este sentido, que importantes personajes del Partido Popular nos aseguren que estas medidas repercutirán en beneficio del pueblo pronto, porque se debería ser ingenuo o tonto para seguir dando crédito a un Gobierno que llegó al poder con engaño y, además, ellos qué van a decir al respecto si son ellos quienes las han tomado..Ahora bien; si la dicha reforma del Estado tiene lugar, esto ya no ocurrirá porque la población de cada "autonomía" se volverá airada contra sus propios gobernates si elevan los impuestos  y llegará un momento - aún no han nacido quienes lo verán -, en que se reniegue de tan pintoresca manera de destruir a la Patria común, a la que de no haber existido Franco seguramente todos seguríamos amando, como ha ocurrido siempre.
 Porque escrito está, y lo está en el Reino: "Los hombres y mujeres consiguen vivir  mucho mejor si en lugar de trabajar separados, trabajan juntos".
Si la subida de impuestos es algo muy grave, ese proyecto de reforma de las pensiones del que astutamente ya se empieza hablar introduciendo el curioso concepto de la desindexación, una palabreja por cierto auténticamente impronunciable, es mucho peor si cabe. La idea es, ciertamente, maquiavélica porque la reforma no alcanzará únicamente a los nuevos pensionistas, sino a todos y como éstos son muchos y además crecerán con el tiempo el descontento se generalizará. Así pues, en el futuro estarán descontentos los jóvenes porque no hallarán empleo, pero éstos aún pueden emigrar; estará descontenta la clase media agobiada por los impuestos, pero ésta es pacífica por naturaleza y además se la engaña con relativa facilidad; estarán descontentos los ahorradores, pero éstos son pocos y además están en minoría. Sin embago, los pensionistas no emigran; no se les engaña con facilidad, que por algo son mayores, y como no son ahorradores dependen en su gran mayoría de las cuantías de sus pensiones, a las que les da derecho una vida entera de trabajo. Por si eso fuera poco, cuentan con todo el tiempo del mundo para organizar y protagonizar manfiestaciones, ya sea frente al edificio de las cortes, ya sea en cualquier otro sitio.
No puedo terminar mi comentario sin referirme a una anécdota histórica, que es para mí muy significativa.
La Historia no ha aclarado la causa del incendio de Roma cuando era emperador Nerón, pero lo cierto es que en un principio el pueblo romano se revolvió contra él y estuvo a punto de asaltar el palacio imperial al grito de "incendiario" y "matricida". Ante esto, el emperador-poeta se asustó mucho y dicen que preguntó a Séneca cómo era posible que el muy civilizado y demócrata pueblo romano se hubiera transformado en aquella turba vociferante y llena de ira. Séneca - o quien fuera, porque Tácito no lo aclara -, respondió esto: "Divinidad: cuando se lleva al pueblo al borde de la desesperación y se le enfrenta con la ruina, por muy culto que sea se transforma en una fiera. Y no se puede razonar con fieras, pues éstas nunca piden justicia, sino venganza".
Por el momento, dejo a tu arbitrio las conclusiones que podrian derivarse de los hechos que acabo de comentar. Discúlpame si a los efectos de favorecer tu reflexión he tenido que acudir a la Historia. Siempre lo hago, ya que tras el Espejo, en la Plaza de la Eterna Sabiduría, existe esta leyenda:
"Aprende de la Historia, porque ésta es tu Maestra en tu vida sobre la tierra".
JUAN


jueves, 18 de abril de 2013

La guardia de la noche.


Me he tomado la molestia de leer el informe que el FMI ha hecho sobre España y a mi juicio en él no se dicen cosas que a estas alturas puedan sorprender a alguien con un mínimo de sentido común . Ciertamente, no hace falta ser un experto para saber que en sus actuales condiciones políticas y económicas  España es una nación económicamente inviable. Lo que ya no dice el referido informe son las causas por la que el año próximo va a continuar la recesión y va a incrementarse más aún el nivel de desempleo. Ocurre, además, que como tampoco son buenas las perspectivas de crecimiento de la Europa central bien podría suceder que  a requerimiento de la señora Merkel Bruselas  terminara mandando "vestir el negro" a algunos de sus funcionarios, enviarlos luego a España sin oposición alguna  y hacer que se pongan a reformar cosas entre lamentos de nuestro Presidente de Gobierno y apasionadas protestas de que "él no lo desea". Como digo,  esto naturalmente no lo dice el informe del FMI pero en cambio voy a decirlo yo, si bien  con el debido respeto y procurando no dejarme llevar demasiado por la penosa impresión que me produce ver a mi Patria indefensa y desamparada, que dormita al lado del fuego cual si fuera un perro aterido de frío que se lame sus llagas.
Vamos allá y que Dios reparta suerte
Dando por sentado que el Gobierno de la nación jamás se atreverá a una reforma razonable de la actual estructura del Estado, cualquiera puede deducir que en estas condiciones la situación económica no puede mejorar. En efecto: cada una de las diecisiete autonomías en las que se ha fraccionado España funciona en la práctica como si fuera un Estado existiendo en este sentido dieciocho unidades de gasto, que han de nutrirse de los impuestos pagados por el conjunto de los españoles para que ingresos y gastos queden razonablemente equilibrados. Otra solución alternativa es la de disminuir de modo fulminante los gastos de todas las autonomías  pero si no se hace lo uno ni lo otro - ¡Ay Rajoy, que bien te va a ti esto de no hacer ni una cosa ni la otra -entonces la diferencia entre ingresos y gastos deberá financiarse con deuda pública. Al no emplearse ésta por  definición para incrementar la inversión no puede producirse un incremento del nivel de empleo y estos fondos obtenidos en los mercados se seguirán utilizando para cubrir gastos corrientes, de modo que España seguirá endeudándose sin que tenga posibilidades reales de devolver lo que ha recibido. 
Ahora bien; si fuera cierto que el Gobierno del señor Rajoy tiene como principal prioridad crear empleo, debería emprender las medidas necesarias para que el crédito internacional solicitado se empleara en la inversión y no en el gasto, pero para ello no tendría más remedio que entrar "manu militari" en las autonomías para exigir a sus gobiernos que hicieran lo mismo y además tendría que poner en orden nuestro sistema bancario, que hasta el momento hace lo que le viene en gana. Como esto jamás va a hacerlo, la reducción del déficit pasa necesariamente por un incremento de los impuestos, pero ni aún así podrá animarse el empleo puesto que el exceso de ingresos obtenido tiene que aplicarse al gasto y no a la inversión. Como quiera que éste no deja de crecer, sobre todo en algunas autonomías cuyo nombre todos sabemos, el nivel de vida de los españoles ha de seguir bajando; el desempleo continuará, por lo  tanto, aumentando y la clase política seguirá tan campante, gozando de las prebendas y privilegios de casi todos conocidos. Que conste, no obstante, que como en el informe de referencia lo único que se dice es que deben hacerse recortes,  deduzco que si éstos no se hacen a costa de lo que acabo de decir es evidente que deberán hacerse, una vez más, a costa del pueblo soberano. ¿O es que queda alguna otra posibilidad? Si es así me gustaría mucho conocerla.
Bueno, perdón, si que queda una solución: que el enano llamado "saltarín" convierta la paja en oro, como ocurre en el cuento clásico. No creo, sin embargo, que nuestro Gobierno crea ni en las hadas, ni en los cuentos, aunque  paradójicamente nos cuente muchos.
De todas las naciones del mundo civilizado España es, ciertamente, la más inconsciente e ignorante de todas,  porque sabiendo que su economía no es tan fuerte como la de Inglaterra, Alemania o Estados Unidos, poniendo por caso, su clase política ha ideado un costoso y curioso nuevo modelo de Estado, sin parangón en parte alguna dándose la extraña circunstancia de que, pese a que formalmente todas las autonomías están supeditadas al Gobierno llamado Central, la verdad es que éstas se comportan en la práctica  como verdaderos estados independientes y así , entre otras cosas, promulgan una ley tras otra hasta convertir el corpus jurídico español en un verdadero galimatías, no sintiéndose obligadas en muchos casos sino por las leyes que ellas mismas elaboran. 
Podríamos demostrar que tanto la reforma del sistema de pensiones como los recortes en sanidad y educación , que entre otras medidas, aconseja la Unión Europea, no serían necesarias de no existir el Estado autonómico, que si eso no lo dice Bruselas lo insinúa esperando, quizás, que el Gobierno español se de cuenta primero y tome medidas después, que corrijan esta monstruosa situación, inconcebible en cualquier país salvo en el nuestro. En consecuencia cuando nuestro Gobierno nos asegura que los recortes que nos endilga   le duelen mucho, pero que son impuestos por Europa, nos miente con descaro puesto que si es forzoso hacer recortes, eso no significa necesariamente que haya que hacérselos al pueblo. Si los españoles fuéramos aficionados a los números y los hiciéramos, observaríamos escandalizados cuánto nos cuestan nuestras autonomías; cómo y de qué manera su clase política gasta nuestro dinero y cuánto podríamos ahorrar si dichas autonomías no existieran. No obstante, como para hacer eso hay que trabajar y además lleva mucho tiempo, el español medio prefiere ignorarlo y decir: "Con este solecito me apetece una siestecita". Y así estamos: sesteando mientras nos llevan la cartera con toda desenvoltura, no digo todos, pero si algunos miembros de nuestra clase política y tanto  es así, que me temo que cuando despertemos no vamos a tener ni calzoncillos. 
En estas condiciones, hay que comprender que sería más fácil que creciera el valor de nuestro PIB, que criar una Palmera en Spizbergen así que los "expertos" del FMI no han tenido que molestarse mucho para hacer su diagnóstico, que en  definitiva es este:  Si quieren corregir el déficit presupuestario han de recortar ustedes el gasto de sus voraces autonomías o elevar los impuestos. Elijan ustedes, porque si no lo hacen Europa terminará enviando a España a esos "hombres de negro" que tanto temen algunos. La "guardia de la noche", vamos, que al igual  de lo que ocurre en la serie llamada Juego de tronos se encarga de defender a la Unión Europea del contagio que para ella puede pueden suponer naciones en las que se prefiere eso de  sestear a trabajar. 
Esta "guardia de la noche" desmontará enseguida el tinglado que ha construido su clase política para su propio goce y disfrute. Entre otras cosas, impediría al señor Mas seguir construyendo lo que él llama estructuras de Estado, pondría orden en los bancos, reformaría la denominada función pública y cerraría  sin misericordia centenares de empresas públicas que no sirven para nada. Además, seguramente  limpiará las diferentes y variadas administraciones de enchufados, pelotilleros e inútiles varios, que no saben hacer la o ni con un canuto etc. Por fin la "guardia de la noche" someterá a una especial vigilancia a todos aquellos que manejan los caudales públicos y a sus familias para que no vuelvan a repetirse casos de corrupción tan sonados como algunos de los que conocemos.
En definitiva la "guardia de la noche" limpiaría de zombies los ministerios, los ayuntamientos, las corporaciones públicas, las diputaciones y otros organismos cuya simple enumeración bastaría como para llenar un libro de mediana extensión y una vez realizadas todas estas tareas a lo mejor vendría a resultar que ya no es necesaria ni la elevación  de los impuestos, ni la reforma de las pensiones, ni el endurecimiento del mercado de trabajo por el lado de la demanda.
En cualquier caso conviene darse cuenta de una cosa:  incluso si estas tres últimas cosas fueran necesarias, el daño que nos producirían sería mucho menor si antes de hacerlas hubieran desaparecido todas las anteriores 
Constituiría un motivo de satisfacción para el que estas lineas escribe, saber que quienes han leído este modesto comentario sacaran las mismas conclusiones que yo, a saber: Que si el Gobierno pretende apoyar nuevos recortes en rentas salariales, disminución de pensiones o elevaciones de impuestos con el argumento de que es Europa quien lo quiere e impone está mintiendo una vez más  y que la causa de esa mentira es que, no atreviéndose a realizar los recortes allí donde realmente debiera, se los impone al pueblo porque es mucho más cómodo y menos comprometido hacerlo. No importa, al menos de momento, que el citado pueblo ponga el grito en el cielo y colapse con masivas manifestaciones tanto a la muy cabreada capital de España, como a otras ciudades. Lo que importa es tener contenta a la clase política, sobre todo a la catalana y a la vasca, no sea que se le ocurra hacer tonterías tales como dejar de cumplir la Ley, hacer caso omiso de los símbolos de la patria común, meterse una y otra vez con la Casa Real a ver si de una buena vez se cansa y el Rey o el Príncipe se van o continuar sometiendo a un incalificable y creciente chantaje casi sin fin a una mayoría cualificada de buenos españoles. Esto, como digo, es lo importante pero ya comprenderéis que no se puede decir o si no a ver ¿Si vosotros pertenecierais al Gobierno actual lo diríais?
No podríais aunque estuvierais deseando hacerlo ¿verdad? Sin embargo, y afortunadamente yo no pertenezco al Gobierno; no milito en ningún partido político; no pueden comprarme ni mucho menos corromperme.
En consecuencia como soy libre lo digo, ya que prefiero ser pobre y libre a ser rico y esclavo.
JUAN

sábado, 13 de abril de 2013

De intereses abusivos


Aristóteles, que entre otras cosas inventó la Economía como ciencia, condena sin paliativos los préstamos monetarios por ir en contra de su famosa ecuación del cambio voluntario, que dice más o menos lo siguiente: "Si los cambiantes son libres y no están coaccionados cambiarán sus bienes cuando sus respectivos valores de cambio coincidan. Si no se da tal coincidencia nunca los cambiarán, porque al menos uno de ellos perdería en el cambio" . Es importante señalar que la palabra "libertad" se emplea aquí como sinónimo de ausencia de ignorancia por ambas partes. La creación del dinero como unidad de medida del valor de cambio tiene lugar para facilitar este cambio y así no se puede comerciar con él, ni obtener beneficio alguno como consecuencia de su tráfico. 
La Católica Iglesia Romana, que en tantas cosas se parece a lo que definieron en su día los autores clásicos, también condenaba la obtención de beneficios como consecuencia de préstamos monetarios, a los que definió como usura, y fulminó la temida excomunión sobre aquellos católicos que practicaran el préstamo de dinero con interés. Más tarde, Santo Tomás de Aquino estableció dos excepciones a dicha condena denominadas lucrum cessans y damnum emergens, que no paso a explicar por motivos de brevedad, pero que son el origen de toda la banca católica, incluida la del Vaticano.
Lo anterior viene a cuento porque en la ciudad de Arrecife el Juez Titular del Juzgado número 4, Don Juan José Cobo Plana, ha anulado varios contratos hipotecarios con el argumento de que los intereses cargados en total eran excesivos. Se argumentará que los "beneficiarios" de estos contratos hipotecarios los aceptaron libremente pero dejando aparte el hecho de si eran verdaderamente libres o no cuando los aceptaron, todo el mundo convendrá en que la situación económica era entonces  muy diferente a la actual y que además ésta se debe en buena medida al comportamiento de la propia Banca.
En efecto: Hoy muchas familias han perdido su única fuente de ingresos, que es su trabajo, y es harto evidente que a tal situación se ha llegado debido a la  codicía de la banca, que en su afán de conseguir rápidos e ilícitos beneficios concedió créditos a familias que ya entonces carecían de las suficientes garantías, provocando así la denominada "burbuja inmobiliaria", que al estallar arruinó el consumo, la producción, el ahorro, la inversión y el empleo. Es decir: la responsabilidad de que en nuestros días existan miles de familias que han perdido el empleo es de la Banca, que con su desmedida codicia la ha provocado. Naturalmente, los gobiernos europeos en general y nuestro Gobierno en particular se han apresurado a salvarla, pero ¿quien salva a esas personas a las que cuando la Banca ejecuta la hipoteca por falta de pago se quedan en la calle? ¿Quien, las "rescata"?
Con la disculpa que debe cumplirse la Ley la mitad de nuestras cajas de ahorro y algunos de nuestros bancos hubieran quebrado sin remedio y como eso no convenía ni poco ni mucho los hemos recstado entre todos. Sin embargo, y por lo visto, la situación de estas personas importa a la Banca y a ciertos sectores de la derecha española un comino, sin tener en cuenta que todos, absolutamente todos, hemos de ajustarnos a la delicada situación económica que atravesamos y no debemos aprovecharnos de ella para sacar beneficio,  que es lo que con todo descaro pretende la Banca. Ella ha sido salvada con el dinero de todos, pero no quiere salvar a aquellos que no pueden hacer frente a los pagos de un contrato hipotecario, a pesar de saber desde el principio que sus intereses son abusivos y que el abuso se convierte en escandaloso cuando dichos intereses son debidamente incrementados por otros intereses también abusivos, denominados "intereses de demora".
En consecuancia la decisión del citado Juez, además de ser valiente, se ajusta perfectamente a derecho ya que obliga a la Banca a reclamar su deuda sin intereses de demora  y a través del procediiento ordinario imponiendo a la misma Banca las costas del procedimiento judicial. Este  Auto  demuestra, además, que la denominada Ley Hipotecaria esta absolutamente obsoleta por no tener para nada en cuenta los derechos que asisten a las personas y por favorecer hasta límites dificilmente imaginables para todo aquel que no la haya leído a las instituciones financieras en general y muy en particular a la Banca. 
Es cierto, no obstante, que siempre se deben respetar los derechos de propiedad consagrados en nuestra Constitución pero es que en ella existe también el derecho de disponer de una vivienda digna y así no se ve por parte alguna qué derecho deba prevalecer  caso de que entren en colisión. Es evidente que hasta el momento el derecho de propiedad prevalece sobre el de disponer de una vivienda propia. ¿A asunto de qué, vamos a ver? El Gobierno socialista presidido por el siempre soriente señor Zapatero - por cierto,  ¿sabe alguien de qué se reía este hombre?- hizo que  los españoles entregáramos 150.000 mill milones de euros a la Banca . Su sucesor, el misterioso, cauto, y que nunca se sabe si va o si viene  señor Rajoy, también concedió a la Banca, tanto notables subsidios como sabrosas prebendas  y ahora resulta que con refinada crueldad  ésta se vuelve hacia sus deudores exigiéndoles que le paguen hasta el último céntimo, se queda con sus viviendas y condena a los que ya no disponen de nada a ser deudores eternos. Me pregunto ante esta situación cómo pueden existir políticos que justifican este comportamiento invocando el derecho a la libre propiedad.
En la lejana época del Imperio romano los esclavos se compraban y vendían en el mercado correspondiente en el que eran subastados y otorgados al mejor postor pero en nuestra época basta con solicitar un crédito hiptecario sin la debida garantía, que siempre supera en valor al de la carga solicitada, para convertirse en esclavo. Sin embargo este esclavo moderno presenta una importante diferencia respecto al romano, ya que al menos éste tenía la vida asegurada porque, aún sin derechos,  sus dueños le daban alojamiento, comida y vestido. En cambio a estos "esclavos modernos" pletóricos de derechos no solo no  se les da absolutamente nada de eso, sino que en muchos casos se les quita ¿No os parece patética esta situación? ¿De qué sirven los derechos a esos españoles que  se mueren de hambre, viven "debajo de un puente" o en infectos cubículos, mientras banqueros y políticos ocupan lujosas mansiones o deambulan orgullosos y soberbios por los salones de  magnificos palacios como si fueran muertos vivientes?  En nuestro muy democrático país, Estado de Derecho por añadidura, hay muchas personas que no pueden comer todos los días prque tienen que pagar la abusiva hipoteca, pero lo único que parece preocupar a nuestras autoridades es el bendito derecho a la propiedad individual, sobre todo si es la Banca la titular de dicho derecho.  
Es cierto que existe un clamor popular exigiendo que se corrija tan injusta situación, pero como hasta ahora es únicamente un clamor lo más probable es que nuestro Gobierno se ponga un tapón en los oídos para no oirlo y asunto concluido. He decir que eso de taparse los oídos es un recurso al que acuden con frecuencia todos los gobiernos, ya sean de izquierdas o ya sean de derechas. En su tiempo se los tapó María Antonieta, Nicolas II o la emperatriz de la China y tiene  muchas ventajas, pero también tiene un importante inconveniente. No quiero que nadie piense de mí que soy un revolucionario, porque ciertamente no lo soy, ni otra cosa  por el estilo, de modo que voy a ilustrar mi anterior afirmación con un ejemplo y que cada uno saque las consecuencias que estime oportunas:
Un hombre caminaba por la vía del tren con los oídos tapados; no oyó por lo tanto el ruido del tren que se aproximaba; no se apartó en consecuencia de la  vía y al cabo resultó aplastado. ¿Quien tuvo la culpa? En realidad lo de la culpa no es importante si se compara con la tontería cometida por el hombre, porque vamos a ver ¿a quien en su sano juicio se le ocurre caminar por la via del tren con los oídos tapados? 
Pues a nuestro Gobierno, naturalmente. En circunstancias normales, éste  más bien va dentro el tren y así no corre peligro alguno a no ser que el tren descarrile, pero como ahora nuestras circunstancias no son normales el Gobierno español ha de caminar por la vía del tren, un  tren europeo en este caso y conducido por Ángela Merkel. 
Pues bien; si debido a estas circunstancias debe caminar por la vía del tren lo menos que se le puede pedir es que lo haga con los oídos muy abiertos. En el delicado tema de los desahaucios el clamor popular está claramente a favor de los desahauciados y en contra de la Banca. Si ésta se enfada, molesta o incomoda porque la obliguen a renunciar a intereses usurarios o si pone el grito en el cielo porque su enorme parque de pisos vacíos se pone al servicio de  los que carecen de techo debido precisamente a su codicia y a su usura, dos trabajos tendrá: el de enfadarse primero y el de amigarse después.
Que sí, señor Rajoy, que es así, hombre.
JUAN  

 
Activist Resources Blogs - BlogCatalog Blog Directory

blogarama.com Add to Technorati Favorites Blogalaxia

web indexing